Señor director:
Le solicitamos que publique este comentario a la entrevista que la reportera Judith Amador hizo al director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Diego Prieto, la cual fue publicada en el número 2102 de Proceso bajo el título “Todo seguirá igual en el INAH, propósito de Diego Prieto”.
En 2014 el gobernador poblano, Rafael Moreno Valle, inició lo que describió como “dignificación” de la zona ceremonial de las Cholulas. Ante esto no sólo intentamos ampararnos como ciudadanos cholultecas por la construcción de un puente vial a menos de 500 metros de la gran pirámide, ya que violaba el artículo 8 del decreto que protege la zona desde 1993, sino que atestiguamos y denunciamos la destrucción arqueológica y cultural que esas obras provocaban.
Al año siguiente, con maquinaria pesada, empezaron aplanados y empalmes sobre la gran pirámide y plataformas aledañas. A partir de entonces solicitamos entrevistas no sólo con Moreno Valle sino con Teresa Franco, quienes nunca nos recibieron.
Después de meses de espera y cancelaciones de citas, una vez concluidas las obras sobre el gran edificio y ante evidencias de destrucción arqueológica y denuncias de afectación cultural a los pueblos cholultecas, fuimos recibidos por Diego Prieto y otros funcionarios del INAH el 20 de enero de 2016. A la reunión asistió Adán Xicale, recién liberado de prisión después de un año dos meses de encierro ¡por exigir respeto a los usos y costumbres, así como a los suelos arqueológicos en el entorno del Santuario de la Virgen de los Remedios!
En esa reunión acordamos que nos entenderíamos, además, como colegas antropólogos e historiadores interesados en preservar el patrimonio arqueológico y cultural de las Cholulas. Acordamos otra reunión la semana siguiente en la zona arqueológica para mostrarle al entonces secretario técnico las llamadas “adecuaciones urbanísticas” del gobernador que violaban la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticos e Históricos.
Para entonces todo el entorno de la gran pirámide y parte del edificio piramidal estaba reinterpretado en un polideportivo con nuevos estacionamientos para coches. A esa reunión el señor Prieto y su gabinete nunca llegaron, y unos meses después, plazoletas de cemento, pistas de tartán y andadores alteraron el uso tradicional ceremonial y de cultivos en los predios, transformado el espacio en una zona recreativa que dificultará la realización de futuras investigaciones culturales en la zona.
Durante largo tiempo los directivos del INAH han permitido la degradación de la zona y que el área perimetral de la gran pirámide sea ocupada como tiradero de basura, deshuesadero de autos y estación de combis, entre otros usos. Además, autorizaron –o por omisión permitieron– nuevas construcciones (como la ampliación de la vivienda del actual alcalde de San Andrés Cholula, Leoncio Paisano).
El plan de manejo por zonas sugerida por los arqueólogos del INAH (que el señor Prieto dice cumplir celosamente) nunca fue considerado (o sólo discrecionalmente) cuando se ponían de acuerdo para violarlo los distintos presidentes municipales y directivos del INAH. La sugerencia de establecer zonas de cultivo para no afectar construcciones arqueológicas subterráneas, por ejemplo, fue ignorada al momento de otorgar permisos municipales sobre uso de suelo.
Aquellos que volvieron indigna la zona con el pretexto de “dignificarla” presentaron además un proyecto de centro comercial, con hoteles y restaurantes, a un costo millonario para las arcas públicas. El gobernador discutió el plan con el INAH, sin participación ni información a la comunidad cholulteca. Eso sí, nunca hubo presupuesto para invertir en el mantenimiento urgente que requiere la estructura de la gran pirámide ni para reiniciar la investigación arqueológica y cultural que reclamamos al INAH y al gobierno mediante una movilización social casi cotidiana, que al final logró detener los aspectos más agresivos del proyecto original.
En las dos Cholulas nos encontramos actualmente contando los días para que termine este fatídico sexenio encabezado por un presidente incapaz de mencionar tres libros leídos, un secretario de Educación Pública que recomienda a los niños “ler” y unos directivos del INAH mentirosos y sumisos, más interesados en columpios y resbaladillas que en explorar el pasado de una de las ciudades más importantes de Mesoamérica.
¿Es así como colabora usted con la formación de la idea de patria que tanto presume, señor Diego Prieto?
Atentamente:
Julio Glockner
Anamaría Ashwell








