Trump envalentona a Netanyahu…

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca envalentonó al gobierno de Benjamín Netanyahu, quien autorizó nuevos asentamientos judíos en los territorios ocupados. Por su parte, los palestinos temen que la nueva administración estadunidense deje de ser un árbitro en el conflicto y entierre la solución de dos Estados, la defendida por la comunidad internacional desde hace décadas. Y el inquilino de la Casa Blanca sólo atina a mandar señales contradictorias, como cuando amaga con llevar su embajada a Jerusalén, o bien, cuando afirma que no le importa cuál solución se le dé a esa zona en conflicto.

Jerusalén.- “Dos Estados, un Estado. Estaré feliz con la opción que decidan israelíes y palestinos. Puedo vivir con cualquiera de las dos”.

La frase, simple en apariencia, pronunciada por el presidente estadunidense Donald Trump el miércoles 15, representa un punto y aparte con la línea defendida por Washington en los últimos años como base para cualquier acuerdo de paz entre israelíes y palestinos: dos Estados independientes con fronteras estables y justas.

La declaración de Trump, tras recibir al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu en la Casa Blanca, también confirma que una nueva página se abre y la era de Barack Obama queda definitivamente atrás en Medio Oriente. La nueva administración estadunidense parece inclinarse hacia las propuestas defendidas por el ala más radical del actual gobierno israelí, que no quiere oír hablar de un Estado palestino, defiende la colonización de Cisjordania y Jerusalén Este y apuesta por una futura anexión de estas tierras.

“Una era, nuevas ideas. No hay necesidad de un Estado palestino”, se felicitó el ministro israelí de Educación, Naftalí Be­nnett, líder de la formación ultranacionalista y procolonización Hogar Judío.

Israelíes y palestinos aguardaban respuestas sobre la política de Washington hacia Medio Oriente. La Casa Blanca había permanecido silenciosa en las últimas semanas ante decisiones del gobierno de Netanyahu relacionadas con la expansión de sus colonias, lo cual había sido interpretado por Israel como un apoyo incondicional, y por los palestinos como un nuevo golpe a su objetivo de tener un Estado independiente.

Y si bien Trump no dio un cheque en blanco a Netanyahu y le pidió que asuma ciertos “compromisos” y muestre más “flexibilidad”, tampoco criticó abiertamente sus actuales políticas.

“Durante años Estados Unidos ha calificado a las colonias de ilegales, no ha reconocido la ocupación y anexión de Jerusalén Este y ha apoyado la idea de dos Estados. Ahora nos está forzando a ver la posibilidad de que haya un solo Estado. Que quede claro: no es nuestra posición oficial pero se nos está obligando a considerar la opción de un Estado laico y democrático con iguales derechos para israelíes y palestinos”, declara a Proceso el portavoz de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Xavier Abu Eid.

“La solución de dos Estados ya representa un histórico y doloroso compromiso del pueblo palestino que reconoce a Israel sobre 78% de la Palestina histórica”, matizó Saeb Erekat, secretario general de la OLP, refiriéndose al territorio establecido en 1948 por la comunidad internacional para el recién creado Estado de Israel.

Pero desde entonces el mapa de Israel y Palestina ha cambiado mucho. A partir de 1967, tras la Guerra de los Seis Días, comenzó la ocupación israelí de Cisjordania y Jerusalén Este. Ahora 600 mil colonos viven en más de 130 asentamientos en Cisjordania y en más de 20 implantaciones de diversos tamaños en Jerusalén Este, según cifras de la ONG israelí antiocupación Peace Now. El derecho internacional considera ilegales todos estos asentamientos en tierra palestina.

Los dirigentes palestinos son los primeros en darse cuenta de la dificultad real­ de crear un Estado palestino debido al avance silencioso e implacable de la colonización israelí en Cisjordania y Jerusalén Este, a la separación física entre estos territorios palestinos y la Franja de Gaza y a la innegable división de los dirigentes palestinos. El partido Fatah, del presidente palestino Mahmud Abbas, y los líderes del movimiento de resistencia islámico Hamas, que controla Gaza, no consiguen un entendimiento mínimo que permita defender sus intereses con más fuerza.

Según un sondeo publicado el jueves 16 por dos centros de estudios –uno de Israel, otro de Palestina–, 55% de los israelíes y 44% de los palestinos apuestan hoy por una solución de dos Estados. Hace seis años esta propuesta recibía 15% más de apoyo entre las dos comunidades.

