Demanda que la sociedad se organice al margen de los políticos

Señor director:

Más que una sorpresa, fue un firme asidero la coincidencia de ideas: me refiero a la portada del número 2134 de Proceso y el texto que el pasado viernes 22 envié a un marino mercante que se ha manifestado en contra de que las capitanías de puerto hayan pasado a la Secretaría de Marina, pero que reconoce la labor de los infantes de marina y del Ejército en las labores de rescate.

Por ello agradeceré la publicación en Palabra de Lector de la carta enviada al capitán Ysmael García Muñoz, secretario general de la Orden de Capitanes y Pilotos Navales de la República Mexicana.

En mi opinión, con la farsa de la niña del colegio Rébsamen sucedió lo mismo que con el niño Monchito en el sismo del 85: las autoridades gubernamentales de los tres niveles se vieron rebasadas por la extraordinaria reacción de la sociedad civil, que sin convocatoria acudió en forma civilizada al auxilio de las víctimas.

El gobierno sin plan, vocación de servicio ni voluntad política no supo qué hacer ante el pavor que le provocó la organización del pueblo; sólo hizo lo mismo de siempre: mentir.

¿Qué nos queda de todo esto? La respuesta es: organizarnos pero sin gobierno ni partidos, mucho menos con “políticos”.

El “modelito económico” que nos endilgan los dueños del poder económico mundial y que mantiene como peleles a nuestros “gobernantes”, tiene una premisa de origen francés que popularizó el padre de la economía moderna, Adam Smith, con su principal obra, La riqueza de las naciones (1776): “Dejar hacer, dejar pasar, que la suma de los egoísmos regulen el desarrollo de la economía… y en este contexto, las regulaciones sociales resultan poco deseables”, afirmaba el escocés.

Habrá que señalar que la sociedad ha rebasado a todas las instituciones desde 1985: partidos políticos, sindicatos, iglesias, gobiernos… Es decir, todo lo establecido que bajo el modelo neoliberal ha probado plenamente que no funciona.

La respuesta es la organización, insisto. Ciertamente habrá que organizarse con mayor inteligencia y preparación en el poco tiempo que tenemos antes de perder completamente el país.

Por lo pronto, cada vez que veamos a un infante de marina o miembro del Ejército, a un rescatista, voluntario, doctor o enfermera que hayan participado en los salvamentos, saludarlo con mucho respeto y manifestar nuestro más profundo agradecimiento por sus enormes esfuerzos para rescatar a las víctimas en los recientes trágicos sucesos.

Porque para rescatar a México necesitamos a mexicanos como ellos.

Atentamente,

Raúl Hernández Rivera