La técnica digital ha venido a trastocar géneros y apelativos de las industrias culturales; así, al hablar de narrativas audiovisuales, ya no importa el soporte en el cual se desplieguen, por tanto la diferencia entre lo que se considera cine, televisión, series, telenovelas, cuando pasan a internet, ha desaparecido.
Sin embargo, fuera del mundo digital siguen existiendo las salas para ver cine, los aparatos televisivos, además de premios, festivales y ferias que se denominan de esa manera.
El cruce de ambas esferas está dando lugar a extrañas mezclas. Ello viene al caso por el galardón que recibieron del Premio Iberoamericano de Cine Fénix, en un concurso originalmente de cine, las series Club de cuervos, en su segunda temporada, y Narcos, que tiene ya cuatro temporadas en su haber. Ambas fueron producidas para la compañía Netflix y difundidas en la red por medio del llamado streaming o flujo en vivo.
Lo anterior fue posible pues en ésta, su cuarta edición, los Premios Fénix incluyeron categorías para considerar el trabajo de las series televisivas, aunque en estricto sentido no son de televisión sino de internet. Sobresalió el productor Netflix; tanto el galardón para la mejor serie de comedia, como las preseas a mejor serie dramática y a mejor ensamble actoral, fueron para dos de sus producciones, una de ellas grabada en México y la otra en Colombia.
Debido a que el lenguaje original de los diálogos es el español, los angloparlantes tendrán que leer subtítulos, algo poco usual en el orbe del entretenimiento. Sin embargo Netflix es una productora internacional, con sede en Holanda, cuyo éxito le permite elaborar tanto productos banales, violentos, de terror como algunos referidos a problemas políticos y sociales. Los premios Fénix son para las producciones de Iberoamérica.
No es la primera vez que en el ámbito cinematográfico se distingue a una serie destinada a la televisión o a internet. Hace cuatro años los certámenes de cine han permitido la proyección en sus salas a las series. En Cannes en 2014 se vió Li’l Quinquin de Bruno Dumont; más recientemente dos capítulos de Top of the Lake de Jane Campion, y el episodio de apertura de Twin Peaks de David Lynch. En la Berlinale este año se creó el Drama Series Day, especial para este formato. Todo ello ha sucedido no sin polémica. Las leyes en Francia especifican claramente que las películas no pueden discurrir por internet ni la televisión antes de 36 meses de ser estrenadas en una sala de cine. Y los amantes del séptimo arte arguyen que no es lo mismo ver una obra en pantalla chica que en la grande.
En principio, los premios y festivales fueron creados para dar mayor visibilidad a los filmes de calidad; para servir de escaparate a intérpretes, directores y productores; para fomentar la creatividad en el cine. Hoy los parámetros de juicio sobre las cualidades de un filme se están modificando, toman en cuenta algunos de los criterios del mercado. Y la televisión produce básicamente para el consumidor masivo, las series también.








