Pide a Fabrizio Mejía volver a los trabajos del Constituyente

Señor director:

Mucho le agradeceré un espacio en Palabra de Lector para hacer algunos comentarios respecto de la columna Tiempo Fuera, titulada “El botón del Constituyente”, de Fabrizio Mejía Madrid, publicada en la edición 2098 de Proceso.

Estimado diputado: no acepto su renuncia.

Me sorprendió enormemente su columna, máxime porque leyendo sus libros (en especial Disparos en la oscuridad) creí que tenía la piel menos sensible. Aunque también he de decir –parafraseando a Borges– que muchas veces lo que escribimos no se parece a nosotros.

¿No se siente muy legítimo porque “sólo” votamos 28% de los electores? Son escrúpulos que definitivamente no comparte ningún político en nuestro país. ¿Se siente mal con sus allegados porque quieren ser choferes o le cuestionan por la chamarra o los zapatos? ¡Por favor! Pero dejemos eso de lado.

Me desconcierta que no supiera desde el inicio con qué fauna iba a tratar. El PAN envió a lo mejor de lo peor que tiene: Roberto Gil Zuarth, Mariana Gómez del Campo, Ernesto Cordero, Gabriela Cuevas, Federico Döring, Cecilia Romero. Todos estos son nombres ligados a la corrupción más cínica y, al mismo tiempo y hasta por lazos de sangre, al Yunque y al Opus Dei. Lo más retrógrada que hay dentro de la política nacional.

El PRI envió, al menos, a su ala “intelectual”: Beatriz Pagés Llergo, Enrique Jackson, María Esther Sherman, César Camacho y otros a los que se podrá acusar de muchas cosas, menos de que no sepan para qué están ahí.

De los demás no me sorprende ver a gente como Gabriel Quadri, Santiago Creel y hasta “un bombero cuya única pasión era crear la Secretaría de la Bombería”. Ellos, todos, están cumpliendo su papel, sea éste el que sea.

¿Llegaron a las afueras de la Asamblea sólo los animalistas y los esbirros de Norberto Rivera de ProVida? ¿No apareció la sociedad civil? La explicación es muy sencilla: Ellos, ProVida y los animalistas, no representan el espíritu de los ciudadanos de nuestra urbe. Tienen que ir a gritar para hacerse notar y que alguien –seguramente dentro de la bancada del PAN– les dé tantita “representación” a sus (legítimas) demandas.

¿Los demás? Pues los demás fuimos ese 28% que sí votó, y lo hizo para tener en el Constituyente gente pensante y de avanzada que nos representara. ¿Dónde está la sociedad civil? En gente como usted, diputado. Usted y muchos como usted son los representantes de esa sociedad civil que, de una forma u otra, hacen contrapeso en ese juego amañado.

¿Qué vamos a hacer nosotros, diputado, si la gente como usted “renuncia”? ¿Si Damián Alcázar es de los diputados más faltistas? Es curioso que sean precisamente ustedes, los democráticamente electos, los que renuncien a la más alta responsabilidad de sus vidas.

Por lo que a mí respecta, no acepto que se “quite de la solapa el botón y lo guarde en el fondo de un cajón”. Yo voté por usted y por representantes como usted y no acepto su renuncia.

¿A dónde vamos a llegar si las bancadas del PAN y el PRI son las menos faltistas?

¿Dónde está la sociedad civil? Pidiéndole que la represente y que vuelva a su trabajo. Su cita con la historia aún no termina.

Atentamente:

Parte del 28% que sí votó

Alejandro Cardiel Sánchez

Respuesta del colaborador

Señor director:

No creo que el grosor cutáneo o el “así es la política, o ¿qué no sabías?” sean el fondo de mi renuncia al Constituyente. Tampoco me resulta “curioso” que los ciudadanos que no estamos sujetos a las disciplinas de los partidos y sus cálculos electorales seamos los que nos hemos alejado. Es, más bien, sintomático. Si todos los asambleístas de Morena, el PRD, MC y constitucionalistas votan en el mismo sentido, todavía faltan nueve votos para hacer mayoría calificada. Y tienen que negociar con los designados que no representan la soberanía popular (la del 28%), sino la de algún poder constituido por fuera.

Como se ha visto, ese intercambio entre electos y designados ha descafeinado, cuando no tergiversado, los derechos individuales y colectivos por los que hemos luchado durante décadas los chilangos. Avalar ese resultado sería, como dije en mi carta de renuncia, ir contra mi conciencia, pero también contra los electores y la ciudad. A eso no renuncio. El espacio para los ciudadanos tendrá que ser, por lo pronto, otro distinto al del enrarecido edificio de Xicoténcatl.

Atentamente:

Fabrizio Mejía