Arte chino en San Ildefonso

Una gran desilusión provoca la exposición de arte chino que se presenta en el  Antiguo Colegio de San Ildefonso en la Ciudad de México, promovida como “una excelente oportunidad para apreciar las nuevas manifestaciones culturales de este gran país asiático”.

Pero la muestra no cumple lo que ofrece. Constituida por expresiones que manifiestan estéticas tradicionales que se han mantenido sin innovación desde distintos pasados hasta el presente, la exposición Obras maestras del Museo Nacional de Arte de China no sólo debilita la de por sí frágil credibilidad de las instituciones museísticas gubernamentales sino que, también, detona severos cuestionamientos sobre los procesos de producción de las exposiciones de arte.

¿A qué intereses responden estas muestras? ¿A servicios culturales para la sociedad, a compromisos políticos, a intereses económicos, a complicidades comerciales? Respuestas que, por respeto a los ciudadanos que pagan los salarios de los funcionarios museísticos, deberían transparentarse en los boletines de prensa.

Las verdaderamente nuevas manifestaciones de artistas chinos son  deslumbrantes y presentarlas en México hubiera sido un gran acierto. Magistrales en la asimilación de las estéticas tradicionales –tanto ancestrales como socialistas– y con lenguajes contemporáneos, los pintores han creado inquietantes discursos que vinculan lo finito y lo infinito a través de la sorna, el hieratismo, la belleza, el kitsch y el pastiche.

Herederos de un conocimiento ancestral sobre la emotividad de las atmósferas pictóricas y curiosos ante la cultura visual global, algunos artistas chinos han demostrado que los géneros tradicionales tienen una inquietante actualidad. En el contexto del retrato, las espléndidas reinterpretaciones de Zhang Xiaogang sobre conjuntos familiares fotografiados en la época de la revolución cultural, los no-retratos de personajes mediáticos de Yan Pei Ming –como el actor Bruce Lee o el ex presidente Obama–, y las burlonas autorrepresentaciones de Yue Minjun, hubieran sido una excelente aportación para el público mexicano.

En la reinterpretación de las estéticas socialistas, los confrontantes discursos de Wang Guangyi que sugieren la vinculación de los sistemas capitalista y socialista, a través de imágenes y logotipos de marcas de moda, habrían sido más interesante que las simplistas reinterpretaciones que presenta la exposición.

En la referencia a la cultura de actos públicos socialistas, las espléndidas imágenes de conjuntos femeninos de Cui Xiuwen y las cínicas interpretaciones de Fang Lijun hubieran sido más estimulantes. Carente de expresiones caligráficas, como las finas y expandidas intervenciones con cabello humano de Wenda Gu, y sin propuestas tan osadas como el irónico pop-kitsch turístico que caracteriza a los Hermanos Luo, la exposición que presenta el Antiguo Colegio de San Ildefonso se limita a una imagen tradicional, conservadora y estereotipada del arte chino.

El pasado 30 de diciembre, a la edad de 106 años, murió el creador de las imágenes de la película Bambi, de Walt Disney. Norteamericano de origen chino, Tyrus Wong reinterpretó con atrevidos cromatismos las atmósferas de los paisajes tradicionales del periodo de la Dinastía Song (960-1279). Realizada en 1942, Bambi es un ejemplo de la osadía creativa del arte chino no institucional.