Sobre “Transparencia, democracia y memoria colectiva”, ensayos de Sánchez Cordero

Señor director:

En los números 2119 y 2120 de Proceso apareció el artículo de Jorge Sánchez Cordero “Transparencia, democracia y memoria colectiva”.

Coincido con él en que los archivos deben pasar al conocimiento de la humanidad porque significan la historia de lo acontecido. Soy de la opinión que cuando se trata de las dictaduras de Estado debemos mencionar de qué dictadura hablamos, si de la burguesía o del proletariado, porque es seguro que de los archivos secretos de la ex Unión Soviética y de Stalin, la burguesía nunca va a dar a conocer lo esencial que sirva para desarrollar la sociedad futura.

Cuando aparece la propiedad privada surgen las desigualdades económicas y es causa fundamental de que la sociedad se divida en clases antagónicas. Por ello es imposible resolver en forma común los problemas de la subsistencia humana: las clases explotadoras se apoderaron de los puestos de mando, pero como éstas siempre son minoría, utilizan medios coercitivos –como cuerpos de seguridad, ejércitos, policías, cárceles, tribunales y tecnologías– para espiar y controlar a la clase explotada, como hoy sucede en México con el gobierno de Enrique Peña Nieto, que se caracteriza por millares de mexicanos desaparecidos, muertos y fosas clandestinas.

El Estado es un producto de las irreductibles contradicciones de clase, al mismo tiempo es un instrumento de represión y de violencia.

Las instituciones culturales de la burguesía y su sistema, que está en franca etapa de descomposición imperialista, ocultan la tradición de lucha de los obreros y del pueblo, que ampliamente han demostrado el repudio al capitalismo y simpatía al socialismo, como fue la condecoración con el premio Stalin de la Paz, en 1950, al general Heriberto Jara Corona, y más importante aún, que en 1955 este mismo premio le fue otorgado al general y expresidente de México Lázaro Cárdenas del Río. Al acto asistió el pueblo en masa, pero el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), las fuerzas políticas oficiales y hasta la izquierda social demócrata omiten hablar de ello.

En el campo de la cultura también existen muchos ejemplos de represión y ocultamiento, como aconteció con Rosaura Revueltas, quien en Estados Unidos, en 1954, participó en la película La sal de la tierra, y sólo por ello sufrió acoso laboral por más de 20 años, tanto allá como en este país. De igual forma ocurrió con la pintura mural de Diego Rivera Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, en la que sobresalía la frase del nigromante “Dios no existe”. Esta obra despertó la cólera de creyentes reaccionarios, quienes en unión con seminaristas y cuchillo en mano atacaron la pintura, cuando aún estaba en el Hotel del Prado.

Los archivos en poder de instituciones como la ONU, la OEA, la UNESCO o el INBA no están al servicio del pueblo sino de los grandes capitalistas, enemigos irreconciliables de la clase trabajadora. Las fábricas, la tierra, el transporte, las telecomunicaciones deben pasar a manos de los obreros y sus aliados para ser administrados en beneficio de toda la sociedad. (Carta resumida.)

Atentamente:

José Asunción Luna Ortiz