Liú esplende en “Turandot”

La inconclusa, última, bella, dificilísima para los cantantes y muy conocida y gustada ópera de Giacomo Puccini, Turandot, subió de nueva cuenta la semana pasada al máximo escenario nacional, Bellas Artes, y aparte de su grato retorno sirvió para remarcar:

Primero, el retiro de la dirección musical de óperas del más experimentado director que tengamos en estos menesteres, Enrique Patrón de Rueda; y segundo, el regreso a esta nuestra única casa de ópera de la soprano mexicana más destacada de la segunda mitad del siglo XX y lo que va de éste, María Katzarava, encargada de encarnar a la esclava Liú, papel que viene de interpretar triunfalmente en varios prestigiosos teatros europeos.

Las tradicionales cuatro funciones que por título se presentan en Bellas Artes (de las que vimos la primera y la última) contaron en los otros papeles principales con la soprano búlgara Gabriel Georgieva, encargada del rol que da origen al título, Turandot; el tenor Carlos Galván, quien se encargó del triunfante príncipe Calaf; el bajo Rosendo Flores, obligado en el papel del derrocado rey Timur, padre de Calaf; el barítono Enrique Ángeles y los tenores Andrés Carrillo y Víctor Hernández como los ministros Ping, Pang y Pong, respectivamente.

El coro infantil fue el Grupo Coral Ágape dirigido por Carlos Alberto Vázquez, mientras que el coro de la ópera contó con la dirección huésped de otro muy experimentado maestro, Alfredo Domínguez. La buena, efectiva y vistosa dirección escénica la realizó Luis Miguel Lombana y, claro, la batuta estuvo en mano de Patrón de Rueda.

De las funciones que vimos la segunda fue en todo superior, obteniendo un más satisfactorio resultado global aunque manteniendo casi inalterables los problemas  individuales. Así, la importada soprano Gabriela Georgieva, de voz potente pero carente de la técnica para manejarla a cabalidad, más de una ocasión se fue al grito más que al agudo, y las desafinaciones consiguientes se escucharon muy clara y desagradablemente. Conoce el papel sin duda, pero esto solo no alcanza para desarrollar un rol tan demandante como es la Turandot, que exige una soprano más dramática que lírica. No por nada el de Turandot es un personaje que la gran mayoría de sopranos se cuida muy bien no abordar sino hasta alcanzar la madurez suficiente, y ésta incluye la edad, a menos, claro, si es una superdotada, que no es el caso.

O sea, una Turandot sin pena ni gloria.

El de Calaf es también un rol altamente demandante, y como pasa con las sopranos, los tenores, aunque quieran abordarlo principalmente por la súper lucidora aria “Nessun dorma”, saben muy bien, so pena de poner en riesgo toda su voz, que no cualquiera puede hacerlo. Carlos Galván cumplió con dignidad aunque con tropiezos y, como ya se apuntó, mejor estuvo en la última función. Bien, correctos vocal e intencionalmente, Ping, Pang y Pong.

Nos quedamos así con una sorprendente Liú que llenó todo. Sorprendente no porque no conociéramos de sus capacidades, sino porque rebasa las expectativas y deslumbra con su extraordinaria voz y manejo de la misma. Auténticamente “fila” las notas cuando así se requiere, y abajo se sostiene con increíble facilidad. Su voz media es inatacable. A esto debe añadirse su desempeño actoral por demás convincente, todo lo cual ratifica que Liú (María Katzarava) fue esplendente, la luz en Turandot.