El historiador y ensayista político Enrique Semo Calev, colaborador de este semanario, considera que la Revolución Rusa de 1917 fue el inicio “del más grande experimento para crear una sociedad socialista” y alcanzó varios logros para las clases trabajadoras:
“Es impresionante que en treinta años, millones de campesinos analfabetos se transformaron en obreros industriales, ingenieros, dirigentes de fábricas, que la mujer soviética obtuviera una cantidad de beneficios que apuntaban hacia la igualdad.”
Y afirma, frente a quienes sostuvieron que durante la Guerra Fría se enfrentaban dos potencias imperialistas: Estados Unidos, del lado capitalista, y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), del socialista:
“La Unión de Repúblicas nunca fue un imperio, como se dice. Rusia ayudaba a las demás repúblicas y el nivel de salarios era igual en Uzbekistán que en Moscú. Sin embargo, no es el único socialismo posible y hubo grandes errores.”
Menciona, entre ellos, el haber permitido la existencia de una segunda economía, que fue ilegal, “una economía negra”, en la cual trabajó mucha gente para hacer productos que hacían falta. Luego, la burocracia, que no tuvo realmente un espíritu socialista, y al final los errores de Mijail Gorbachov y Boris Yeltsin, quienes enterraron a la URSS.
Sobre la crítica de que la llegada misma de José Stalin (quien ocupó el poder desde 1922 hasta 1952) marcó ya un camino errado para el país soviético, dice el también economista nacido en Bulgaria en 1930, quien llegó a nuestro país en 1942 con su familia perseguida por el fascismo:
“Stalin es una figura variopinta, cometió verdaderos crímenes, tanto dentro del partido Comunista de la Unión Soviética como fuera, y los Gulags (campos de trabajo forzado) son una creación de él. Al mismo tiempo fue el ingeniero de los dos grandes desarrollos quinquenales de 1928-1932 y 1937, que industrializaron la URSS y le permitieron ganar la Segunda Guerra Mundial. Porque quiero dejar en claro que la destrucción de la máquina militar perfecta de Alemania, fue una hechura del Ejército Rojo.”
Se le pregunta a Semo si luego de la actual fase del capitalismo se puede vislumbrar la caída del sistema como lo planteó el filósofo alemán Karl Marx. Explica que para competir con los logros de los obreros soviéticos, la social-democracia occidental creó un Estado de bienestar social, y a la caída de la URSS en 1991, incluso desde antes, declinó ese Estado de bienestar y dio paso al mundo de la desigualdad:
“¡Nunca había existido tanta desigualdad, como hoy! El fracaso de la Unión Soviética, su terrible desaparición, y los sufrimientos que conllevó, son una derrota más del movimiento socialista y comunista, como muchos más anteriores que sería largo enumerar. Pero ésta es la historia de los trabajadores: Luchan y son derrotados, luchan y vuelven a ser derrotados.
“Estoy seguro de que habrá nuevos ensayos de fundar el socialismo, pero no será asunto de 10 o 20 años, sino posiblemente de un siglo. La transición a un nuevo sistema será paulatina, muy diferente en cada país. Ya apuntan nuevos movimientos, pienso en Podemos en España, en los gobiernos progresistas que hubo desde 1990 en América Latina, las luchas en Grecia, la Primavera Árabe de 2012. Son la demostración de que renace la lucha.”
–¿Es decir que mientras haya injusticia, habrá lucha social y puede desencadenar en un nuevo socialismo?
–¡Exactamente! El nuevo socialismo no se parecería mucho al que hubo en la Unión Soviética, sería diferente, propio a nuestros tiempos, pero la URSS es un gran ensayo
–como diría un director de teatro–, el ensayo final para un socialismo democrático, de cara humana, de solidaridad humana.
–¿Qué papel puede jugar China que se presenta como un país comunista y es capitalista?
–China sintió en los años setenta los mismos impulsos de la URSS, es decir una especie de parálisis económica, el modelo inicial se estaba agotando y también tuvo grandes problemas sociales y económicos. Y optó por un camino muy diferente: la introducción del mercado mundial pero no a la manera del famoso economista Jeffrey Sachs, que hizo estragos en Rusia, sino de forma paulatina, abriendo partes de China sin abrirse completamente.
“Ahorita tenemos en China un periodo de capitalismo salvaje, de acumulación de capital a toda costa, hay muchos sufrimientos para la clase obrera, para los campesinos, y al mismo tiempo éxitos económicos que elevan a China de un país subdesarrollado a una gran potencia industrial, con la informática más moderna, a un ritmo vertiginoso, 10 o 9% anual. Ya quisiéramos nosotros la mitad, estaríamos muy felices, ¿verdad?”
Agrega que el Partido Comunista Chino se ha mantenido en el poder y plantea que este capitalismo salvaje es sólo una etapa y vendrá después el socialismo, “podría ser, pero por ahora –subraya– hay una lucha para dar al país su orientación definitiva que no se ve en la superficie porque los éxitos económicos son tales que nadie quiere abandonarlos”.
El historiador, quien fue secretario de Cultura de la Ciudad de México, durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), lamenta que mientras en otras partes del mundo comienzan a delinearse posibles movimientos postcapitalistas, en nuestro país hayan desaparecido los partidos de orientación socialista:
“En México esa corriente ha sufrido una derrota terminal. Hay que comenzar de nuevo, lo grave es que la izquierda ha quedado sin ideología, pragmática a más no poder, cortoplacista, se lucha a corto plazo, de elección en elección, sin visión del país, eso es una lástima.”
Y aprovecha para manifestar su apoyo al político tabasqueño, con quien ha colaborado desde hace más de una década:
“Creo que en 2018 tenemos, con la candidatura de AMLO, una posibilidad muy grande de avanzar y claro, yo lo apoyo.”
–Al margen de los partidos, en México sí hay gente de izquierda, ¿no?
–Sí, y en Morena hay miles de gentes de izquierda que no quieren beneficios personales, quieren el cambio en el país.








