Las academias municipales de Guadalajara, donde se imparten oficios a fin de que las personas de escasos recursos logren un mejor empleo o establezcan sus propios negocios, están abandonadas por las autoridades. Su número se redujo, las instalaciones lucen deterioradas, alumnos y profesores deben comprar el material (incluso gas y gasolina) y los aparatos necesitan mantenimiento o reemplazo.
Más de un año después de que se reportaran las pésimas condiciones de algunas sedes de las academias municipales de Guadalajara, así como su carencia de material y equipo, el ayuntamiento sigue sin atender el problema, pese a que al menos están enterados el coordinador general de Administración e Innovación Gubernamental, Agustín Araujo Padilla; el director general de Educación municipal, Baldemar Abril Enríquez, y la directora Operativa de Innovación y Desarrollo Educativo, Lorena Torres Ramos.
El 22 de marzo de 2016, el secretario del Sindicato Nuevo Jalisco (SNJ), Raúl García Lupercio, informó a Araujo Padilla que la academia número 28 “María Refugio Navarro Hernández” carece de baños, por lo que los asistentes utilizaban unas láminas para resguardarse mientras hacían sus necesidades fisiológicas tras ellas (oficio SNJ/RGL/0034/2016).
Le dio a conocer también de la necesidad de “enjarrar muros, pintar aulas y aplicar sellador para evitar goteras” en esas instalaciones, que se ubican en la calle María Reyes esquina Mercedes Celis, colonia Tetlán; y que la profesora de cultura de belleza carece de material, no hay espejos ni conexión de agua para lavar el cabello cuando las estudiantes practican; mientras que las máquinas del área de corte y confección ya requieren mantenimiento o que las sustituyan.
Este semanario acudió al lugar para conversar con las alumnas, quienes se quejaron de que en la escuela primaria, que está en el mismo predio que la academia, no se les permite usar los inodoros. Precisan que, ante la falta de baños, se abstienen de tomar agua antes de las clases, se aguantan hasta que termina una de éstas (hasta tres horas), van a una plaza cercana o a un local de tacos donde tienen que pagar por usar el inodoro.
Las paredes y techos de los salones están manchados de humedad. Y aunque las alumnas lamentan las malas condiciones del lugar, en especial por la falta de sanitarios, resaltaron su bajo costo: “Prefiero eso a tener que irme a un lugar donde me cobren caro y que no pueda pagar”, dice Laura.
Al preguntarles si hace falta material, aclaran que ellas llevan lo necesario e incluso se lo proporcionan a la profesora para que imparta el curso, puesto que a ella la academia no le da nada. Consideran que la enseñanza sí es de buena calidad.
En el portal de internet del ayuntamiento de Guadalajara se informa que las “academias municipales son las instituciones educativas creadas para ofertar a la población menos favorecida los servicios de capacitación para el trabajo, certificación de primaria, secundaria gratuitas, preparatoria virtual y el bachillerato técnico con especialidad en enfermería general, que les permitan integrarse adecuadamente al ámbito laboral o autoemplearse”.
En 1978 operaban 44 academias con un total de 15 mil 94 alumnos, actualmente funcionan 23 con 2 mil 770 estudiantes. Los 50 cursos se imparten en tres turnos. Durante la pasada administración, que encabezó el priista Ramiro Hernández, se informó que en el ciclo 2012-2013 se graduaron en esos talleres mil 800 personas.
De las 23 academias, 17 son de formación para el trabajo, tres de educación popular, una de tauromaquia y otra de charrería, así como de Enfermería y Optometría. La autoridad municipal indicó que ocho de estos establecimientos educativos cerraron por falta de demanda.
Los planteles están en zonas de escasos recursos del norte, centro, oriente y sur de Guadalajara. Ahí se pueden tomar clases de inglés, repostería, computación y artesanías, entre otras, durante dos o tres horas y dos o tres veces a la semana. Para este año, las academias cuentan con un presupuesto de 1 millón 430 mil pesos, tienen una plantilla de 233 empleados: 197 de base y 36 de honorarios.
Sin presupuesto ni respuestas
El pasado jueves 9 Baldemar Abril acudió a la academia 36 “Conchita Becerra”, que se ubica en avenida de los Ahuehuetes 13ª, colonia Arboledas, donde escuchó quejas de los usuarios porque sólo les permiten tomar dos cursos aunque los horarios no interfieran, faltan profesores y se cancelaron clases que tenían gran demanda.
Le dijeron también que se necesita material y que les urge mantenimiento a los salones y los equipos, sobre todo de computación y corte y confección.
A su vez, los profesores se quejaron de que tienen que comprar los materiales de su bolsillo, incluidos pintura y gasolina, si quieren impartir los talleres. Los trabajadores de intendencia también adquieren escobas y hasta una máquina sopladora para mantener el plantel limpio.
El día de la visita de Abril Enríquez, este semanario le preguntó:
–¿Se tiene un diagnóstico de cómo se encuentran las academias?
