Catedrática por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, la historiadora Patricia Montoya Rivero considera a Josefa, el musical de México, de José Dolores González Ortiz, “una obra interesante y divertida, con una música y una coreografía atractivas”; aunque ciertas escenas y personajes no se ciñen a los sucesos verdaderos.
Tras asistir al Teatro Hidalgo “Ignacio Retes” del IMSS donde admiró el espectáculo, la experta en el movimiento independentista elogia el montaje dirigido por Edgar Cañas, y la producción general de Juan Torres. No obstante, “el único aspecto negativo” para la autora de “Diversas miradas en torno a La Corregidora” (revista Fuentes humanísticas año 23, número 42, UAM-Azcapotzalco, primer semestre 2011), sería “que los asistentes al musical creyeran que lo que se presenta está apegado a la investigación histórica”.
Sin pretender censurar “la representación dramática”, opina que existen “algunos errores históricos que se hacen patentes” y “se le han agregado en la narrativa otros aspectos realmente ficticios”. Por ejemplo:
“En la obra de teatro de José Dolores González Ortiz, sale como uno de los principales protagonistas de la misma un inquisidor (que personifica el actor Manuel Landeta). Nunca se menciona su nombre. Viene a representar el poder de la Iglesia católica. Sin embargo, se sabe que la influencia de la Inquisición empezó a decaer a partir de la llegada de los Borbón al trono español, y que de 1812 a 1814 prácticamente quedó disuelta. La Inquisición es mostrada como una temible institución que castigaba a diestro y siniestro, con lo que el mito inquisitorial se continúa.”
En cambio, “sí fueron juzgados por el Tribunal del Santo Oficio los sacerdotes José María Morelos y Miguel Hidalgo, quienes recibieron el castigo de la degradación de los órdenes sagrados, y les aplicaron la pena de muerte los tribunales militares por haberse sublevado contra la Corona, no por faltas contra la religión. Quien excomulgó a Hidalgo no fue la Inquisición, sino el obispo de Michoacán, Manuel Abad y Queipo”.
Verdades tras bambalinas
En términos generales, según Patricia Montoya Rivero, la historia planteada en el musical corresponde a los datos que expone Gabriel Agraz García de Alba, “quien posee la biografía mejor documentada sobre La Corregidora”: Los corregidores Don Miguel Domínguez y Doña María Josefa Ortiz y el inicio de la Independencia (edición del autor, México, 1992).
No obstante, el papel protagónico que se le otorga en la puesta en escena no corresponde a lo poco que conocemos acerca de la heroína, interpretada por Jimena Parés.
“Como mujer insurgente apoyó la conspiración y a los primeros insurgentes, pero no lideró el movimiento. Nunca nombró a Joaquín Arias (el actor Lalo Partida) ni a ningún otro oficial para que, una vez descubierta la conspiración y levantados en armas los primeros insurrectos, acaudillara a los insurgentes en Querétaro ni en ningún otro lugar. Tampoco planeaba organizar un ejército de mujeres en apoyo del movimiento independentista…”
En la narrativa del musical, después de descubierta la conspiración y el levantamiento de Hidalgo, aparentemente doña Josefa fue recluida hasta el año de 1814, en tanto ella dirigía la resistencia insurgente y apoyaba a los rebeldes (“La Corregidora de la obra se entrevista con José María Morelos en el ínter, pero este hecho nunca sucedió”).
Se sabe, prosigue Montoya, que al ser descubierta la conspiración y ocurrir el levantamiento, “y ser denunciada por el capitán Arias, se le encerró en el convento de Santa Clara; posteriormente a instancias de Calleja y debido a una acusación de Mariano Beristain y Souza, fue conducida a la Ciudad de México, se le confinó en el convento de Santa Teresa y después, en el de Santa Catarina de Siena, donde permaneció presa durante tres años”.
Acerca de Beristain y Souza (personificado como “el señorito Beristzin” por Manuel Corta), Patricia Montoya Rivero expone:
“Creador de la Biblioteca Hispanoamericana Septentrional, destacado doctor en Teología, orador, literato, poeta y bibliófilo que había sido rector del Colegio de San Pedro, y ocupaba el cargo de canónigo, arcediano y deán de la Catedral Metropolitana; secretario de Cámara y Gobierno del Arzobispado y visitador extraordinario de éste, en 1813 Beristain fue enviado por Calleja para supervisar las votaciones a regidores del Ayuntamiento, y entonces fue cuando conoció a Josefa, advirtiendo de su peligrosidad al virrey.
“En el musical nunca se explica quién era el doctor Beristain, sólo aparece como un burócrata de segunda, corrupto en su trabajo de verificación de las elecciones, además de que, para hacer gracioso al personaje, lo presentan como si hubiese sido gay, situación que no está documentada.”
Beristain y Souza, dice, “había sido enviado por el virrey Calleja para verificar las elecciones de renovación del Ayuntamiento. Fue entonces cuando a La Corregidora se le trasladó a la capital del virreinato”, y en ese lapso “no se sabe que doña Josefa hubiese organizado a la población queretana para que asistiera a las a votaciones, ni por el Ayuntamiento ni por los diputados a Cortes españolas en 1820”. Además, “en la obra pareciera que las elecciones se hacían a través de sufragio universal, cuando se sabe que no votaban ni las mujeres, ni los esclavos, y el voto masculino era censitario”.
En 1816 Josefa recibió una sentencia por cuatro años de reclusión, “pero al siguiente año sería liberada en virtud del indulto otorgado por el virrey Juan Ruiz de Apodaca, lo cual tampoco queda claro en la representación”.
En la pieza, el capitán Joaquín Arias aparece como el único delator de los conspiradores ante el virrey Calleja; la historiadora dice:
“Sabemos que aquel militar, primero realista y después insurgente, tuvo temor de levantarse en armas, por lo que al ser descubierta la conspiración se denunció a sí mismo ante el alcalde de Querétaro Juan Ochoa (el actor Adrián Pola), a quien entregó las cartas que había recibido de Ignacio Allende y Miguel Hidalgo; las autoridades virreinales no le pagaron en efectivo su delación, sino con su libertad. Pasado este primer momento, se unió a los insurgentes en Celaya y murió al lado de Allende e Hidalgo en 1811, lo que tampoco aparece en la obra.”
Quien delató ante la autoridad virreinal “tanto a Domínguez como a Ortiz fue Juan Ochoa, en una misiva enviada al virrey Venegas el 11 de septiembre de 1810, lo que obligó al Corregidor a catear la casa de Epigmenio y Emeterio González (Óscar Ugalde/Camila Martínez) y a tomarlos presos por las armas que encontraron en su negocio”.
Y en alusión al contenido anacrónico de la pieza “México”, tema de máxima excelsitud patriótica de este musical dirigido por Edgar Cañas (¡Viva América libre, asesinos! ¡Muera la Santa Inquisición! La Nueva España no seremos más, nos llamaremos ¡Mé-xii-cooo!), la historiadora suma:
“El nombre de México no se adoptó sino hasta 1821, pues al inicio del movimiento insurgente se hablaba de América. Morelos se refiere a Anáhuac. La idea de una patria mestiza no era una idea acabada en 1810, sino que se fue construyendo a lo largo del siglo XIX”.








