El pasado mes de diciembre, el Pleno del Senado de la República aprobó la ley reglamentaria del Artículo 29 constitucional que precisa los supuestos bajo los cuales se podrán restringir o suspender los derechos y las garantías individuales de los ciudadanos en casos de situaciones de violencia, que alteren la estabilidad social y pongan en riesgo la seguridad de la población o parte de ella.
A todos nosotros, ciudadanos, debiera preocuparnos conocer las particularidades que orientan este nuevo enfoque de la Constitución Mexicana, pues no hay que olvidar que México jugó un papel fundamental en el proceso que llevó a la creación del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), órgano de mucho mayor alcance que la predecesora Comisión de Derechos Humanos.
La creación del Consejo de derechos humanos de la ONU: crónica de una negociación multilateral, escrito por Luis Alfonso de Alba y por Víctor Genina, reconstruye minuciosamente ese proceso, su primer año de labores, así como la compleja y ardua negociación que debió llevarse a cabo para adoptar in extremis los distintos elementos que conformaban un gran paquete de construcción institucional. Este libro, de reciente edición por el Instituto Matías Romero (Cuadernos de Política Internacional, Nueva época no. 19, 476 pp.), expone los numerosos obstáculos que desde la presidencia de ese órgano en su año fundacional, ejercida por el entonces Representante Permanente de México, embajador Luis Alfonso de Alba, debieron sortearse para alcanzar un acuerdo que, dadas las condiciones, tuviera el mayor alcance en hacer posible un mayor respeto y goce de los derechos humanos en el orbe.
Fue desde las filas de la diplomacia mexicana, que gozó durante muchos años de gran legitimidad, que México fue capaz de hallar su lugar en el mundo, un lugar de enorme dignidad y prestigio indiscutibles, gracias a su actuar con base en principios universales que, por ello mismo, debían aplicarse al resto de los países: Gilberto Bosques y su entrega heroíca para salvaguardar los derechos de las personas frente al fascismo y al nazismo; Alfonso García Robles, quien con el Tratado de Tlatelolco evitó una mayor carrera armamentista; menos conocida que los anteriores; la Embajadora Eminente Carmen Moreno Toscano –segunda mexicana con esta distinción–, actual secretaria ejecutiva de la Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de Estados Americanos, y su lucha infatigable por la defensa de los derechos femeninos.
Múltiples ejemplos podrían citarse pero, sin duda, la participación de México en la creación del Consejo de Derechos Humanos de la ONU constituye uno muy relevante. Pese a no ser el ideal institucional que se requiere en un mundo como el de hoy, el Consejo sí representa un avance sustancial en relación con la extinta Comisión, avance que fue posible gracias a la pericia del negociador mexicano, embajador Luis Alfonso de Alba, y simboliza uno de los logros más brillantes de la diplomacia multilateral mexicana en el pasado reciente.
Por ello, la lectura de este libro debiera ser imprescindible para los funcionarios y los estudiantes que requieren dominar el lenguaje y las formas de negociación multilateral, así como también para quienes deseen conocer con mayor profundidad el funcionamiento de los mecanismos de la ONU responsables de derechos humanos.
Se trata, en suma, de una interesante crónica de un capítulo de la vida del mundo que, de otra forma, no podríamos conocer de primera mano.








