TLCAN: El sector cultural, listo para negociar

El Grupo de Reflexión en Economía y Cultura (Grecu) de la UAM-Xochimilco se adelantó con un foro para establecer las prioridades del TLC en materia cultural, a la espera de que las autoridades convoquen a la comunidad. A su vez, el investigador Javier Esteinou cree que previamente el Estado debe hacer un balance riguroso de los avances y deterioros que dejó el tratado en el país, pues de no contemplar la cultura integralmente, como derecho establecido en la Constitución, será mejor dejarla fuera.

El Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) comenzó en el Museo Metropolitano de Nueva York, cuando en octubre de 1990 se inauguró la magna exposición Esplendores de treinta siglos, en el marco del programa México: Una obra de arte, que la misma prensa estadunidense cuestionó por su “manoseo económico y político”.

Los funcionarios culturales mexicanos lo negaron, pero el embajador Jorge Alberto Lozoya, entonces secretario del Gabinete de Política Exterior en la Presidencia de la República, admitió años más tarde en una entrevista con el académico César Villanueva, para la Revista Mexicana de Política Exterior de febrero de 2009, el propósito “estratégico” del programa:

“Familiarizar a la opinión pública estadunidense con la sociedad con la que iban a firmar un tratado de libre comercio (…) lo que queríamos era que los norteamericanos nos vieran como futuros y dignos socios, no como una sociedad ‘mariachera’ y emocionalmente lejana…”

Enfatizó:

“…teníamos una meta precisa: conquistar la Urbe de Hierro.”

Fue una suerte de “Caballo de Troya del empeño mexicano por irrumpir como país moderno en Estados Unidos”, según describieron en su momento los reporteros del semanario Proceso (726) Armando Ponce y Carlos Puig. Sólo que, en lugar de avanzar, el caballo dio coces. Y a 23 años de la negociación se tienen ampliamente documentados sus impactos negativos en varios terrenos, entre ellos el cultural; aquel que el entonces secretario de Comercio y Fomento Industrial, Jaime Serra Puche, aseguró se defendería sólo por su fortaleza y milenaria tradición.

Por eso cuando el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habló en su campaña de renegociar el TLCAN, miembros de la comunidad cultural alzaron la mano. El Grupo de Reflexión en Economía y Cultura (Grecu), encabezado y fundado por el periodista e investigador Eduardo Cruz Vázquez en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), cuenta hace tiempo con un amplio diagnóstico.

Y se anticipó a la notificación que el pasado 18 de mayo Trump hizo a su Congreso sobre su intención de renegociar el acuerdo, con la realización de sendos foros en la Casa Rafael Galván de la UAM-Xochimilco, dirigida también por Cruz Vázquez, en los cuales especialistas de diversas áreas hicieron propuestas con miras a la apertura del acuerdo.

Se adelantaron también a la promesa de los secretarios de Relaciones Exteriores (SRE), Luis Videgaray, y de Economía (SE), Ildefonso Guajardo, de consultar a los diferentes sectores. Según los secretarios, se incluirán los “nuevos temas” de la economía: telecomunicaciones, comercio electrónico, propiedad intelectual, derechos laborales y ambientales.

Organizados con apoyo del diario El Economista, los foros del Grecu se realizaron en abril pasado en torno a temas como identidad, alimentación (pues se ha permitido la entrada irrefrenable de fast food con terribles consecuencias a la salud de los mexicanos), industria audiovisual, editorial, cinematográfica, música, telecomunicaciones –que hasta se consideraron una cuestión de “seguridad nacional” por ser las herramientas por las cuales circulan contenidos culturales digitales–, derechos de autor y denominaciones de origen–, entre otros.

El pasado 29 y 30 de mayo, en el Museo Tamayo, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, organizó por su parte el foro El cine y el derecho a la cultura, en el cual se habló también de pedir a la SE que el sector cinematográfico sea consultado para la renegociación.

Vacío notable

Durante las discusiones del Grecu fue notoria la ausencia de un representante de la Secretaría de Cultura (SC). Cruz Vázquez aclaró que se hizo la invitación  pero declinaron con el argumento de que el TLCAN no es un ámbito de su competencia.

En entrevista con Proceso, el especialista en economía y cultura señala que desde su creación, en diciembre de 2015, la SC no fue dotada de los instrumentos fundamentales de vinculación con otras políticas de Estado, y la recién aprobada Ley de Cultura y Derechos Culturales tampoco le da esas responsabilidades ni atribuciones, por lo cual “entiendo que decida hacerse a un lado en lugar de acompañar, opinar y orientar no sólo sus intereses sino los de la vida sectorial de la cultura en el país”.

