Remake de “Nada personal”

20 años después, TV Azteca reedita una telenovela que en su momento marcó un hito. Nada Personal modificó la temática habitual introduciendo al guion los acontecimientos políticos sucedidos a la par que la historia se desarrolla. Cambió la manera de grabar los episodios al utilizar la técnica cinematográfica permitiendo planos secuencia largos, toma aérea, acercamientos a detalles.

En la narración, el final es un comienzo: la entrada espectacular plantea los elementos, los personajes y el nudo a desenredar. El original de Nada personal se debió a la firma Argos; con la obra inició el despegue de la trayectoria de la empresa y significó un cambio cualitativo en el melodrama televisivo, si bien no pueda afirmarse la permanencia de dichas modificaciones. Paralelamente, continuaron los culebrones de amor, de cenicientas, incluso de tráfico de drogas bajo los mismos parámetros de hace 50 años.

Hoy, TV Azteca pudo elaborar una segunda versión de la obra con el mismo título debido a que en ese entonces Argos se vio precisado a ceder los derechos. Este remake se debe a la pluma del venezolano Alberto Barrera Tyzca. El esquema sobre en el cual se apoya es el mismo: abre con un asesinato múltiple; queda una sobreviviente en el lugar de los hechos, quien buscará desenmascarar a los culpables, apoyada por un periodista. Se muestra la complicidad de la policía, de funcionarios, de políticos en actos de corrupción, de trasiego de estupefacientes, así como trata de personas.

Con todo, hay variaciones. El elenco ahora es multinacional: a la protagonista se le escucha acento colombiano; el personaje político no tiene parecido con ninguna figura nacional reconocible. Se incluyen sórdidas escenas que no vimos en la novela anterior.

La cárcel, rebosante de conflictos en los cuales participan custodias, funcionarios y presas, resulta un escenario ya visto en otras obras (se presenta en toda su crudeza, por ejemplo, en Capadocia, una serie de Argos realizada hace años para HBO).

Pese a ser un melodrama realista con múltiples denuncias en torno a la degradación de la justicia, en un país en donde las leyes no se respetan y las garantías individuales han pasado a ser solo palabras, a este Nada Personal le hace falta mayor densidad. Tal vez las situaciones han empeorado en 20 años.  Lamentablemente, el conflicto aparece naturalizado; ya no sorprende ver en televisión relatos sobre narcos, delincuentes de cuello blanco, políticos enriquecidos a partir de robo al erario, jueces y policías sin respeto por su profesión ni por el ciudadano al que debieran servir.

Parece del dominio público el saqueo al erario, el hecho de que cualquiera puede verse inmerso en una situación de acusaciones infundadas, de trampas, de cohecho sin que se pueda hacer nada. Resulta una especie de cinismo al cual se ha accedido por la vía de la impunidad. Y así en todos los órdenes sociales.

En este contexto, el remake de Nada personal resulta una serie más, sobre un asunto manido.