De Enrique Torre López
Señor director:
Me refiero al artículo “Peaje bachiano (final)”, por Samuel Máynez, publicado en el número 2114 de Proceso (7 de mayo), que gira alrededor de “Una visita a las principales ciudades donde quedaba alguna huella de Bach”, el cual contiene, a mi juicio, diversas falsedades y omisiones sobre la vida, la obra y la muerte de este compositor. Concretamente menciono las siguientes:
1. Quizá la falta más notable es asentar que Bach “fue enterrado en la fosa común” (lo cual sí sucedió ¡pero con W. A. Mozart!). No. J.S. Bach fue sepultado tres días después de su muerte, en el cementerio de la iglesia San Johann en Leipzig, en un ataúd de roble.
2. El recién nacido Johann Sebastián sí fue bautizado en la iglesia de San Jorge, donde aún se conserva la pila autismal.
3. Sobre su obra, es un error decir que los conciertos Brandenburgo, las sonatas y partitas para violín y el primer libro del Clave bien Temperado hayan sido escritas en Weimar. No. Fueron compuestas y estrenadas años después, en Köthen.
4. Esta ciudad de Köthen –que ni siquiera fue mencionada en ese viaje bachiano– junto con Leipzig, constituyen los dos lugares donde Bach compuso su más rica producción.
5. Se comenta que en Weimar se visitó la iglesia del castillo de Himmelsburg, donde Bach fue organista, lo cual me parece imposible porque ese castillo fue lamentablemente destruido por un gran incendio en 1774 y por bombardeos posteriores.
Finalmente, me parece preocupante que un violinista y compositor mencione el estreno de diversas obras, originales del propio Bach, pero reelaboradas e interpretadas por él mismo, y sea capaz de escribir juicios y aseveraciones tan desorientadoras sobre una de las más altas y puras figuras de la música y del arte.
Atentamente:
Enrique Torre López
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San Luis Potosí, SLP
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