Jordi Soler es uno de los escritores mexicanos más prolijos. Al momento cuenta con trece novelas publicadas, entre las que destacan Los rojos de ultramar (2004), La fiesta del oso (2009), Ese príncipe que fui (2015), y está por aparecer en librerías Pinches jipis (2017). Además ha dado a conocer dos colecciones de relatos: La cantante descalza y otros casos oscuros del rock (1997) y Salvador Dalí y la más inquietante de las chicas yeyé (2011). Hace unas semanas presentó la novela El cuerpo eléctrico. (Alfaguara; México, 2017. 279 p.).
La historia inicia cuando el propio Soler tiene acceso a un documento llamado “El cuerpo eléctrico”, escrito en el siglo antepasado por un veracruzano llamado Cristino Lobatón. A partir del manuscrito lo reescribe y expone las anécdotas del personaje y de la vedette Lucía Zarate. Ella es una liliputiense veracruzana de 35 centímetros que realmente existió. Él es un personaje creado por el propio Soler, hijo de un francés y de una totonaca, que además es diputado. Cierto día Lobatón conoce a Lucía e inmediatamente percibe su atractivo y la utiliza para promoverse políticamente. En 1876 la lleva ante el presidente Porfirio Díaz y éste le pide que la exhiba en la Feria de Filadelfia como un atractivo del país. Sin embargo, llegan tarde al evento, pero Cristino confirma el encanto que provoca en la gente y decide mostrarla.
Así, crea un espectáculo y contrata a varios anormales. Luego compra un tren y decide exponerlos en todos los pueblos por los que pasa. El éxito lo enriquece y diversifica su actividad con el tráfico de opio; paulatinamente, este narcótico relega a los deformes hasta que los desplaza.
En El cuerpo eléctrico Soler habla del espíritu del capitalismo. El deseo de obtener dinero lleva, a varios empresarios, a montar un espectáculo de freaks (raros), porque saben que la mayoría de la gente satisface el morbo antes que saciar lo básico. El carácter atolondrado de las mayorías permite que cualquier ofrecimiento sea aceptado, desde ofertas de actos anodinos y políticas desquiciadas hasta estupefacientes embrutecedores. De esta manera se produce para mantenerlos alelados, así como para que acepten una vida que los desprecia y empobrece. Ese es el carácter perverso de la modernidad que insensibiliza a los más, para que acepten trabajos, actos, hechos que fortalecen a los pocos económica, política y culturalmente.
El cuerpo eléctrico está contado con una gran habilidad por parte de Soler, que recurre a la descripción, el reportaje, la reflexión, entre otros, para referir las anécdotas de ese peculiar espectáculo. El resultado es una novela que atrapa al lector e interesa, por mostrarle los inicios de la penetración del opio a los Estados Unidos y dar a conocer la vida de la más famosa vedette mexicana: Lucía Zarate.








