Más de tres meses de burocracia para un trámite en el Registro Civil

Señor director:

A continuación describo la manera en que la oficina principal del Registro Civil en la Ciudad de México no tiene el mínimo respeto por el tiempo y las ocupaciones de las personas a quienes atiende.

Debido al ingreso de mi hija al bachillerato y al hecho de que el CECyT 9 del Instituto Politécnico Nacional le pide una copia certificada no mayor de dos años de antigüedad de su acta de nacimiento, me dirigí a las oficinas del Registro Civil localizadas en Arcos de Belén 19 en la colonia Doctores, sin imaginar el calvario y la ineficiencia a los que me enfrentaría por más de tres meses.

En primer lugar debí formarme atrás de 600 personas para solicitar la mencionada copia. Y en el momento de verla constaté que al apellido de mi marido le habían agregado una letra “a”, o sea que en lugar de apellidarse Sydykov, se leía “Sydykova”. En ese momento quise que lo rectificaran, pero me dijeron que ellos no tienen esa posibilidad.

Todos los países que alguna vez pertenecieron a la Unión Soviética incluyen el sufijo “ova” en los apellidos para las mujeres y “ov” para los hombres, que significan “hija de” o “hijo de”, respectivamente. Como mi hija nació en Alemania, país en donde el Registro Civil sí tiene la sensibilidad para respetar la identidad y la nomenclatura extranjeras (contrario a lo que ocurre en México), su apellido es Sydykova y fue registrada como mexicana en la embajada de México en Fráncfort porque no tiene ascendencia alemana.

Con el fin de que hicieran la corrección correspondiente en dicha oficina del Registro Civil me dijeron que debía ir al otro día a las cinco de la mañana para formarme, ya que sólo reparten 150 fichas a las ocho de la mañana. Llevé todo tipo de documentos que muestran el apellido Sydykov de mi marido y me dieron cita para 15 días después. Al acudir, me dijeron que el documento era procedente y ya estaba en proceso de firma… pero debía esperar otros 15 días. En la tercera ocasión me dijeron que necesitaban todas las copias certificadas del apéndice de nacimiento y un oficio de usos y costumbres de la embajada de Kirguizistán (país de donde es originario el padre y del cual no hay ninguna embajada en México).

Sacar esas copias fue otra muestra de su ­ineficiencia, porque primero deben localizarlas, uno debe ir dos veces, después debe pagarlas en otra oficina de Tesorería –que se localiza a dos kilómetros del lugar– y ya después se obtienen, en un horario que no concuerda con los demás trámites a realizar. Una vez entregadas dichas copias, me hicieron regresar dos veces más (con 15 días de por medio) porque aún no habían firmado dicho documento.

En estos tiempos de alta tecnología en las comunicaciones uno no se explica cómo sobreviven estos procedimientos del siglo antepasado. Cualquiera me daría la razón de que el tipo de correcciones que realiza esta oficina del Registro Civil las podría realizar cualquier avezado alumno de quinto de primaria y, sin embargo, ellos las realizan con la mayor ineficiencia. Adornan su falta de sentido común con múltiples términos jurídicos que las personas prácticas desdeñamos porque no les vemos ninguna utilidad. Gracias a esto acuñé la frase siguiente: “Si los ingenieros trabajáramos con la misma eficiencia que los abogados (en especial los del Registro Civil), la tecnología todavía estaría como en la época de las cavernas”.

Mi escrito también está dirigido a abogar por la comunidad rusa y exsoviética en México, que ha debido soportar esta falta de sensibilidad por parte de las autoridades mexicanas del Registro Civil. He visto cómo sufren la impotencia de que a sus hijas las nombren como varones y a sus hijos como mujeres (el más célebre caso es el “lvanova” del hijo de Mario Moreno Cantinflas, que es un nombre para mujer). ¿Qué sentiría un varón mexicano si, por nacer en otro país, siempre le dijeran “señora”?

Saludos fraternos a su revista, que es mi favorita.

Atentamente:

Dra. Ing. Graciela Méndez Bernal