–Sí (…), se les pide que lleven un papelito y yo se lo hago entregar al presidente municipal. A él le mortifica mucho, siempre está con que no falten maestros ni material. Tenemos una bodega en Ocampo 222 donde hay jabón, escobas, todo, y muchas academias no tienen eso. Se los mandamos, pero parece que no llegan.
El director de Educación municipal indica que en octubre de 2015, en la primera semana que asumió el cargo llegaron a sus manos los reportes de las academias, los cuales coincidían en que su problema más grave es la falta de mantenimiento a la infraestructura. Cada director de academia “me dio su mapa de cuál es el problema de cada una”, dice.
Para empezar, señala que Enrique Alfaro ordenó que se pintaran los planteles y se arreglaran los baños.
No obstante, la academia 15, que lleva el nombre de la fundadora de la Escuela Normal de Jalisco, “María Trinidad Núñez”, ubicada en la colonia Atlas, se encuentra en mal estado. Se aprecian cuarteaduras a toda la estructura y marcas de humedad. A pesar de contar con personal de limpieza y mantenimiento, los baños lucen sucios, con sarro y plagados de grafitis, además de oler a orina y humedad.
Con todo, Marisa Mata Carrillo, quien imparte clases de cocina y panadería a grupos de 15 personas, afirma que las aulas de la academia –a las cuales se negó el acceso a la reportera– cuentan con los instrumentos y el mobiliario adecuados, que funcionan bien.
“Se nos proporciona la cocina y ahí se cuenta con el material necesario. Se intenta que el alumno esté a gusto y al final de cuentas se lleve su diploma cuando termine su curso”, resume.
La academia está alojada en el Centro Cultural Atlas, que alberga también la biblioteca pública “Agustín Yáñez”, una cancha de fútbol rápido y una explanada. Leopoldo Hernández, director del centro, confirma que todas las instalaciones se encuentran en estado funcional, “pero al ser un lugar público, es difícil”.
Algunos alumnos se dijeron felices con la oportunidad que se les brinda para prepararse para empezar a trabajar y establecer un negocio. En la academia se imparten cursos de computación básica, terapia física, cocina y repostería, banquetes y taquizas. La duración de los cursos va de tres a cinco meses y el costo es de 109 pesos por persona.
En un recorrido por la academia número 5, que se encuentra en las avenidas Circunvalación Oblatos y Artesanos, se comprobó que las protecciones de las ventanas están oxidadas; uno de los cristales de la puerta hacia las aulas está roto. Al preguntarle a una profesora de cultura de belleza si se podía usar el baño, afirmó que no había agua. La misma profesora cerró el área de aulas a las 13:00 horas y no se pudo constatar el estado interno de las mismas.
Según el oficio SNJ/RGL/0050/2016, que el SNJ envió a Araujo el 21 de abril de 2016, en esa academia las butacas son insuficientes, no hay pintarrones, marcadores ni material de limpieza. Unas máquinas de coser están descompuestas y otras necesitan mantenimiento. También se solicitó fumigar para combatir la plaga de ratas.
Sin embargo, a decir del sindicato esas condiciones prevalecen hasta la fecha.
En tanto, en la academia 23, que se localiza en la calle Urbano Gómez casi esquina con avenida Artesanos, en la colonia San Miguel de Huentitán, se observa que el techo de lámina cubierto con plafones está lleno de humedad porque en época de lluvia se cuela el agua.
Araujo está enterado de la situación, como se demuestra en el oficio SNJ/RGL/0021/2016 que el SNJ le presentó el 4 de marzo del año pasado. En ese documento se pide cambiar las láminas y aplicar sellador para evitar goteras, dar mantenimiento a las máquinas de coser, colocar un refrigerador en el área de cocina, pues el que se utiliza actualmente es de la profesora, y revisar el sistema eléctrico.
En esa academia los cursos son más caros, a 208 pesos el semestre, y si se toma la clase de cocina se debe aportar 150 pesos para el gas LP.
El 10 de junio de 2015, en su tercer y último informe de gobierno, el alcalde priista Ramiro Hernández mencionó que se invirtieron 10 millones de pesos en las instalaciones del DIF municipal, centros culturales y las academias para “convertirlos en espacios dignos en donde se pudieran tomar cursos y talleres”, pero esos recursos no dejaron huella en las instalaciones visitadas.
Por otro lado, profesores de las academias con jornadas reducidas consideran injusto que sus compañeros de jornada completa sí recibieron un aumento salarial anual. Esto propició que el Instituto de Pensiones de Jalisco les deduzca el concepto para su retiro. “Ahora ganamos menos y pagamos más a Pensiones del Estado”, lamenta una profesora.
Indican los inconformes que Alfaro Ramírez y Araujo están enterados de su situación, pero no les han respondido a sus peticiones. (Con información de Miguel de Híjar).








