La mañana del 13 de septiembre de 2016, cuando un sujeto entró a las instalaciones de la Fiscalía Central y disparó contra las trabajadoras sociales y una agente del Ministerio Público especializado, el titular de la dependencia, Eduardo Almaguer, prometió todo el apoyo a los familiares de las víctimas. Sin embargo, los hijos de la agente del MP que falleció tres días después se han enfrentado a la implacable burocracia policial.
Ya pasaron seis meses de que falleció Laura Castañeda Amaral, la agente del Ministerio Público especializado adscrita al área de Atención Temprana de la Fiscalía General del Estado (FGE), tras recibir un impacto de bala en la cabeza el 13 de septiembre pasado –igual que tres de sus compañeras– cuando realizaba sus labores en la dependencia, pero su hija, Martha Julia Fausto, recibió apenas en febrero pasado una parte de la indemnización de ley y se le negó el pago por riesgo de trabajo.
“Yo siempre le decía a mi mamá que odiaba su trabajo. Incluso de chiquita, tenía como tres años, me recogía de la escuela, me llevaba a la procuraduría, me sentaba en dos sillas y me acostaba. Ahí me quedaba hasta que terminaba de trabajar; mi mamá daba de más a su trabajo”, recuerda Martha Julia, indignada luego de leer la resolución firmada por el director de Recursos Humanos de la FGE.
En el oficio FGE/CGAP/DRH/2664/2017, fechado el 28 de febrero de 2017, se les informa a los hijos de la fallecida, Martha Julia y Hugo Archivaldo, que “en relación al trámite que se hizo por parte de esta dirección a mi cargo, ante la Secretaría de Planeación, Administración y Finanzas para solicitar el pago de indemnización por riesgo de trabajo, no fue procedente otorgar dicho pago.
“Lo anterior conforme al oficio SEPAF/DGADP/DAS/OFS/00091/2016, signado por Ruth Alejandra Nuño Cerda, directora general de Administración y Desarrollo de Personal de la secretaría antes mencionada, y en base a lo establecido en el artículo 501 de la Ley Federal del Trabajo y que a la letra dice:
“Tendrán derecho a recibir indemnización I. La viuda o el viudo que hubiese dependido económicamente de la trabajadora y que tenga una incapacidad de cincuenta por ciento o más, y los hijos menores de 16 años y los mayores de edad si tienen una incapacidad de cincuenta por ciento o más.”
También se hace referencia a los puntos II hasta el V del mismo artículo.
Recuerda Martha Julia que cuando preguntó por qué no procedía, le respondieron que no lo tomara a mal, dice, “pero tú no tienes ninguna incapacidad para trabajar, no tienes un síndrome, no estás enferma.
“Le respondí que eso es muy independiente, si me puedo valer o no; el riesgo de trabajo es muy aparte. Yo creo que no lo están aplicando como debe de ser (…) Entonces, le volví a preguntar qué están catalogando como riesgo de trabajo. Me dijo que no sabría decirme en qué se basaron.”
Apunta que consultaron con algunos abogados cuánto tiempo tenían para presentar su inconformidad. “Nos dijeron que teníamos 15 días y en unos 60 días se iniciaría el proceso”.
Martha Julia muestra a este semanario otro oficio, del 21 de diciembre de 2016, en que se hace constar la entrega de un cheque como pago por la reclamación de muerte accidental operativa de Laura Castañeda Amaral, quien laboró casi por 25 años en la dependencia, desde que era la Procuraduría General de Justicia del estado y después cuando se convirtió en fiscalía.
“Con el pago que recibo a mi entera satisfacción otorgo mi más amplio finiquito sobre la reclamación presentada quedando liberado el gobierno del estado de Jalisco (FGE) de las obligaciones derivadas del plan múltiple de beneficios para los trabajadores del estado de Jalisco”, se lee en el documento. No obstante, Martha Julia señala que el pago se lo entregaron, a ella y su hermano, el 20 de febrero.
Se queja de que “en todos los lugares que nos tienen que dar respuesta es igual. En Pensiones tramité gastos funerarios desde noviembre, hoy (15 de marzo) le marcaron a mi hermano para decirle que ya estaba firmado el cheque y que fuéramos por él. Nos dijeron que sin eso no podíamos darle seguimiento al fondo de retiro de mi mamá”.
Aclara que la FGE cubrió el pago de los gastos funerarios. “Pero el fiscal dio la indicación de que podíamos hacer el cobro. Son 10 mil pesos de gastos funerarios por parte de Pensiones. Nuestra intención no es exprimir (a las instituciones) sino que se hagan las cosas conforme tiene que ser, sólo lo justo. Regalarles un peso no; mi mamá regaló mucho de su tiempo al trabajo, y creo que es una cosa por otra”.
