Hvorostowsky y “El ángel exterminador”

Dimitri Hvorostowsky, el afamado barítono siberiano, murió el pasado 22 de noviembre en Londres, Inglaterra, víctima de un cáncer cerebral, después de dos años y medio de luchar contra la enfermedad.

El mundo entero lo llora pues era una estrella brillantísima en el firmamento operístico. Tenía sólo 55 años. En su país recibió el título honorífico de Artista del Pueblo ruso. Hvorostowsky era una de las voces rusas más populares.

Obtuvo también el premio BBC Cardiff Singer of the World en 1989, que le abrió las puertas de todos los teatros del mundo.

Se presentó en 2012 en el Palacio de Bellas Artes y en esta columna dimos cuenta de su recital. “Amo venir a México, es un público maravilloso”, declaró en aquella ocasión.  Sin duda, una pérdida irreparable, el mejor barítono de los últimos años.

El pasado 18 de Noviembre se transmitió desde el MET de Nueva York, en el Auditorio Nacional, la ópera The Exterminatin angel (El ángel exterminador) (1916) del compositor Thomas Adés (1971), quien fungió como director concertador, CON libreto en inglés de Tom Cairns.

Esta ópera está fielmente basada en la película homónima del cineasta español Luis Buñuel (1900-1983), filmada en 1962 en México, Con un muy envidiable equipo: Silvia Pinal, Enrique Rambal, Ofelia Guilmáin, Bertha Moss, José Babiera, Claudio Brook, Augusto Benedico, Jaqueline Andere, Luis Beristáin; productor: Gustavo Alatriste; fotografía, Gabriel Figueroa; musicalización, Raúl Lavista; guión, Luis Alcoriza y Luis Buñuel.

El argumento con tintes surrealistas, a muy grandes rasgos, trata de un matrimonio de clase acomodada y sus amigos que se reúnen a cenar en la mansión del primero. Y después de la velada no pueden, de manera inexplicable, salir de la casa durante varios días, durante los cuales uno de ellos muere, otros enferman. Y todos pasan hambre y sed. Los modales y la higiene se van perdiendo, se acumula la basura, las relaciones humanas se deterioran notablemente. Al final, también inexplicablemente, la puerta se abre y pueden salir.

La ópera que nos ocupa se estrenó el año pasado en el famoso Festival de Salzburgo. Fue comisionada por dicho evento, el Covent Garden de Londres, la Ópera de Copenhague y el MET de Nueva York, el estreno en éste fue apenas en octubre pasado con dirección escénica del propio libretista, Tom Cairns.

La música que estrictamente hablando es contemporánea resulta, al contrario de otras óperas actuales, bastante digerible; un lenguaje sonoro no del todo desvinculado de la tradición operística. Thomas Adés no buscó crear un lenguaje nuevo sino actualizar el existente. Abusó cruelmente, eso sí, de los sobreagudos de la soprano, y la manera de manejar las voces quizá no sea la más adecuada. La orquestación es brillantísima, imaginativa: uso de un tipo de sintetizador electrónico, tal vez el Theremin en la orquesta, etc. El manejo coral, estupendo. Nuestra admiración y respeto a todos los intérpretes y al coro por su impecable actuación y canto, un encomiable y titánico esfuerzo.

La ópera en tres actos resulta un poco larga: casi tres horas, algo pesada. Habrá que ver si se afianza en el repertorio habitual del público de este género.