Desde su fundación en los años treinta, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) es un organismo que investiga, preserva y gestiona el patrimonio cultural de la nación. Compleja tarea que a más de recrear y reinterpretar la cultura, esto es, reactivarla en modo fundamental, sienta las bases, con la difusión de sus museos, con la preservación de las zonas arqueológicas, del patrimonio barroco virreinal, y en general de la historia material y espiritual de México, para reforzar en alto grado la atracción turística nacional e internacional que deja cuantiosas divisas a la economía.
En este solo aspecto, el INAH es una institución vital del Estado nacional, del gobierno y de la sociedad en general. Por otra parte, esta noble institución se encarga en alta medida de dos tareas sofisticadas del país: la intensificación de la identidad nacional del ciudadano en la medida en que vincula y estimula en éste el conocimiento de su pasado, pues quien desconoce la historia de su país es como un extranjero en su propia patria, como dijo nada menos que Heródoto, Padre de la Historia.
Por otra parte, el INAH se encarga de mantener, refinar y difundir la mejor imagen de México en el extranjero, con exposiciones, comunicaciones diplomáticas, con temas de la alta cultura mexicana.
Ante la creación reciente de la Secretaría de Cultura, el instituto enfrenta la posibilidad de cambios, reajustes que reestructuran a fondo sus labores, incluso a nivel de la modificación tajante de sus reglamentos internos y referentes externos y de su relación con otras secretarías de la federación. Desde finales del año pasado, por ejemplo, se aplicó un importante recorte a su presupuesto en 184 millones 939 mil pesos. Lo que redundó en un recorte de 20% para los modestísimos presupuestos de sus áreas de investigación. Para el presente se habla de otro ajuste presupuestal que alcanzaría los 400 millones de pesos. Golpe mayor a la institución.
Y otro asunto también muy preocupante es que se juega con la idea de crear una subsecretaría del patrimonio cultural independiente, y este contenido es nada menos que la espina dorsal del instituto. Sin dinero y fuera de su función tradicional del cuidado del patrimonio cultural de la nación, la institución se desbarata. ¿Para qué? ¿En aras de qué?
La nueva secretaría y la política gubernamental en materia patrimonial-cultural ha dado muestras fehacientes de inclinarse, cuando se habla de “la cultura”, hacia los productos del arte, guardando un silencio calculador respecto de la cultura en su dimensión antropológica, que es el arraigo, realmente, del fenómeno, el estímulo a la captación de divisas, el reforzamiento identitario del ciudadano y la prefiguración de la imagen mexicana en el extranjero. Los viajeros que vienen a nuestra casa, digámoslo contractivamente, vienen a escalar las pirámides y a echarse un clavado en las playas. Casi nadie viene a ver una exposición de pintura ni a escuchar un concierto.
Sin embargo, ante la “necesidad” gubernamental de restringir el presupuesto al área de cultura, se aplicaron las cifras antedichas al INAH, y ni un centavo se descontó a Bellas Artes. ¿Será que el gobierno menosprecia la investigación patrimonial y en cambio teme a los artistas que tienen voz y voto en los medios de comunicación y en el extranjero? De hecho estos últimos han estado callados frente a la política gubernamental sobre la cultura.
El gobierno debe replantear su conocimiento sobre la función estratégica del Instituto Nacional de Antropología e Historia, y es necesario también que la sociedad haga conciencia sobre esta función recurriendo a la información que al respecto deben proporcionar los investigadores de las diversas áreas del INAH.
Por su parte, el investigador tiene la obligación de explicar, al gobierno y a la sociedad, en qué consiste su tarea, qué significa, cuál es su utilidad, desde todas sus especialidades: la historia, la etnohistoria, la arqueología, la etnología, la antropología social, la antropología física, la lingüística.
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* Titular de la Dirección de Estudios Históricos del INAH.