Prosigue: “La única institución que dio respuesta rápida fue el Sedar (Sistema Estatal de Ahorro para el Retiro); nos respondieron a los tres meses del fallecimiento de mi mamá.
“Lo que se nos hace muy extraño es que tenían órdenes del fiscal (Eduardo Almaguer) de darle prioridad a todo, pero parece que es al contrario, es ponles trabas. Llegamos a Pensiones, a cualquier institución y parece que les estamos pidiendo regalado. Les digo que mi mamá dejó casi 25 años de su vida a la institución. Nada es regalado.”
Reitera que “el fiscal nos dijo que los trámites iban a estar súper rápidos, que no íbamos a tener ningún problema, y que lo que se nos ofreciera estaba a la orden. Hemos querido platicar con él y nada; sé que no nos va a atender”.
El 13 de septiembre, Luis Homero Águila, a quien sus conocidos apodaban El General Águila por su pasado militar, tenía una audiencia en el área de Atención Temprana. A las 10:04 disparó contra cuatro empleadas en las oficinas de la Fiscalía Central.
Dos de las víctimas, María Verónica García Carmona, de 58 años, y Laura Castañeda Amaral, de 45, fallecieron. La primera en el lugar del ataque, Castañeda Amaral el 16 de septiembre en el hospital Real San José. Junto a ella cayeron, con graves heridas en la cabeza, las trabajadoras sociales Araceli Bautista Rocha, de 47 años, y Elizabeth Flores Sánchez, de 43, y quien murió el pasado 27 de septiembre (Proceso Jalisco 619).
Martha Julia comenta: “Conozco muchas personas de la fiscalía que van nada más para que les den un sueldo. No es porque sea mi mamá, pero hasta nos descuidó a sus hijos por cumplir en el trabajo. Es cuando no se me hace justo todo lo que están haciendo las autoridades con nosotros”.
El colmo, dice, es que no les han entregado las dos quincenas que no alcanzó a cobrar su mamá ni el pago proporcional del aguinaldo y vacaciones. “Tuve que emitir una declaratoria de beneficiarios para tramitar el pago, apenas la semana pasada (a principio de marzo) en las oficinas de la fiscalía, por Enrique Díaz de León; se la mandaron al juez y hay que esperar que salgan los edictos para ver si no existe alguien que quiera reclamar. Es todo muy burocrático”.
Falta todavía el pago de pensión vitalicia, y eso que “dijeron en Recursos Humanos que no tardaría mucho”, comenta Martha Julia.
La mañana fatal
Martha Julia relata que su mamá tenía una semana laborando en el módulo de Atención Temprana, donde también se ubicaban las trabajadoras sociales.
“Atendía a todas las personas a las que les habían robado su casa, su carro. No le gustaba que estuviera el montón de gente sin atender, era muy dada a agilizar las cosas. Les decía: pásese para acá o usted para allá. Una de sus compañeras me comenta que ese día su amiga fue por ella para que se salieran a desayunar, pero mi mamá le dijo que se esperara poquito a que bajara el número de gente para irse sin ningún pendiente.
“El problema fue cuando llegó el sujeto (Homero Águila). Me comentan que el señor que disparó tenía un problema serio con las trabajadoras sociales porque le decían a la gente que no fueran con él a hacer los escritos. Mi mamá era MP especializado, pero me imagino que el sujeto con el coraje disparó sin fijarse.”
Dice Martha Julia que la mañana del 13 de septiembre se estaba arreglando para ir a su trabajo y su hijo jugaba en la cama.
“El papá de mi hijo me marcó como a las 10 de la mañana para decirme que llamara a mi mamá para saludarla y saber cómo estaba. Le contesté que ella acostumbraba a llamarme y mandarme mensajes, que si no lo había hecho es porque tenía trabajo. Me dijo: ‘no pierdes nada, márcale’.
“Le marqué y no me contestó. Le mandé un WhatsApp y le escribí: ‘Hola mamá’. No lo leyó. Pensé que tenía trabajo.”
–¿No te enteraste de la noticia por los medios de comunicación?
–Yo casi no veo la tele, no me gusta. Tenía mi música en el Spotify, perdida en mi mundo. Mi novio me volvió a marcar y me preguntó que si ya me había contestado mi mamá. Le dije que no. Me dijo: “Insístele”. Le pregunté por qué tanta insistencia y fue cuando me dijo que abrieron fuego en la fiscalía. Pero pensé: entre todos los que trabajan en la fiscalía, es súper imposible que le haya tocado a mi mamá, claro que no. Me dijo: ‘Tú insiste’.
