Compositor sinfónico por vocación y conservacionista por herencia paterna, el también director para el Mejoramiento del Zoológico “Miguel Álvarez del Toro”, escritor y colaborador de crítica musical en Proceso, Federico Álvarez del Toro (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1953) publica el libro ilustrado con un centenar de fotografías en blanco y negro Boca del Cielo. Soledad, pasión y ocaso (León de la Rosa Editores, 88 páginas).
Volumen que narra bioluminiscencias poéticas entre imágenes paradisíacas y erotismo tropical, Boca del Cielo. Soledad, pasión y ocaso “es el primer registro visual que se realiza sobre la vida cultural de una de las comunidades del mar, en la costa de Chiapas, un valioso testimonio sobre la actividad social ligada a la naturaleza, las aves migratorias y la vida salvaje”, a decir del doctor Partrick Burchfield, presidente del Consejo Internacional para la Conservación de los Santuarios del Mar.
Y según la canadiense Art Natura Borealis:
“El compositor Álvarez del Toro, convocando a la lente sensible de varios artistas, realiza un tributo a Boca del Cielo y la sensualidad del Pacífico. El uso del blanco y negro, un acierto estético y un reto para los fotógrafos.”
Dedicado a don Hilario Vázquez, “pescador de sueños”, el libro de 30 capítulos breves nos sumerge hacia la fantasía costera en mar abierto y el mágico estero de agua dulce Los Patos, en la isla de San Marcos, donde los padres de Álvarez del Toro alzaron la aurora de un refugio natural de tortugas laúd, golfina y toro, a partir del ejido y Centro Turístico Boca de Cielo, bautizado así por la familia de Dionicio Ramos Domínguez en los sesenta.
Las fotografías son de José Luis Aranda Nucamendi, Francisco Balboa, Maritza Cordero Bátiz, Cicerón Aguilar, Frankof, Carlos Montoya León, Eleasín Morales Montoya, Gerardo Cartas Heredia, Sonia de la Rosa y la familia Ramos Ulloa. Y las pinturas, de Miguel Álvarez del Toro, Leticia Yáñez, Martín Vázquez, Manuel Cunjamá y el autor.
La presentación es de Carlos Morales Vázquez, y el prólogo del poeta Roberto Chanona, quien al final de esta bien cuidada edición recoge el relato de viva voz del pescador Jesús Chu Vázquez, “La gran marejada” –sobre los estragos y leyendas que provocó el sismo del 7 de septiembre pasado en Boca del Cielo–. Lugar que, cita, “don Pedro Galindo llamó El Paraíso por la sensación de bienestar y su ruda belleza”.
Uno de los capítulos versa sobre la creación del Festival del Mar (Arte y Naturaleza al Cielo Abierto), y del Museo del Mar, a comienzos del nuevo siglo, para preservar la cultura del lugar.
Boca del cielo. Soledad, pasión y ocaso, fue coeditado con la Secretaría del Medio Ambiente e Historia Natural. l








