La Revolución Rusa, modelo a imitar: Aguirre Rojas

La Revolución Rusa –que estos días cumple su primer centenario–, cambió “para siempre y sin retorno” el destino histórico de Rusia. La toma del Palacio de Invierno por los bolcheviques y el desmoronamiento del imperio zarista fueron referente obligado durante la primera década bajo el liderazgo de Lenin. Y aun cuando tuvo sus extravíos bajo el prolongado periodo de Stalin, esa revolución inspiró infinidad de movimientos sociales antiimperialistas, nacionalistas y socialistas. Los historiadores Carlos Aguirre Rojas y Enrique Semo comentan a Proceso el significado planetario de esa singular forma de construir el primer Estado Obrero y esbozan posibles nuevos intentos de reivindicar el socialismo.

Al plantearse un análisis sobre la Revolución Rusa de 1917, el economista e historiador Carlos Antonio Aguirre Rojas trae a la mente una visita oficial del presidente Richard Nixon a China, donde Henry Kissinger le pregunta a Chou En-Lai, cuáles eran –en su opinión– los impactos históricos de la Revolución francesa. El jefe de gobierno chino le respondió: “tal vez es aún demasiado pronto para poder evaluarlos”.

Más allá de la precisión de la anécdota, para el académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, Premio Universidad Nacional 2013, quizá sea pronto para evaluar la Revolución Rusa pues apenas está cumpliendo un siglo, y sin embargo, como la francesa de 1789, posee un “significado histórico-universal” y “un evidente carácter modélico ejemplar”.

En entrevista por correo electrónico, el también sociólogo, posdoctorado en la École des Hautes Études en Sciences Sociales, de París, Francia, responde qué tan fuerte ha sido el impacto universal:

“Es enorme. La Revolución Rusa inspiró a todas las grandes revoluciones sociales del mundo en el siglo XX, hasta 1989. Además, Rusia dirigió la Tercera Internacional Comunista (fundada en 1919) hasta la Segunda Guerra mundial, y a través de ella, a todos los Partidos Comunistas del mundo entero”.

En su ensayo “La Revolución Rusa en el espejo de la larga duración”, entregado a esta redacción, Aguirre Rojas sostiene que han habido grandes revoluciones sociales, pero con impactos solamente nacionales o regionales, incluso continentales, pero ninguna como la francesa o la Rusa, con presencia “realmente planetaria” y “una permanencia y vigencia mucho más prolongada y extendida”.

Y si la Revolución francesa influyó en el siglo XIX (que él para fines históricos ubica de 1789 hasta 1914-1917), en el XX (para él de 1914-17 a 1989-94), es la Rusa la que se convierte en un referente de las revoluciones sociales antiimperialistas, nacionalistas o socialistas de todo el globo terráqueo.

–¿Cuál considera que es su principal aportación?

–Es múltiple. En el plano práctico, su aporte es haber sido la primera experiencia práctica y teórica realizada a nivel nacional, que intentó construir una sociedad no capitalista en la historia humana. En ese sentido, sus aportes son varios y siguen siendo válidos, por ejemplo, en cómo construir una economía no regida por la lógica de la ganancia y de la acumulación del capital, crear una sociedad sin clases sociales, una cultura no jerárquica y no mercantilizada, y crear una forma moderna del autogobierno popular.

Agrega que, a nivel simbólico, además de haber sido referente para todas las revoluciones, incluidas las latinoamericanas, como la cubana, nicaragüense o salvadoreña, su aporte “a nivel teórico es importante en el campo de la teoría política moderna y de la teoría de la revolución actual.”

Se le pregunta si hay alguna relación entre la Revolución Rusa y la mexicana. Considera que no y dice que Vladimir Ilich Lenin nunca citó a la nuestra, tampoco hay ninguna huella importante del impacto de ésta en la de 1917, la cual tiene sus antecedentes en la misma Rusia de 1905 y la Comuna de París.

Agrega que ambos movimientos se “distinguen profundamente en su esencia. La mexicana es una revolución democrático-burguesa, hecha por la burguesía mexicana. Por eso los sectores populares representados por Zapata y Villa son al final marginados, reprimidos y asesinados, pues no son compatibles con la naturaleza burguesa de Madero, Carranza, Obregón y Calles.

“En cambio, la revolución de octubre es explícitamente un intento de revolución socialista, anti burguesa y anticapitalista, aunque bajo Stalin este proyecto involucione y fracase.”

