“Battlefield” de Peter Brook

Un poema épico, un libro sagrado, una historia de tribus en guerra con simbolos trascendentales sobre la vida y la muerte para la cultura hindú, es  lo que el Mahabarata nos muestra y que Peter Brook tradujo a la escena hace más de treinta años.

Ahora, en una adaptación sintética de aquella propuesta magnánime que marcó el teatro del siglo XX, se presenta en diferentes partes del mundo dese hace dos años, la obra Battlefield, de la cual se dio un par de funciones en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris la semana pasada.

“Campo de batalla” –que sería la traducción y el nombre correcto para la obra– parte del texto escrito por Jean-Claude Carrière y adaptado por Peter Brook y la codirectora Marie-Hélène Estienne –con la cual éste lleva trabajando casi cuatro décadas, es responsable de llevar el repertorio y las obras de Brook a sus 92 años.

El libro del Mahabarata se refiere a la guerra entre dos familias por la sucesión al trono: los Pandavas y los Koravas. Está situada hacia el año 3103 A. C., fecha que concuerda con el inicio del “Kali Yuga” o edad sombría. “Campo de batalla” se concentra en los sucesos posteriores al triunfo de los Pandavas, cuando el nuevo rey se rehúsa a gobernar. Se ganó el combate pero en realidad se perdió todo. Vencidos y vencedores tienen infinidad de guerreros muertos, devastada la población, y con el dolor de la muerte, se tiene que afrontar la reconstrucción.

Ambos bandos son familia, criados por un mismo tío peleando desde pequeños. El vencedor pregunta a los sabios, y sus respuestas nos remiten a una etapa oscura y triste aunque impregnada de esperanza. Las historias están llenas de mitos, fábulas y alegorías, narraciones tribales en las que reina la magia en el imaginario colectivo.

La puesta en escena traduce la mitología del Mahabarata en el acto de contar historias, y sostiene el concepto emblemático del “espacio vacío” que Peter Brook acunó, considerando que el espacio escénico se crea con lo que el actor vive y ve, para transmitirlo al espectador. Los actores se imponen con una brillante presencia escénica; una de las mayores cualidades de la propuesta.

La pobrísima iluminación, casi luz general, sin claroscuros, plana y sin la mínima provocación de atmósferas, se sucede al acto discursivo frontal y disperso aunque, eso sí, lleno de poesía. Las bellas narraciones que interpretan los cuatro actores son acompañadas por el tambor en vivo que intenta dar ritmo y mística a la obra. La sonoridad del excelente músico y compositor Toshi Tsuchitori, que lleva trabajando 40 años con Peter Brook, toca la emoción y nos conduce, a través de las palabras, de manera suave y sorpresiva a la vez.

Se resiente la orfandad que va dejando Brook a pesar de la fuerza escénica de los actores y a los cuales hemos podido ver en nuestro país en obras como El traje, en el Teatro Jímenez Rueda, La flauta mágica en el 2011 y El valle del asombro en el Festival Cervantino hace un par de años.

“Campo de batalla” enfatiza la esencia del teatro y nos cuenta historias con un mínimo de recursos. El Mahabarata de 1985, en contraste, duraba 9 horas y requirió 250 toneladas de arena, 140 toneladas de arcilla y 360 metros cuadrados de espacio escénico.  Su épica y trascendencia no se puede recuperar, pero, a través de esta representación nos acercamos a los principios fundamentales de Peter Brook, maestro fundamental de la escena contemporánea.