“En eso a mí me empiezan a llegar fotos de mi mamá tirada, con sangre. Se me salieron las lágrimas.”
–¿Quién te mandó las fotos? Le pregunta la reportera.
–Yo creo que la misma gente de ahí, porque después, cuando estaba en el hospital, empezaron a circular las fotos de ellas con los aparatos. Me imagino que entre los mismos P.I. (policías investigadores) hicieron eso. Así quedó. Traté de tomar las cosas con calma. Pensé: es una foto y probablemente no es ella.
“Me marcaron de la fiscalía, preguntaron por mí. Me dijeron: queremos que estés tranquila. Cuando escuché eso y vi la foto saqué mi conclusión. Les dije: ‘Le dispararon a mi mamá, la mataron’… ‘Tu mamá está bien, no te preocupes’, me contestaron. Entonces pensé: el balazo fue en el brazo o en una pierna, se puede recuperar.”
Cuando le preguntó a la persona que la llamó de la FGE dónde estaba hospitalizada su mamá, le contestó que en la Clínica 46 del IMSS. Cuando se preparaba para salir recibió otra llamada.
“Apenas colgué me marcó el papá de mi hijo. Me dice: ‘Te tengo que decir, a tu mamá le dieron un balazo en la cabeza’. Yo empecé a llorar. Mi hijo me vio y también comenzó a llorar. Traté de tranquilizarme, me limpié las lágrimas y también a mi niño. Así como estaba me fui. Eché pañales y lo que el niño fuera a ocupar. Agarré taxi para ir a la 46.
“Cuando iba a llegar, me marcó el papá de mi hijo para decirme que mi mamá estaba en el Real San José. Me moví para allá. En cuanto llegué él ya estaba allá, le entregué al niño. No me dejaban pasar a ver a mi mamá por el estado en que estaba. Me dijeron que no la podía ver así. Prometí que me iba a tranquilizar, que no iba a gritar, que no iba a llorar ni a hacer ningún escándalo. Desde ahí me tuve que hacer muy fuerte.
“Entonces pasé. Mi mamá estaba en la cama, con el aparato y vendada de la cabeza, sin moverse. El médico nos dijo a mi hermano y a mí que tenía muerte cerebral. Sólo estaban esperando que su corazón dejara de latir. Explicó que no le pudieron sacar la bala porque las esquirlas rebotaron por todo su cerebro. Es como un foco cuando se funde, no hay forma de volver a repararlo. La bala le había dañado todo el cerebro.
“Yo todavía esperaba que ella tuviera una reacción, que se moviera o algo. Al día siguiente su semblante era un poquito mejor. Pero el doctor nos dijo desde el principio que no había nada que hacer.”
–¿Qué cambio le notaste a tu mamá?
–Su cuerpo llegó, me imagino que por la sangre coagulada, con moretes, alrededor de sus ojos y con la piel pálida. Al día siguiente ya no tenía los moretes, disminuyeron muy rápido. Pensé que a lo mejor se recuperaba. Le hablaba. Le sobaba los pies porque eso le gustaba mucho. Su cuerpo estaba calientito.
–Para ti seguía viva…
–Pues sí. Hasta que el doctor se acercó conmigo y me dijo que ya no le hablara, que ella no me escuchaba, que no me ilusionara. Yo creo que se desesperaba de ver tanta visita.
–¿Quiénes fueron a visitarla?
–Mi abuelita, mis tíos, la pareja de mi mamá, compañeros del trabajo. Siempre había P.I. afuera cuidándola. Si yo no daba permiso de que pasara la persona, nadie podía pasar. Y cuando pasaba me tenía que salir, o a veces me quedaba. Todos teníamos la ilusión de que se estaba poniendo bien.
“El día que falleció la sacaron para checar si tenía alguna reacción o algo, y después de que la revisaron escuché que estaban pidiendo una bolsa para muertos. Yo estaba junto a su camilla, saqué mi conclusión: mi mamá ya había fallecido. Le dije a mi familia, vamos ya, mi mamá ya falleció. Me dijeron: ‘No es cierto, el doctor no ha salido’. A los cinco minutos salió el doctor y dijo que falleció. Se me acercaron unas psicólogas para preguntarme cómo estaba, si era mi mamá, pero a mí me dieron la instrucción de no contestar.”
El 16 de septiembre se realizaron los trámites correspondientes y la funeraria preparó el cuerpo. El día 17, en la FGE se le rindió un homenaje para después trasladar su cuerpo al municipio de El Grullo, donde fue sepultada el 18.
“En vida, ella comentaba que si moría la llevaran a su tierra. Les pedimos que la trasladaran para allá. La fiscalía cubrió esos gastos junto con los alimentos”, comenta Martha Julia.








