Laura Bosques recuerda a su padre

A la historiadora de arte Laura Bosques, de 92 años de edad, le emociona que el cineasta Rafa Lara se interese por mostrar la vida de su papá Gilberto Bosques Saldívar, quien fue cónsul general de México en Francia entre 1939 y 1942, y rescató a refugiados judíos y españoles republicanos.

Al mismo tiempo, le agradece al realizador que haga una película y una serie de televisión.

“Nunca imaginé que eso podría suceder. Tampoco he pensado cómo quiero que recuerden a mi padre.”

–¿Qué opina de esa labor de rescate de españoles y judíos en la Segunda Guerra Mundial por parte de su progenitor? –pregunta la reportera.

–Era la política de México. Fue el único país que oficialmente protegió. Al principio era apoyar a los refugiados republicanos españoles, después se amplió a todos los perseguidos por el nazi fascismo. No vino más gente al país porque no había barcos, estaban muy escasos. El gobierno de México, con sus representantes, tuvo que recurrir a buscar barcos portugueses.

Ante la invasión alemana en junio de 1940, Bosques Saldívar salió de París a Bayona y luego a Marsella, donde reubicó el consulado. Vichy era la zona francesa no ocupada bajo los términos de un armisticio negociado con los germanos; pero en noviembre de 1942 esa parte también la invadieron y apresaron a las delegaciones diplomáticas de los países, incluida la de México.

–Era un sinnúmero de refugiados que buscaban una visa mexicana  y su papá encontró dos castillos que convirtió en centros de asilo para esa gente, ¿su padre enfrentó represalias o amenazas por parte de Francisco Franco o Adolfo Hitler?

–No, no… Era muy respetada la representación mexicana. El embajador Luis I. Rodríguez logró un acuerdo de protección en plena guerra con el gobierno francés que estaba en Vichy. Luego llegó el general Francisco Javier Aguilar, quien estuvo muy poco tiempo, y Francia ya había perdido la guerra; entonces, le tocó a mi papá encargarse de la delegación. México tuvo que romper relaciones exteriores porque Francia era un país totalmente invadido. Salimos de Vichy y en ese inter, los alemanes asaltaron la delegación de México.

–El consulado fue tomado por la Gestapo, ¿verdad?

–Estábamos ya por salir a México, pero llegó un grupo de la Gestapo, eran como unos noventa. La negociación fue muy difícil porque querían llevarse todo así nada más, y mi papá se opuso, logró sacarle al responsable un recibo de lo que se llevaban, incluso el dinero de la caja fuerte. Esto fue en el hotel que tenía la cancillería.

A su mamá María Luisa Manjarrez, su hermana María Teresa, su hermano Gilberto y su papá, con el personal del consulado, los llevaron a Amélie-les-Bains, frontera con España, “luego nos condujeron a un hotel del centro de Francia, y nos trasladaron a Bad Godesberg, Alemania, a un hotel prisión”.

–¿Ahí tuvieron miedo de morir?

–Mi papá y mi mamá eran dos maestros muy inteligentes y siempre nos dijeron: ‘Ustedes no van a tener miedo porque no hay razón, es algo muy interesante lo que estamos viviendo, y hay que verlo bien’. Aunque  había escenas de miedo de otras personas, llantos, gritos. Nosotros no íbamos ni al refugio del hotel. Mi padre decía: ‘Vamos a ver los bombardeos’. Entonces yo tendría 16, 17 años.

Finalmente, Joaquín Urquidi, el último asistente de Bosques Saldívar, menciona aparte a Proceso que le parece importante la película “para que las nuevas generaciones conozcan a este gran diplomático”.