Señor director:
Le pido que publique esta carta, que dirijo al presidente Enrique Peña Nieto, y al gobernador, procurador y presidente de la Comisión de los Derechos Humanos de Aguascalientes:
Soy transportista y lo que relato consta en documentos (CI/AGS/093010517) de la Procuraduría de Justicia de Aguascalientes.
A las 19 horas del 26 de mayo pasado se presentaron dos jóvenes en mi domicilio a solicitar una mudanza. No doy servicio por las noches debido a mi edad, a la disminución de mi vista, mi nula audición en el oído izquierdo y la pérdida de 50% de la capacidad de mi oído derecho. Me considero discapacitado. Como sea, accedí a realizar la mudanza por tratarse de un cliente que me ha contratado por más de 15 servicios en los últimos cuatro años.
Al llegar al domicilio abrí las puertas de mi camioneta y dos jóvenes empezaron a cargar, pero de pronto apareció una patrulla, a los 10 minutos llegaron otras y 40 policías. Los agentes me obligaron a posar para ser fotografiado, y fui desprestigiado. Después de preguntar varias veces por qué lo hacían, un policía me mostró que la chapa de la puerta de la casa estaba destruida y que había unos guantes negros y una mochila con herramienta. Hasta ese momento supe o intuí que se trataba de un robo.
Los agentes me subieron a una patrulla esposado, no me dejaron cerrar mi camión, me lastimaron las muñecas y me trasladaron a oficinas de la procuraduría. Me tuve que desnudar tres veces para que revisaran mi cuerpo y la ropa. Me dijeron que les entregara mis objetos personales, llaves de mi domicilio y camionetas, tarjeta de banco, teléfono celular, 850 pesos en efectivo y varios objetos más.
Me hicieron firmar sin leer más de 10 diferentes escritos que nunca supe ni sé qué decían o su alcance. Las autoridades sólo me dijeron: “Usted fírmele aquí”.
A mis 79 años –y pese a ser inocente– me vejaron, lastimaron, me tuvieron parado y esposado junto a una ventana durante dos horas, inconstitucionalmente me ficharon, encadenaron y encerraron en varias celdas con una alimentación desbalanceada: un vaso de agua y una sopa Maruchan.
Se tardaron 20 horas en comprobar mi inocencia, y al final me echaron a la calle sin dinero, identificaciones ni llaves de mi domicilio. Sin nada absolutamente. Con mucha pena tuve que pedir limosna para trasladarme a mi casa.
Además, mi fotografía de rostro completo y mi camioneta aparecieron a todo color en Facebook, televisión, radio y periódicos, y hoy la gente se me queda viendo al pasar por la calle, murmura y no me da trabajo.
Finalmente, mi camioneta fue trasladada con grúa a una pensión del gobierno, por lo cual yo tuve que pagar, y cuando me presenté a reclamar mi vehículo ya lo habían saqueado.
Le pregunto, señor presidente de la República, ¿usted realmente está enterado de lo que sucede en “el país de las maravillas”? (Carta resumida).
Atentamente:
Víctor Manuel Azcué Villanueva.








