“Nada siempre, todo nunca”

El Colectivo Macramé nos sorprende con su obra teatral Nada siempre, todo nunca, donde el hilo conductor es la idea del tiempo: ¿Se puede detener el tiempo? ¿Para qué queremos hacerlo? ¿Nos pertenece o se nos impone inexorablemente?

Para romper la convención del tiempo, la primera propuesta de Nada siempre, todo nunca –dirigida y escrita por Mariana Gándara y creada por el Colectivo– es cambiar las manecillas del reloj (que ahora se traduciría en cambiar la hora en nuestro celular) y así quitarle al tiempo una hora y media, que es lo que durará la obra, para transitar en él sin prisa y sintiendo que vivimos un tiempo detenido que no se encuentra en ningún lugar más que en ese instante escénico, en el cual conviviremos actrices y público.

Desde que estamos afuera esperando la entrada, las palabras nos invitan y nos hablan de tú a través de una pantalla; nos entregan un programa de mano que es un calendario anual, cuyo contenido consiste en juegos, acciones y ejercicios con los que el Colectivo trabajó para crear esta obra. Nada siempre, todo nunca es una provocación; una tergiversación de las convenciones, donde el público pasa a formar parte de la puesta en escena. Qué más claro que mantenernos en un inicio en el foro observando a las siete actrices bailar una pieza de rock esparcidas entre las butacas.

La resistencia a participar como obligatoriedad se va diluyendo y nos involucramos sin que nos demos cuenta en ese escribir un listado de nuestras necesidades, para después diferenciarlas de nuestros deseos. La percepción cambia y el deseo se apodera de la intención. Las acciones del público se integran a lo que las actrices nos quieren decir y mostrar. No hay personajes complejos, sino mujeres expresando su sentir. Es honesta y sencilla la propuesta de contenidos y puede elevarse a paisajes existenciales que nos hacen reflexionar.

Recogemos pensamientos que nos llevan al juego lúdico, como la idea de que “hubo un tiempo en el que no existía la erosión y éramos posibilidades…”, y en esa posibilidad transitan las siete actrices; frente al micrófono, una rememora todo lo que quisiera que vuelva; otra expresa la sensación de inutilidad; alguien revive aquel lugar en donde fue tierra, y otra más se vuelve esa casa de la que asoma su cabeza y nos habla de los que la habitan. La necesidad se convierte en deseo y algo poderoso trasciende la cotidianidad: “Con el sudor de mi frente regaré los frutos de mi anhelo”.

Nada siempre, todo nunca es una obra interactiva y multidisciplinaria con coreografía de Mariana Arteaga, iluminación de Natalia Sedano e idea original del Colectivo Macramé, conformado por Aura Arreola, Ana Valeria Becerril, Regina Flores Ribot, Alma Gutiérrez, Abril Pinedo, Miriam Romero y Mariana Villegas. Juntas nos contagian esa alegría para vivir y hacer teatro a pesar del desencanto. Nada siempre, todo nunca estrenó este año en el Cine Tonalá e inicia temporada en el Teatro Santa Catarina. Al final de la obra, brindamos y bailamos sintiéndonos parte de algo. Los espectadores nos miramos y nos hablamos de tú; y ellas, el equipo, festejan haber trabajado en conjunto una propuesta creativa que divierte y nos hace salir del aislamiento para convertir el hecho teatral en un acto efectivamente colectivo