Si algo es efímero, eso es una función de teatro. No importa si la misma obra, con el mismo elenco y en el mismo teatro, se repite una o más veces aun en el mismo día. Cada función es única e irrepetible y, consecuentemente, solamente los asistentes a la misma podían (uso el tiempo verbal con plena conciencia) tener idea de cómo había transitado.
Sin embargo, gracias a los enormes avances tecnológicos habidos en los últimos años, ahora ya es posible, por medio de las grabaciones correspondientes, revivir, rememorar y disfrutar lo acontecido. Acontecimientos verdaderamente memorables ocurridos treinta o más años atrás pueden traerse nuevamente a escena y, si no con toda la emoción de la representación en vivo, sí con bastante acierto acercarnos a conocer cómo fue que las cosas transcurrieron. Preservar esto, poder traer lo del pasado al presente, y garantizar que el presente sea conocido en el futuro, es la inmensa, maravillosa tarea de un archivo. Su inconmensurable importancia.
En materia operística, parte de esa extraordinaria función la cumple la Colección Memorias Sonoras del Palacio de Bellas Artes, que nos entrega ahora un fonograma de excepción que nos retrotrae a veinte de los años de la segunda mitad del siglo pasado, de 1970 1990 en términos generales, con grabaciones hechas en las funciones que, en la parte masculina, encabezara el tenor Alfonso Navarrete Fimbres, quien en esos años ostentó, sin discusión ninguna, la calificación de “Primer tenor de la ópera nacional”.
Una joya en dos discos es esta producción que estuvo a cargo del hombre que más sabe de esto en nuestro país, el maestro contratenor Héctor Sosa quien, como buen cantante, maestro y operópata, supo bucear entre miles de horas, papeles y recovecos para poder descubrir, escuchar, escoger, limpiar y masterizar las participaciones del tenor que hoy podemos volver a disfrutar y, las nuevas generaciones, conocer, descubrir y valorar.
Veintiséis son las arias y participaciones grupales incluidas en los dos discos que con una denominación escueta pero directa se presentan como ALFONSO NAVARRETE. Tenor, que recopila actuaciones que van del 19 de agosto de 1973 en Un baile de máscaras de Verdi en compañía de la gran soprano, también mexicana, Gilda Cruz-Romo, hasta el 23 de mayo de 1991 en que cantó por última vez esa misma ópera, entonces acompañado por la inolvidable Guillermina Higareda.
Los discos recogen, por supuesto, muchos otros momentos estelares entre los que se encuentran Sansón y Dalila de Saint-Saens de 1978, La favorita de Donizetti de 1980 en compañía de la estupenda mezzosoprano Mignon Dunn, Carmen de Bizet también en 1980, y Aida de Verdi de 1983, para sólo mencionar algunas.
Disco de colección, sin duda, propio para los grandes aficionados, pero también para aquellos que no lo son si bien quieren saber qué es eso que los aficionados admiramos y que se llama tenor.