“Si le preguntas a la gente si apoya la idea de dos Estados, la mayoría te va a decir que no. El declive de esta opción es significativo pero comprensible. La situación en el terreno es tal que la idea de dos Estados ya no se ve factible”, explica a Proceso Khalil Shikaki, director del Centro Palestino de Investigaciones de Ramala, Cisjordania.­

“Y las palabras de Trump tendrán un impacto muy negativo en el ánimo de la gente. Israelíes y palestinos van a decirse: ‘Si Estados Unidos ya no apoya la idea de dos Estados, seguro que no se producirá nunca’. Y otras alternativas emergen, como la de un solo Estado binacional”, agrega.

Colonizar, anexar

En menos de un mes los efectos del cambio de gobierno en Washington se notan en esta región azuzada por un conflicto de más de 50 años. Más de 6 mil casas en asentamientos de Jerusalén Este y Cisjordania, una nueva colonia en construcción, la primera desde los noventa, una ley que regulariza 4 mil casas ilegales en asentamientos erigidos en tierras privadas palestinas. Netanyahu y su gobierno se sienten envalentonados y respaldados en el inicio de la era Trump.

Y la Casa Blanca ha reaccionado con tibieza ante estas decisiones de Israel: “Me gustaría que te retuvieras un poco con respecto a los asentamientos”, se limitó a decir Trump a Netanyahu, como quien habla a un amigo, durante la rueda de prensa conjunta que ambos ofrecieron el miércoles 15.

El gobierno estadunidense ya había estimado en un comunicado previo que la expansión de los asentamientos “puede no ayudar” a resolver el conflicto, pero sin considerar a las colonias un obstáculo para la paz.

“Los chinos son chinos porque vienen de China, los japoneses se llaman japoneses porque vienen de Japón y los judíos se llaman judíos porque vienen de Judea (nombre bíblico de la actual Cisjordania palestina)”, dijo Netanyahu a modo de respuesta, en una declaración que muestra claramente cuál es y será la política de su gobierno.

“Netanyahu usa la religión para justificar una guerra por la tierra”, lamenta Abu Eid.

En esta línea de expansión colonial que lleva a cabo Israel, el lunes 6 el Parlamento israelí, la Knesset, aprobó una ley inédita que legaliza medio centenar de colonias consideradas ilegales por el propio Estado, por erigirse en propiedades privadas palestinas sin ningún permiso oficial. En total, unas 4 mil casas se verán beneficiadas por esta ley que para los palestinos da carta blanca “al robo” y la “expropiación forzada” de tierras.

Además, es la primera vez que la Knesset legisla sobre tierra palestina en Cisjordania, pues este territorio, ocupado desde 1967, está sujeto a las leyes militares, sobre las cuales el Parlamento en teoría no tiene autoridad. Promulgar esta ley es para los palestinos y buena parte de la comunidad internacional el primer paso hacia la temida anexión de Cisjordania a Israel.­

“Al aprobar esta ley, el Parlamento israelí legisla sobre el estatus legal de tierras que se sitúan dentro de los territorios ocupados, algo que va más allá de su jurisdicción”, recalcó Federica Mogherini, responsable de la diplomacia de la Unión Europea.

La repulsa de la comunidad internacional fue unánime, pero Trump no se refirió concretamente a esta ley durante su comparecencia ante la prensa con Netanyahu.

En los últimos ocho años, durante el gobierno de Obama, Israel recibía llamadas de atención o serias advertencias de Washington cada vez que realizaba un anuncio sobre nuevas casas en asentamientos o se pronunciaba contra una solución de dos Estados. Muchos de los planes de expansión de las colonias fueron congelados debido a la presión estadunidense.­

“Todas estas políticas juntas impedirán de una vez y para siempre la existencia de un Estado palestino. E Israel ante esto tiene dos opciones: transformarse en un Estado apartheid, tipo Sudáfrica, o integrar de alguna manera a los 3 millones de palestinos de Cisjordania. Cualquiera de las dos posibilidades va a ser a la larga funesta para Israel y se volverá contra quienes hoy están pletóricos y defienden un Estado judío”, vaticina Meir Margalit, activista israelí y exconcejal de Jerusalén

Estados Unidos concede anualmente una ayuda militar a Israel del orden de 3 mil millones de dólares. Además, numerosas organizaciones estadunidenses financian actividades vinculadas con los asentamientos. Según documentos publicados por el diario israelí Haaretz, el nuevo embajador en Israel, David Friedman, y el yerno de Trump, Jared Kushner, han apoyado financieramente al asentamiento de Bel El, cerca de la ciudad palestina de Ramala.

