¿En qué radica el valor artístico de la instalación escultórica que presenta el mexicano Antonio Vega Macotela (1980) en la mítica y cuestionada documenta (sic) de Kassel, Alemania, que se inauguró el pasado 10 de junio?
Construida como la reproducción de un molino para acuñar monedas con tracción humana –de indígenas y esclavos– procedente de la época virreinal del Perú, la pieza se suma a una tendencia de instituciones artísticas dominantes, de legitimar como arte a creaciones con referencias visuales y simbólicas de contenido colonialista, histórico o tradicional de fuerte impacto emotivo.
Elegida en esta edición 14 que, con el título Aprendiendo de Atenas, dirigió artísticamente el polaco Adam Szymczyk, la pieza de Vega Macotela recuerda a otra que participó en la pasada documenta de 2012 con el título de Scaffold (Andamio) y que, en las últimas semanas, provocó una digna e insólita reacción tanto en la comunidad Dakota como en la dirección del famoso Walker Art Center de Minneapolis, Estados Unidos.
Realizada por el artista norteamericano Sam Durat (1961), la también instalación escultórica en madera de gran formato, recreaba la estructura de andamios y horcas que se utilizaron en 1862 para ejecutar a 38 miembros de la tribu Dakota. Adquirida por el Walker Art Center como una de las nuevas obras con las que se reinauguraría su espléndido Jardín Escultórico –entre sus piezas más famosas y emblemáticas se encuentra la fuente Puente de cuchara y una Cereza de Claes Oldenburg y Coosje Van Bruggen–, la pieza fue considerada por la comunidad nativa americana como una explotación de su tragedia, destinada a servir como escenario para fotografías compartidas en redes sociales.
Entre los cartelones que se colgaron en el entorno de la obra, se mencionaba que “un genocidio no puede ser una obra de arte”. Como respuesta, los directivos del museo ofrecieron retirar la obra, y si la comunidad lo consideraba adecuado, también destruirla en una ceremonia ritual. En espera de la decisión de la comunidad, el Jardín se reinauguró el 10 de junio.
Al margen de la censura que pueda provocar este suceso entre aquellos que confunden la libertad artística con el respeto al otro, las críticas develan verdades sobre el arte que se encubren en los espectáculos artísticos de la posverdad: aparentemente críticas y solidarias, estas obras ni solucionan problemas ni benefician lo que denuncian, a lo que sí sirven es al aumento de la cotización del artista.
Más allá del cuestionable discurso sobre el análisis del valor simbólico del dinero que pretende hacer Vega Macotela, su obra provoca preguntas sobre la identidad del arte contemporáneo que promueve el neocolonialismo artístico. ¿En qué consiste el arte del Molino, en qué se diferencia de una réplica para un museo de historia, y por qué los directivos de documenta –que se escribe con d minúscula–, permiten que la interacción de los espectadores en el molino transmute la percepción de la esclavitud en un entretenimiento de turismo artístico y de lujo?








