Gustavo Pérez, ceramista: la respuesta del barro

Las múltiples obras acumuladas en su taller a lo largo de 30 años conforman la retrospectiva Autorretrato, que el ceramista Gustavo Pérez monta en la galería del Museo de Antropología de Xalapa. Suma de sus partes y al mismo tiempo pieza única, la muestra da pie a las reflexiones del artista para explicar a Proceso su creación, sus inquietudes, sus sueños.

XALAPA, Ver.- Autorretrato es una propuesta inquietante que el ceramista Gustavo Pérez, radicado desde hace 30 años en esta ciudad, expone hasta el 12 de marzo en un espacio privilegiado, el Museo de Antropología.

La singular instalación surgió de un sueño de Gustavo Pérez, tras la invitación del museo: imaginó una especie de tapiz, un inmenso dibujo que ocupaba toda la sala, con la enorme cantidad de piezas que se habían ido acumulando en las bodegas de su taller,

Es la tercera vez que expone en ese recinto, donde se lleva a cabo la conversación. El artista habla, además de su trabajo actual, sobre su proceso creativo en general:

“El barro, obviamente, no dice nada… pero responde a la presión de mis dedos, a los cortes que hago, y es así como mis ideas pasan de ser intuiciones a la claridad de hacia dónde debo dirigirme. Esto lo determina siempre la respuesta del barro.”

Explica entonces que la selección “se dio a partir de la elección de  piezas representativas de diferentes temas de muchas etapas”.

Finalmente, frente a la sala vacía, su reto fue empezar a organizar las piezas de acuerdo a los temas, “porque una de las cuestiones que se me hizo muy interesante fue que una  muestra así constituye finalmente una gran retrospectiva de los 30 años de vivir en Xalapa, de lo hecho en mi taller”.

Su trabajo se ha desarrollado a partir de una sola pasión, el oficio, “mi gran amor a la alfarería, trabajo al que le tengo gran respeto al y que fue el origen de mi aprendizaje”, que en los últimos años lo ha conducido de manera natural, dice, hacia algo más personal, lo escultórico.

Pues en sus inicios creaba vasijas de forma tradicional, cuyo tratamiento de la superficie se fue volviendo más complejo: intervino el  dibujo sobre la superficie, las líneas que algunas veces se abren y dan lugar a esos cortes que se transforman en relieves.

Sigue:

“Más adelante las formas se abren y se pliegan, se comprimen, y en los últimos tiempos son una combinación de todos estos temas en algo que percibo como la mayor libertad que me da la experiencia. En cada una de estas etapas he pasado años: Temas formales. Mis temas no son nada que sea ajeno a la naturaleza del barro. Todo es con el barro, todo es una relación directa con la arcilla.”

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Se le pregunta acerca de la creación de un lenguaje propio.

“Lo que aquí se puede ver es el resultado de muchos años en muchas direcciones, con una evidencia: a mí no me preocupa el ser consecuente en el desarrollo de mi trabajo, sino con la certeza de que si se trabaja de manera consecuente, honestamente, todo se integra, y eso es lo que puede dar una unidad. Así pasa de lo geométrico a lo orgánico, obedeciendo siempre al ‘impulso intuitivo’, estados de ánimo, la curiosidad por desarrollar algo.”

Resume:

“Previo al montaje tuve la certeza de que sería una propuesta monumental… sin saber si sería sólo monumental como fracaso.”

Para Gustavo Pérez el interés esencial reside en la forma y su aspecto  gráfico:

“Digamos que con una paleta definida con una serie de unos cuantos esmaltes se pueden hacer muchas cosas, la cerámicas es un mundo muy amplio, muy rico, con muchas posibilidades técnicas…”

Todas las piezas que integran Autorretrato están elaboradas en el torno. Para referirse al proceso creativo, recurre a la metáfora de un árbol:

“Cada uno de los desarrollos es una rama. Naturalmente, si el árbol crece más, y más ramas se presentan, es un proceso natural. A veces puedo descubrir cómo hay una tendencia de hacer formas cerradas que puede corresponder a momentos o estados de más introspección, y cómo a veces hago flores, formas muy abiertas y generosas que tal vez corresponden a momentos de más serenidad y apertura…”

La instalación incluye una gran cantidad de piezas minúsculas que Pérez llama juegos… pedacitos de barro que le quedan en la mano al concluir, y con los que hace, sin miedo, lo que sea “de la manera más lúdica e irresponsable”.

Humor y juego que van a contrapartida de la precisión y meticulosidad conque realiza sus obras. Responsabiliza a sus padres, pues “con las reglas impuestas en casa me hicieron ser de cierta manera y probablemente de ahí viene mi necesidad de hacer estas formas nítidas y limpias.

Quizá por ello lo que más admira es la libertad de los artistas “que pueden trabajar de manera más gestual, muy espontánea y sin atención a la precisión. Y sin embargo, en su trabajo, “tengo siempre la esperanza de que dentro de ese rigor esté la expresión, la libertad, y eso quizás se da al atreverse a hacer lo impensable, explorando en una dirección que no te garantiza nada en absoluto.”

Enfatiza:

“Y es ahí donde hay algo nuevo que descubrir. Conviene atreverse, hay que correr el riesgo siempre, estar dispuesto a ir lo más lejos posible hasta el exceso, hasta que la pieza colapse. Sólo así sabes dónde detenerte.”

Por ello piensa que es importante fracasar para descubrir, “que afortunadamente como artista plástico no tienes la responsabilidad de un médico, de un  cirujano… si se te muere tu paciente lo vuelves a amasar.”

Y es que el barro, a lo largo de 45 años, ha sido su instrumento de expresión “que me ha dado muy frecuentes momentos de felicidad fugaz, felicidad del momento, cuando hay la sensación de haber descubierto algo nuevo, de haber dado a la pieza su equilibrio”.

En estos tiempos convulsos por los que atraviesa Veracruz, y ante la posibilidad de que su muestra sea una respuesta, dice el ceramista que no es momento de detenerse, de renunciar a los grandes proyectos personales:

“Hace falta hacer las cosas, si no con optimismo ingenuo, sí con una voluntad de que la realidad no nos aplaste, nos oprima o nos anule. Hace falta mantener la energía, como una aportación  personal a la realidad.”

De ahí que resuma:

“A mí me toca esto que tiene que ver con lo ancestral. Una manera de estar en el mundo finalmente.”