Señor director:
Le solicito que me permita hacer algunos comentarios a la opinión de Ciro Núñez Rojas publicada en la sección Palabra del Lector en el número 2105 de Proceso.
Se entiende que amplios sectores de lo que llamamos izquierda, en sus diferentes modalidades y enfoques, han exhortado a la unidad de las fuerzas políticas democráticas y revolucionarias. Así también lo han expresado nuevos actores sociales, entre ellos prestigiados académicos e investigadores, escritores y artistas ligados a los sectores populares. Incluso el ala progresista del clero lo ha externado, al igual que los estudiantes y otros más.
Los compañeros del sur –que van a contender en la próxima elección presidencial con una candidata indígena– proponen que esta unidad surja desde la “sociedad civil no organizada y organizada, de abajo y a la izquierda”, en una insurrección civil pacífica, que podría equipararse, considero, a desarrollar un movimiento nacional de participación ciudadana para cambiar el modelo económico neoliberal que nos está llevando a la debacle como nación.
En ese movimiento debería tomar un papel protagónico el sujeto social realmente afectado por esta crisis abismal de descomposición social, política y económica. Pero nada ni nadie hacen eco de la unidad en los movimientos sociales progresistas. En cambio, se siguen observando un aislamiento y una desarticulación de las fuerzas de izquierda, sumidas en un protagonismo estéril y un sectarismo recalcitrante. La frase “reconocer nuestras diferencias, pero marchar juntos en nuestras coincidencias” no cuaja.
Se trata de crear un programa común de lucha y de tener humildad para consensuarlo entre todas las fuerzas de izquierda. A mi modo de entender, se trata de voltear a ver lo bueno de la Latinoamérica de Salvador Allende, aprender del legado de Fidel Castro, José Mujica, Evo Morales, Hugo Chávez… pero sobre todo aprender de nuestros héroes que nos dieron patria: Hidalgo, Morelos, Juárez, los Magón, Villa, Zapata… hacer grande al David, aprendiendo de los grandes para vencer al Goliat. Por ahí se puede ir tejiendo el futuro de nuestro México.
Atentamente:
Agustín Flores González
Trabajador de la UAM








