BOGOTÁ.- La Novia Celestial no es el título de una novela, sino un caserío colombiano ubicado en el sureño departamento de Caquetá. Hasta el pasado martes 10 casi nadie en este país había oído hablar de ese poblado. Pero, ese día, cerca de allí se produjo un enfrentamiento entre dos grupos armados.
Ese hecho sacó a La Novia Celestial del anonimato nacional. Y eso fue así porque no se trató de un combate cualquiera. Lo que allí ocurrió fue el primer enfrentamiento entre dos grupos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la guerrilla que firmó un acuerdo de paz con el gobierno en noviembre pasado y que ya lleva siete semanas en proceso de desarme.
Según las propias FARC, unidades de su Bloque Sur se enfrentaron a un comando disidente de esa organización insurgente, encabezado por Alexander Mojoso, un mando medio que decidió abandonar la guerrilla “pretextando no compartir la actual política de paz”.
Los pobladores de la zona reportaron a autoridades locales que en ese combate murieron dos guerrilleros. Las FARC sostienen que hubo un muerto “del comando de Mojoso”.
El Mecanismo de Monitoreo y Verificación (instancia tripartita en la cual participa la ONU y que vigila el cese del fuego definitivo pactado por las FARC y el gobierno) investiga el enfrentamiento y prepara un reporte del hecho, que puede constituir una violación del cese del fuego. Una fuente de las FARC dijo que el Bloque Sur actuó “en defensa propia”.
Pero lo realmente llamativo de este combate es que fue entre un bloque de las FARC comprometido con el proceso de paz y una facción disidente, y que hubo disparos y muertos.
Desde julio pasado, antes de que concluyeran las negociaciones de paz entre el gobierno y esa guerrilla, un grupo del Frente Primero de las FARC involucrado en negocios de narcotráfico se separó de la organización insurgente. Una disidencia similar ocurrió en la Columna Móvil Daniel Aldana, que opera en el suroccidental departamento de Nariño.
Y en diciembre pasado, cuando los acuerdos de paz ya estaban en plena aplicación, el grupo guerrillero anunció la expulsión de cinco de sus comandantes, entre ellos Gentil Duarte y John Cuarenta, de larga trayectoria en esa insurgencia y, también, vinculados a actividades delictivas, como el cobro de gramaje a productores y compradores de coca base y extorsión a compañías mineras y petroleras.
Según el ministro colombiano de Defensa, Luis Carlos Villegas, las disidencias de las FARC son marginales porque sólo involucran a entre 200 y 300 integrantes de ese grupo en proceso de reinserción a la vida civil. Esta cifra, dijo, equivale a alrededor de 5% de los miembros de esa guerrilla.
El director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos, Jorge Restrepo, considera que nadie sabe hasta ahora qué tan grandes son las disidencias de las FARC, “pero lo importante es que, hasta ahora, tienen un carácter militar y no político”.
Esto, dice a Proceso el experto en seguridad, “permite descartar, por ahora, el regreso de la violencia guerrillera de las FARC a Colombia”.
De acuerdo con Restrepo, las disidencias se han registrado porque quienes manejaban las actividades criminales con las cuales se financiaba esa guerrilla “tienen un incentivo económico muy fuerte para seguir en la ilegalidad”.