“Trump está rodeado de judíos de derecha comenzando por su embajador en Israel, David Friedman, y su yerno. Todos comparten la misma opinión sobre Israel. El presidente no tendrá problemas en ser proisraelí”, afirma el analista político israelí Efraim Inbar.

Según el sondeo citado anteriormente, 77% de los palestinos y 69% de los israelíes están convencidos de que Trump será proisraelí. Sólo 10% de los palestinos y 25% de los israelíes creen que buscará relanzar las negociaciones, pese a que Trump se dice capaz y deseoso de alcanzar lo que sus predecesores no lograron: un acuerdo de paz.

“Estados Unidos apuesta por la paz, por un gran acuerdo de paz. Trabajaremos en ello sin descanso (…) Será un acuerdo más amplio y mejor de lo que mucha gente en esta habitación piensa. No estaría tan contento ni sería tan optimista hoy si no estuviera convencido de que podemos lograrlo”, dijo tras su encuentro con Netanyahu.

¿Embajada en Jerusalén?

“Mazel tov (felicidades, en hebreo), presidente Trump, por su decisión de cambiar la embajada de Jerusalén”, se leía en un inmenso cartel colocado en un edificio en construcción en esa ciudad, el día en que el nuevo mandatario asumió su cargo.

Trasladar la embajada estadunidense de Tel Aviv a Jerusalén fue una de las promesas de campaña más polémicas de Trump y creó grandes ilusiones en una parte importante de la sociedad israelí, que considera que Jerusalén es su capital “única, eterna e indivisible”.

Pero la mayoría de la comunidad internacional no reconoce la ocupación y posterior anexión por parte de Israel de la parte este o palestina de la ciudad tras la Guerra de los Seis Días y por ello tienen sus embajadas en Tel Aviv. Además, en las conversaciones de paz de los últimos 25 años, se ha repetido hasta la saciedad que una paz duradera debe sustentarse en un reparto de territorio basado en las fronteras de 1967 y en la creación de un Estado palestino que tenga a Jerusalén Este como capital.

Los palestinos y diversos países árabes han comenzado a enviar mensajes en el ámbito diplomático advirtiendo de los riesgos que entrañaría esta decisión. Mah­mud Abbas ha hablado incluso de la posibilidad de revocar el reconocimiento de Israel como Estado.

“Cambiar la embajada a Jerusalén sería una declaración de guerra contra los musulmanes. Si alguien piensa que no tendría consecuencias, se equivoca”, advirtió Jibril Rajub, uno de los líderes de Al Fatah, el partido de Abbas.

El portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, ha dado a entender que la decisión no será inminente y que sólo se estaban dando “pasos preliminares”.

“A nosotros no se nos ha dicho oficialmente que la embajada no se va a mover de Tel Aviv, como han sugerido algunos medios. Pero tampoco lo contrario. Lo que sí es cierto es que ha habido intentos de establecer contactos con Trump y su entorno y en muchos casos nuestros mensajes incluso se han ignorado”, admite Abu Eid.

Trump también ha evitado la cuestión en varias entrevistas. “Me gustaría que ocurriera (el traslado de la embajada). Es un tema que estudiamos con gran cuidado, créanme y ya veremos qué pasa”, se limitó a decir el miércoles 15.

“Creo que Trump trasladará la embajada y lo que me parece increíble es que no haya más países que tomen la misma decisión y pongan sus embajadas en el lugar que nosotros, los judíos, hemos elegido como capital, que es Jerusalén. ¿Por qué no? Jerusalén Oeste no es un territorio en disputa, según la comunidad internacional. Entonces, ¿cuál es el problema?”, se pregunta Inbar.

El hecho de que Trump haya elegido como embajador en Israel a David Friedman, un banquero judío partidario de la anexión de los territorios ocupados y de los asentamientos, aumenta, a ojos de los analistas, las probabilidades de ver a corto plazo una embajada estadunidense en Jerusalén.

“Un desastre, una verdadera calamidad (…) Presionado por los colonos, Friedman se centrará en el traslado de la embajada a Jerusalén. No tendrá en cuenta la oposición de una parte de la sociedad israelí, de la Unión Europea o del mundo árabe. Un embajador fanático, manipulado por fanáticos”, clamaba el columnista del diario Haaretz Israel Harel.

Pero la realidad es que pasada la reunión con Netanyahu y su primer mes en la Casa Blanca nadie puede asegurar al día de hoy si Trump preferirá ser proisraelí o ser recordado por haber impulsado un acuerdo de paz en Medio Oriente.

“Estados Unidos no es cualquier país, necesitamos que sea parte de la solución”, zanja Abu Eid.