En cambio, estuvo presente Salvador Behar, director general para América del Norte de la SE, quien escuchó las diversas propuestas, publicadas en la página de internet del Grecu. Entre ellas el reconocimiento al sector cultural de México y a sus diferencias con Estados Unidos y Canadá, y tomar en cuenta que dicho sector contempla las telecomunicaciones, servicios educativos, manufacturas y ventas al por mayor y al por menor.

Entre las acciones se sugirió la revisión del sistema arancelario; hacer un trabajo mucho antes de llegar a la apertura del TLCAN e incluir en la renegociación una representación del sector cultural; fortalecer el mercado interno con medidas restrictivas para equilibrar el déficit comercial con E.U.; definir las tareas culturales de las cuales el Estado no debe deslindarse. Y se destacó:

“Cualquier negociación que se lleve al TLCAN debe ponderar el valor agregado, identitario, implícito y explícito, visible o no visible de la cultura.”

También se manifestó la idea de que la cultura no es negociable y debe dejarse fuera del tratado, creando reservas, y hasta la aplicación de una moratoria en tanto no se tenga claridad sobre lo que va a plantearse.

Temor a la exclusión

–¿Qué perspectivas reales hay de que el sector cultural sea tomado en cuenta esta vez? –Se le pregunta a Cruz Vázquez.

–La perspectiva real es que la SE no nos engañe haciéndonos creer que nuestros planteamientos son importantes y al final dejen al margen los intereses del sector. Espero no ocurra eso, confiamos plenamente tanto en la palabra del secretario, Ildefonso Guajardo, como del subsecretario Juan Carlos Baker, y de Salvador Behar, de que hay condiciones para que algunos elementos sean puestos a consideración, primero de las autoridades mexicanas y después, en el escenario que se plantea, por E.U. y Canadá.

En su opinión hay temas que merecen ser evaluados seriamente por la SE, como cine, industria audiovisual, televisión, telecomunicaciones, propiedad intelectual, y “en su momento deben ser puestos en la mesa de negociaciones para evaluar qué hacer con ellos, porque buena parte de estos contenidos o modalidades de comercio no existían cuando se hizo el tratado hace 23 años”.

Pide un pronunciamiento formal por parte del titular de Economía donde reconozca “que el sector cultural tiene intereses y van a velar por ellos, que va a escuchar a esta comunidad para establecer los puntos, los límites, los alcances, en el marco de la negociación bilateral o trilateral, y –eso sí– tendremos que ir y estar presentes.

Al finalizar las mesas de trabajo del Grecu, Proceso se acercó a Behar para preguntarle por qué Economía estaba esperando que fuese E.U. quien pusiera los temas a discutir, en lugar de tomar un papel activo. Respondió:

“Porque no tenemos propuestas.”

–¿Y todo lo que se dijo aquí?

Ya no respondió, se abrió paso empujando y dijo que no tenía tiempo para entrevistas.

Cruz Vázquez dice que E.U. ya se pronunció sobre los temas. El temor es hasta dónde las autoridades mexicanas considerarán a la propiedad intelectual, las telecomunicaciones, el medio ambiente o el comercio en internet como parte de la cultura o resulta que las aíslan y excluyen al sector cultural de las discusiones, como hace 23 años:

–La Ley de Cultura aprobada recientemente no trae nada referido a esos temas y ni siquiera menciona la palabra industria cultural o creativa.

–¡Nada! Es uno de los grandes fracasos de la ley; obvió, ignoró y sepultó todo un proceso de discusión y de propuestas que se habían hecho no sólo en el Consejo Redactor sino en distintos foros. Decidieron resolver la ley como Rafael Tovar (primer titular de la SC) lo hubiera querido, una cosa simple y sencilla para salir de un atorón que traían de tiempo atrás con las reformas constitucionales.

“Por eso he dicho que la ley es un homenaje póstumo a Tovar. ¿Quiénes lo encabezaron? Saúl Juárez (subsecretario de Desarrollo Cultural) y Luis Cacho (director del Jurídico); siguieron a pie juntillas lo que Rafael aspiraba que fuera esta ley: Un cuadro básico, elemental, que no molestara al Ejecutivo ni le ampliara las responsabilidades a la Secretaría de Cultura.”

Remata que si la SC ha sido deficiente, la ley se suma a esas deficiencias. Por ello resulta “entendible” que la dependencia diga que la negociación del tratado no está en sus funciones. Insiste en que la negociación la llevará Economía y habrá que ver si le da su lugar a la cultura, igual que los empresarios encabezados por Moisés Kalach.

–Los temas culturales son muchos, ¿sería necesario un capítulo aparte?

–No te sabría decir si técnicamente sería necesario un capítulo aparte… Lo que sí es que los temas que ya mencionamos son una realidad, no pueden estar al margen, pero como no sabemos la profundidad con la que van a llegar con la renegociación, pues ahorita es un poco difícil.

