Con un ambicioso, fallido y pésimo proyecto museístico inició Sara Baz su gestión como directora del Museo Nacional de Arte (Munal). Nombrada el pasado 17 de enero en sustitución de Agustín Arteaga –quien desde septiembre de 2016 dirige el Museo de Arte de Dallas, USA–, la funcionaria ha evidenciado la urgencia que tiene la titular del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), Lidia Camacho, de diseñar una política museística que integre objetivos institucionales a largo plazo, uso de las colecciones gubernamentales, metas de servicio al público, perfiles de puestos directivos, indicadores de evaluación de las gestiones, y procesos de rendición de cuentas que incluyan a la coordinadora nacional de Artes Visuales, Magdalena Zavala.
Inaugurada el 5 de abril, a sólo dos meses y medio de haber asumido la dirección de uno de los principales museos gubernamentales de arte mexicano, la exhibición Melancolía, integrada con obras tan espléndidas como insignificantes, no puede ocultar la premura de su organización. Confusa en la construcción del concepto curatorial, forzada en la selección de las piezas, carente de rigor en su calidad artística y con un diseño museográfico sofocante y amontonado, la muestra ha comprobado la desorientación administrativa y artística de la directora del Munal.
Diseñada por el artista Daniel Godínez Nivón (México, 1985) como un evento público para “sublimar las penas bailando” salsa, tanto en el lujoso Salón de Recepciones del Munal como en el Patio de los leones, el evento denominado Salón Munal. Donde las penas se van bailando, es una propuesta que, aun cuando fue identificada y publicitada por el museo como una actividad paralela –al igual que el ciclo de cine y las charlas con académicos–, es en realidad una actividad de arte relacional que se inscribe en las tendencias del arte contemporáneo de circulación global que vinculan la danza con las artes visuales. Promovidas desde 2012 por intermediarios tan importantes como Christine Macel –curadora tanto del Centro Pompidou en París como de la exhibición central de la edición 2017 de la Bienal de Venecia titulada Viva arte Viva–, estas actividades dancísticas han adquirido un notorio protagonismo que, en la Bienal, se comprueba con el otorgamiento del León de Oro a la trayectoria artística para la norteamericana Carolee Schnemann (1939), quien en los años setenta expandió el arte visual a actos performáticos de soporte dancístico. Documentado en fotografías o videos, el Salón puede ser un excelente pretexto para gestionar un posicionamiento artístico.
Cuestionado a través del portal change.org por haber utilizado el viernes 19 de mayo el espectacular Salón de Recepciones con el riesgo de dañarlo, Salón Munal no es una propuesta que fomente la relación entre el público y la colección que define la vocación del museo. Promovido como una actividad que permite transformar “los dolores del corazón en otros estados anímicos”, el Salón evidencia la desorientación de los funcionarios del INBA: la función de un museo de arte gubernamental no es ofrecer terapias psicológicas gratuitas sino fortalecer su marca de distinción artística y establecer conexiones entre el público y su colección.