No es importante que coincidan en el hecho de que ambas triunfaron, llegaron al poder, duraron varias décadas y traicionaron su origen, pues “su naturaleza es esencialmente diversa”.

Triunfos y fracasos

El historiador añade que la idea “demasiado pronto para evaluarla” es meramente una referencia literaria. Para enjuiciar ese gran movimiento del siglo XX adecuadamente hay que distinguir su etapa con Lenin y el periodo de José Stalin:

“Con Lenin es la verdadera Revolución Rusa que dura sólo 10 años, entre 1917 y 1927, y bajo Stalin es la contrarrevolución que destruye a la primera y crea una Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que era sólo un potente capitalismo de Estado ruso. Y lo que se llamó socialismo real, que sí fracasó, pero fracasó por asumir que era posible crear el comunismo sólo a escala nacional y no universal, lo que contradecía lo planteado por Carlos Marx y también por Lenin.”

En su texto publicado en El Viejo Topo, de Barcelona, España, sostiene el investigador que a cien años de octubre de 1917 no parece existir una nueva revolución que sea un paradigma o modelo histórico universal, como la rusa. En su opinión, sin embargo, una nueva forma de hacer revolución social, “genuinamente anticapitalista y antisistémica” se encuentra en “la rica y compleja experiencia del movimiento neozapatista mexicano”, al cual atribuye una irradiación y atención planetaria, permanente y creciente.

–Habla de la historia y el presente, cita incluso a Marc Bloch para quien no existe el presente. ¿Afirma que la revolución social no se ha cumplido y podría volver a intentarse un movimiento, entre quienes no han alcanzado justicia?

–Sí, es cierto. Todavía no se ha logrado construir una revolución anticapitalista que realmente triunfe y elimine al capitalismo totalmente a escala mundial, porque el único modo de vencer al capitalismo es a nivel mundial. Eso hace que el “socialismo en un solo país” que defendió Stalin sea imposible y absurdo (es lo que parecen defender ahora los gobiernos llamados progresistas de América Latina). Así que la revolución realmente anticapitalista no sólo se puede intentar otra vez sino que se debe intentar otra vez y de hecho se sigue intentando por muchos movimientos en el mundo entero, por ejemplo, algunas de las revoluciones de 2011 en muchas partes del mundo, pero también el neozapatismo, o algunos sectores del movimiento mapuche.

–El EZLN se levantó hace veintitrés años y no ha logrado ser nacional, ni siquiera estatal. ¿Cómo podría generar un cambio como aquella de 1917?

–Ése es su proyecto explícito al futuro… Veremos si lo logran o no (yo creo que sí lo lograrán), pero sólo lo sabremos en los próximos años, muy pronto… “todavía falta lo que falta”, como dicen los compañeros.

Opina que la Revolución Rusa fracasó y triunfó al mismo tiempo. Fracasó en el objetivo general, “que era un objetivo enorme y fundamental, de destruir radicalmente el capitalismo, primero en Rusia y luego en todo el mundo, para en su lugar edificar una nueva sociedad comunista sin explotación económica, sin clases sociales ni desigualdad social, sin Estado, y sin jerarquías ni discriminaciones culturales o sociales de ningún tipo. En alcanzar este magno objetivo anticapitalista autoasignado, la Revolución Rusa no tuvo éxito.

“Pero en cambio esa revolución significó un inmenso triunfo, tanto en lo que se refiere a cambiar positivamente el destino y el papel histórico de Rusia en el mundo, durante el breve siglo XX, como también respecto de la ya evocada función de paradigma o modelo que ella jugó para todas las grandes revoluciones sociales posteriores a 1917 y anteriores a 1989 y 1994”.

No le cabe duda al especialista, discípulo de Fernand Braudel, que el gran triunfo de ese centenario levantamiento es haber cambiado “para siempre y sin retorno” el destino histórico de Rusia, que gracias a esa revolución “pudo modernizarse, urbanizarse, industrializarse, alfabetizarse integralmente y desplegar un excepcional desarrollo social, político y cultural de toda su población, lo que le permitió, entre muchas otras cosas, lanzar un hombre al espacio antes que ninguna otra nación. A la vez que acumulaba el segundo arsenal militar del planeta y se convertía en la segunda superpotencia del mundo, compitiendo en condiciones de igualdad con Estados Unidos en los más diversos campos económicos, sociales, políticos y culturales, pero también deportivos, científicos, artísticos, de la carrera espacial o hasta del ajedrez mundial”.