Es de suyo conocido que las mujeres en México hemos ganado derechos políticos y sociales, mismos que están plasmados en la ley. Estos se han ido incorporando poco a poco a partir de mediados del siglo XX. Las feministas lucharon por establecer en el ánimo de los ciudadanos el que excluir a la mitad de la población era injusto, y necesaria la equidad. Fue el ala progresista quien hizo suyos los reclamos. Sin embargo, en este sombrío nuevo milenio, hay que preguntarse: ¿Por qué entonces los miles de feminicidios? ¿Cuál es la causa de que el abuso sexual y psicológico continúe en tantos sectores? ¿De dónde tanta violencia sexista acrecentada día a día?
Viendo y escuchando los testimonios de mujeres plasmados en dos series que Canal 22 produjo, salta a la vista el factor cultural. La educación familiar, el entorno social, las costumbres, las tradiciones se han modificado poco. Los roles diferenciados siguen presentes. Por otro lado la publicidad, la mayoría de los personajes femeninos en series, telenovelas y películas, los concursos de belleza, la industria de los cosméticos prolongan las ideas de sometimiento a cánones discriminatorios.
El programa de reciente estreno se denomina La mujer revelada, pone de manifiesto a través de las declaraciones de las entrevistadas, una por cada episodio, trece en total, el tipo de abuso que han sufrido de parte de sus parejas así como la manera en que se libraron de éste. En formato documental, los programas desgranan relatos conmovedores, valientes, comprometidos. Son personas comunes, de distintas clases sociales, con diversa formación y escolaridad las que se han avenido a relatar en público los avatares de su existencia. Los episodios alcanzan notoria credibilidad.
En un tenor distinto, la señal 22 había puesto al aire Historias de mujeres. Entrelazando presente y pasado, cada mujer nos habla de su vida, de cómo lograron alcanzar sus metas sin perder sus raíces. Del doble o triple esfuerzo al que se sometieron respecto de los hombres para lograr dar un paso adelante frente a las circunstancias adversas, superando algunas de las limitaciones impuestas a sus madres y abuelas. Aun cuando alcanzaran sus objetivos, la satisfacción total no llegó.
En el imaginario colectivo, la igualdad entre hombres y mujeres no existe. La idea apenas si ha calado superficialmente. La cultura de la violencia, del machismo desatado ha sido exacerbada en el país. Y la falta de respeto para las mujeres se ha hecho moneda corriente, justo cuando pensábamos que iba en retirada. Las excepciones a esta regla no bastan, programas como Mujeres reveladas o Historias de mujeres dan cuenta de ello. También del camino por andar para recuperar el tejido social roto, la fraternidad no sólo entre los géneros, también entre los individuos que forman nuestra sociedad.