“Lo que me queda claro es que las autoridades mexicanas no quisieran entrar a ningún tipo de negociación, nada, preferirían dejar las cosas como están. Me queda claro que Trump les vino a meter en esta situación y la posición de las autoridades mexicanas es resolverlo rapidito.”

Proyecto integral

El investigador de la UAM-X y miembro del Grecu, Javier Esteinou Madrid, señala en entrevista por correo electrónico que al suscribirse el TLCAN se le dio importancia a temas como la transferencia tecnológica o propiedad intelectual, pero no hubo una política de protección a la cultura, se le dejó al libre juego de las reglas del mercado, “como una herramienta para la acumulación de capital.”

Como especialista en medios, habla de las comunicaciones y la cultura en general. Dice que quedaron desprotegidas. Como ejemplos menciona el cambio de régimen para otorgar concesiones en el campo audiovisual, en la obligación de emplear a un número mínimo de trabajadores mexicanos, el uso de laboratorios mexicanos para procesar copias y películas extranjeras. Se afectaron actividades que oficialmente se dejaron fuera del tratado, pero en los hechos sufrieron los efectos del libre mercado, pues perdieron su naturaleza de procesos sociales:

“La cultura y la comunicación perdieron su carácter de dinámicas comunitarias que vinculan a los grupos humanos, les dan sentido a sus vidas, construyen sus identidades, explican su lugar en el mundo, producen su autoestima civilizatoria y aportan horizontes para transformar sus entornos; y se convirtieron en meros productos cosificados o ‘empaquetados’ del mercado para realizar negocios lucrativos.”

No duda en considerar que a 23 años, la herencia del Estado mexicano neoliberal es un “desastre comunicativo y cultural”, que fortaleció el modelo de comunicación-mercado y no el de servicio público, instauró la desregulación creciente de la cultura y los auditorios se redujeron a meros consumidores de mensajes.

Los efectos en la identidad cultural han sido tales que se trastocaron hasta los hábitos alimenticios, con el consumo de productos chatarra y la emergencia de problemas como la anorexia, la bulimia y la vigorexia, con serias consecuencias para la salud colectiva. Hasta se sustituyó, lamenta, la celebración de la Revolución mexicana el día 20 de noviembre por el llamado Buen Fin, símil del Black Friday norteamericano.

Esteinou recuerda que a Trump le interesan temas centrales como energéticos, comercio electrónico y propiedad intelectual. Advierte entonces que antes de renegociar es necesario crear una estrategia integral que considere a la cultura y las comunicaciones como “elementos nodales para el desarrollo nacional” y no como meros “objetos de entretenimiento, diversión, decoración o folclorismo que se comercian para obtener ganancias monetarias”.

En este sentido propone, entre otros aspectos, elaborar una nueva concepción del nacionalismo donde la cultura y la comunicación sean parte del corazón del desarrollo colectivo, y rescatar el papel del Estado como promotor de ambas esferas. Él es quien propone una moratoria al TLC hasta no evaluar su impacto, para que se formulen las nuevas estrategias y proteger la identidad. Y enfatiza:

“El Estado junto con la sociedad civil debe realizar un balance riguroso de los avances, los retrocesos y los deterioros que dejó el TLC durante más de 23 años en el país, para saber cuáles son los elementos que ahora se deben reincorporar para sanear la anarquía cultural que se gestó y edificar una sociedad comunicativa-cultural más equilibrada.”

Previene que la apertura del acuerdo no debe reactivar la concepción comercial, sino ser una “práctica y expansión de un derecho que ya quedó consagrado en la Constitución Política Mexicana y en la nueva Ley General de Cultura y Derechos Culturales”. Para ello agrega que la ciudadanía debe exigir al Estado el cumplimiento de tratados internacionales, como la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la UNESCO, que responde a la justicia social y el respeto mutuo entre los pueblos y las culturas, entre otros preceptos.

Esteinou está convencido de que será en la fortaleza de la sociedad donde se defiendan los bienes culturales. Y, dice, no es necesario esperar a una renegociación del TLC, lo que hace falta es un pacto social entre el Estado, los medios de difusión y la sociedad, con participación plural y multiétnica, además de elevar a rango constitucional el derecho de acceso a la comunicación colectiva. No hace falta entrar al “juego de la dinámica espectacular”, con exposiciones como México 200 años en Nueva York, sino crear un proyecto integral:

“De no contemplar el Estado mexicano tales directrices para renegociar, será preferible dejar la cultura y las comunicaciones fuera, pues en los próximos años serán mayores las calamidades culturales que recibirá la sociedad mexicana que los beneficios de dicho pacto comercial trilateral.”