Veremos en señal abierta la biografía novelada de la cantante cubana Celia Cruz, realizada en 2015 por Fox Colombia para RCNTV y Telemundo, que desde noviembre pasado ocupa un lugar en la programación de Canal 13 de TV Azteca.
Se le anuncia indistintamente como serie o telenovela, consta de 80 episodios, cada uno de los cuales aparecen diariamente al aire a las 8 de la noche. Música, voz, presencia de la cantante son bien recogidas por una cámara cuidadosa de los detalles, de la iluminación y el sonido. Gracias al desarrollo de la tecnología, el doblaje no se advierte, las apariciones en los cabarets parecen grabadas en el tiempo y sitio originales. El arte de Celia Cruz constituye lo rescatable de la telenovela. El resto es propaganda anticastrista.
Pese a la advertencia de los productores sobre no tomarse la serie como documental o biografía apegada a hechos históricos, resulta imposible eludir la visión maniquea presente en la obra. “Los barbudos” –como se les llamaba a los revolucionarios despectivamente– proceden cruelmente con la cantante que no cometió más delito que salir de su país para seguir con su carrera. El énfasis está puesto en la prohibición de volver a Cuba, en donde su madre se muere de cáncer custodiada por la policía castrista en el mismo cuarto de hospital. O asistir al funeral de su padre. No se ahorran las escenas de supuestas torturas a un “traidor”, ni el autoritarismo de los funcionarios. Reiteradas menciones a la vida miserable de quienes permanecen en la isla, la gente común que no forma parte de la élite gobernante.
Mientras Celia canta “cuando salí de Cuba, dejé enterrado mi corazón” las puertas de cabarets, centros nocturnos, teatros de Estados Unidos se abren para ella. Llega también su estatus de refugiada y luego la residencia. Más tarde la nacionalidad. Sin embargo, la artista sufre por su tierra, los amigos que dejó atrás, su patria. En esta parte el tono melodramático sube. Las limitaciones de actores secundarios, de escenarios cerrados, de parlamentos cursis se apoderan de capítulo tras capítulo, poco canto y mucha lágrima, la telenovela clásica en pleno. Celia Cruz aparece débil, sin carácter, mangoneada por Pedro Knight. Fuera del escenario la actuación de la actriz protagónica es desastrosa. No sólo encarna mal a la cantante en gestos, sino que no da el parecido físico.
Con la desaparición física del comandante Fidel Castro, el tema de Cuba retomó vuelo en esta temporada. No obstante mezquindades y denuestos de lugar común, su figura es ya un ícono para los latinoamericanos que quieren seguir siéndolo y no esclavos de la potencia imperial.
Celia, la serie no tuvo el beneplácito de la familia de la artista, pues alegan que suena a colombiana, no está grabada en los lugares adecuados y falsea la personalidad y existencia de la verdadera Celia Cruz y de la misma Cuba.








