Ejército pervertido

Existen pocos documentos críticos sobre las fuerzas armadas escritos por militares. El control de la institución es tal, que muchos soldados y oficiales se encuentran maniatados por una estructura de mandos que los acalla, vía la disciplina o el encarcelamiento. La única posibilidad para hacer un cuestionamiento es dejar la milicia y eso fue lo que hizo el médico militar Francisco González Durán de León, quien acaba de presentar hace unas semanas Memorias de un desertor (Ediciones del Ermitaño. Col. Narrativa; México, 2016. 330 pp.).

En estas Memorias el autor hace una relación de su incorporación a la Escuela Médico Militar. Con detalle cuenta la severa disciplina  de los cuarteles, la estricta opresión de los superiores sobre los inferiores, la incitación a la rivalidad como mecanismo de avasallamiento, y las maneras de burlar el orden por medio de prebendas. También la subordinación, en muchos casos, del ejército a presidentes y gobernadores, así como a poderosos criminales que han ocasionado acciones violentas para mantener privilegios.

La versión que presenta González Durán del ejército es la de una institución pervertida, que se manifiesta internamente a través de las jerarquías y normas trastocadas para beneficio de las altas autoridades, que sólo se ciñen de forma aparencial a las leyes. En lo externo es un aparato doblegado al Estado, que determina su actuar de acuerdo a los intereses de los poderosos grupos locales y nacionales. Además, en varios casos, la colusión con la delincuencia lo ha llevado a protegerla incumpliendo los deberes constitucionales y actuando en contra del pueblo.

Es importante la denuncia que hace González Durán sobre las órdenes que recibió, como responsable de una unidad médica en Tabasco, de no atender a enfermos delicados por ser supuestos simpatizantes del ejército zapatisa. El mandato provocó la insubordinación y desobedeció las disposiciones, lo que implicó una acusación para juzgarlo militarmente. Antes de ser arrestado desertó, y durante varios años estuvo escondido, a la vez que tramitaba su baja. Hasta que logró vencer al ejército en los tribunales sin ningún tipo de sanción carcelaria. La indignación causada frente a las infracciones militares lo llevó, además de pedir su baja, a escribir la denuncia para mostrar, ante la opinión pública, el carácter no sólo violento de la milicia sino el encubrimiento de actos injustos y criminales.

Las Memorias de un desertor de Francisco González Durán es un libro excepcional y valiente.