Cinco mujeres se lanzan a intentar modificar la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano durante la Revolución francesa. Quieren ser incluidas como mujeres y que se respeten sus derechos. Las Reinas Chulas se trasladan a ese tiempo, y desde una panorámica decimonónica hablan del presente para reír de lo que sigue sin cambiar y demostrar la misoginia en ámbitos insospechados.
Se trata de Las miserables, parodia a Los miserables de Víctor Hugo (1862), aunque en realidad el grupo inventa su propia historia. Desde el cabaret se ríe, se canta, y divierten las asociaciones, las ironías y la sátira que estas cinco mujeres desarrollan en este espectáculo deslumbrante y demoledor. No se ocultan las consignas, no se cubre la evidencia de la desigualdad y ni siquiera se matiza. En la Revolución Francesa las mujeres también están hartas, como ahora, de que se les mate, se les ignore y se les margine en cuestiones tan importantes como una Constitución; la de esa época, la de la Ciudad de México y la de cualquier otra donde ni se les ocurre plantear la equidad de género.
Las estructura de la obra de cabaret se sostiene con un hilo conductor enriquecido con un sin fin de variaciones, improvisaciones y analogías, que ocurren mientras los personajes se esconden en un edificio y en el exterior se recrudece la revolución.
Las miserables, que cerró su segunda temporada en el Teatro Sor Juana de la UNAM, es un trabajo sólido y libre, contundente y desparpajado donde, en la madurez de su proceso creativo, las Reinas Chulas se permiten toda clase de juegos verbales y sexuales, asociaciones políticas, lúdicas y de todos colores. No hay pudor y sí mucho humor, cinismo y atrevimiento de hablar las cosas como son. Tal es el caso de la intervención de dos mujeres “ñeras” policías –visión de las mujeres del futuro–, que aleccionan a los espectadores respecto a la “mensoginia” de los chistes en la televisión comercial, de la que muchos se ríen y por lo que los reprenden.
La época y el lugar les proporciona a las Reinas Chulas moverse dentro de la estética del romanticismo, grandes pelucas con peinados rimbombantes, vestidos lustrosos, corsés, neglillés y movimientos estilizados que contrastan con el desmadre que arman. Utilizan palabras en francés, sin ton ni son, para dar sonoridad a las canciones, provocando grandes carcajadas –queso brie, fuagrás, bubulubu, bulebu-cuché-avecmuá-sesuá–, y tantas otras que sólo pintan sin significar.
A lo largo de Las miserables conocemos a cada uno de los personajes: Marie Clare (Ana Francis Mor), Maní Curie (Nora Huertas), Cossete (Cecilia Sotres), Pedí Curie (Marisol Gasé), y La Criada (Fernanda Tapia y Mercedes Hernández alternando). Sus amores, infidelidades, secretos e intereses. Verdades que se develan con recursos ingeniosos como el juego de cómo sabías tú que… que salta de uno a otro personaje, hasta dar la vuelta completa. La criada contrapuntea a estas mujeres de la burguesía consciente y cuestiona su relación. Acompaña a la obra la música en vivo con el piano de Yurief Nieves que conduce los bailes y las piezas musicales, inspiradas en canciones del musical de Broadway y otras más.
Las miserables es un espectáculo regocijante y cuestionador de la misoginia actual. La risa y el divertimento mezclados con la crítica dan como resultado esta exhuberante obra, que en un futuro podrá disfrutarse en el Teatro Bar el Vicio.








