Portero, músico y defensor de causas sociales

BUENOS AIRES.- Cada vez que el portero Nahuel Guzmán, parado como último hombre, en lugar de “reventar” la pelota hacia la tribuna, salía del área jugando, los aficionados de Newell’s Old Boys sentían que un halo de sudor frío les corría por la espalda.

El guardameta contaba con la confianza de Gerardo Martino, un mito vivo del club de Rosario. Era agosto de 2012 y el flamante técnico había delineado para su equipo un circuito de juego que nacía en los pies del arquero.

“Mi estilo parece arriesgado y, si algo me sale mal, entonces ‘Guzmán se mandó una cagada por ser así’. Ahora, si sale bien, son todos aplausos”, decía el portero en entrevista con el portal goal.com. “Es que, como hay tanta cautela, termina llamando la atención el querer jugar en otro terreno”, sostenía.

“Estuve en la tribuna medio campeonato escuchando los insultos, porque era realmente arriesgar, pero era lo que se le pedía”, cuenta a Proceso Jorge Guzmán, padre de Nahuel y con un largo pasado a cuestas bajo los tres palos.

“El respaldo de Martino lo ayudó a consolidarse en ese esquema. El resultado llegó en el torneo siguiente, en 2013, que salieron campeones jugando muy bien y marcando un estilo”, comenta.

Nahuel Guzmán juega adelantado, cumple ocasionalmente la función de líbero, distribuye el juego con pases al ras del césped. En su caso, el estilo se desprende con naturalidad por su historial futbolístico.

“Cuando peloteábamos en el campito, a él le gustaba atajar, revolcarse –cuenta su padre. Cuando llegó con seis o siete años al club Social Lux, el equipo ya tenía arquero, pero yo consideré que era una buena oportunidad para que él tuviera juego con los pies, y empezó a jugar como defensor.”

De todos modos, sobre el final de la práctica, Nahuel se sumaba al entrenamiento de porteros que conducía su padre. A los 13 años fue convocado por Newell’s. Jugó media temporada como marcador central. Después se probó en el puesto con el que ha conseguido cuatro campeonatos con los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) y también un lugar en la selección argentina.

Nacido en 1986, en Rosario, Nahuel Guzmán recibió un nombre mapuche, que significa jaguar. El portero, que también practicó basquetbol y artes marciales, mide 1,92 metros y calza 47 y medio.

Nahuel Guzmán se compromete de manera abierta con causas políticas y sociales. Durante años lució en su casaca un pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo. Se ha sumado a la causa del colectivo Ni una Menos contra la Violencia de Género. Su madre, Patricia Palomeque, es militante y lectora. Su padre, diseñador gráfico. Crítico de la última dictadura, identificado con la presidencia de Néstor Kirchner, Nahuel Guzmán considera que el gobierno de Mauricio Macri “perjudicó la capacidad laboral que tenía la gente en casi todo el país”.

El portero toca la armónica y acaba de publicar un cuento en Pelota de papel, una compilación en la que participaron otros futbolistas activos o en retiro.

“Son estas otras inquietudes las que hacen que él juegue como juega, que a algunos les puede parecer ‘canchero’ (arrogante), o que exagera –dice su padre. Para él este deporte superprofesional sigue siendo un juego, en el que hay reglas a respetar, pero que puede ser creativo.”

Nahuel Guzmán y Verónica Nochetto viven con su hijo, Agustín, de tres años. “Están muy cómodos en México, donde hay gente de una calidez y una mística singular. Nahuel intenta ir más allá de la postal con la que hoy se presentan los países y las ciudades. Los privilegios de ser un futbolista profesional también te pueden llevar a vivir en una burbuja”, dice el padre del portero.