Todo cabe en una calle sabiéndolo acomodar; si le agregamos un estudio, el resultado formal es excelente. Los contenidos se dan como en miscelánea, van de comentarios sobre política-moral a poesía, arte contemporáneo y sus controversias, jóvenes pintores, cine de horror, bicicletas. Y lo que vaya surgiendo en la semana para concretarse el jueves por la noche en la pantalla de Canal 11.
¿Es una revista cultural? ¿Un programa informativo? ¿Una serie de opinión? Calle 11 conjunta las tres aristas en una estructura articulada por el conductor, Ricardo Raphael, conocido por sus mediaciones en mesas de debate a su cargo en Canal Once del IPN. Abre con una pequeña discusión sobre un asunto de actualidad en la cual participan sus tres mosqueteros: Alma Delia Murillo, Antonio Martínez y Carlos Bravo: Los “dudantes”. Se nota la distancia generacional, aunque Raphael intente verse como un chamaco más. Ellos expresan sus propias visiones, pero el conductor no deja de manifestar las suyas, y por ahí se cuela su apego al main stream. No escapa a las referencias dicotómicas: cínicos contra moralmente superiores, lo que aterrizado en realidad mexicana querría decir: políticos corruptos frente a “profeta con dedo flamígero”, y aquí justo está el problema, pues para él todos tenemos un poco de serpiente emplumada.
El programa toma su frescura de las entrevistas a pie de calle, en mercados, entre vendedores ambulantes, plática con jóvenes que rompen el esquema de la marginalidad para presentarse como imaginativos, de hablar fluido y alejados de los valores predominantes del consumismo convertido en espectáculo. Chavos reales de la ciudad de hoy.
Destella la crónica urbana elaborada y leída por Alma Delia, que nos refleja las penurias de todos los días con la burocracia, con los bancos, con el transporte recurriendo al buen humor. O pone ante los ojos de capitalinos agobiados la belleza que la urbe puede esconder si sabemos mirarla. Una novedad más la representan grupos musicales con raros instrumentos confeccionados en casa, que se paran a deleitar al transeúnte que los quiere escuchar a cambio de unas monedas en el sombrero. Su escenario es la avenida, la esquina, el paradero del Metro. Tradicional es la entrevista en estudio a artistas, escritores consagrados o en vías de serlo.
Calle 11 contiene altas dosis de pre y post producción. Requiere investigar, armar un guión coherente sobre un asunto específico y darle forma a los distintos segmentos. Luego editan para dejar las mejores imágenes. Todo ello es envuelto en efectos de computadora, empezando por el diseño de la entrada: edificios coloreados que suben y bajan, fachadas desteñidas, paisaje urbano con postes de alumbrado, semáforos o estacionamientos subterráneos, y un guiño a los Beatles, la cebra: rayas blancas sobre las que van pisadas enfundadas en tenis y calcetines de colores. Los cortes se benefician de una vista nocturna, la calle desierta súbitamente cruzada por un peatón, autobús, coche.








