Punto de vista y contraseñas

Dos emisiones recientemente estrenadas en Canal 22 se refieren al cine, P.O.V., Punto de vista, y a la literatura, Contraseñas. Están programadas en horario nocturno, 20:30 y 20:00 horas. En los dos casos la conducción se encuentra en manos de quienes son a la vez creadores: críticos de cine y novelistas. Este rasgo les proporciona de inicio una ventaja, saben de lo que hablan, no requieren ni leer ni memorizar parlamentos.

Punto de vista centra la mirada en el séptimo arte para relacionarlo con múltiples temas, como el periodismo, los diversos géneros, el trabajo de directores, las tendencias en el uso de tecnologías innovadoras, entre otros. Tal variedad hace a cada uno distinto. Fernanda Solórzano y Leonardo García Tsao son guías del programa, comentan, envían a corte e introducen al invitado de ese momento: especialista en la rama a la cual está dedicada la emisión, agrega datos, critica o va más a fondo en las reflexiones.

Los productores buscaron darle a P.O.V. un aspecto contemporáneo, de vanguardia. Utilizan para ello escenografía poco común, tres grandes letras pintadas de rojo abren el set. Solórzano se recarga en alguna de ellas en el momento de introducirnos a la plática. Proyecciones de fragmentos de películas, dibujos virtuales complementan el trabajo. Sin embargo, Punto de vista es muy similar en su contenido a otro programa de cine de los mismos autores. Se llamaba Plano Abierto y fue difundido por el entonces Canal 30 dependiente de OPMA. En materia visual aquel era mejor por su originalidad.

El caso de Contraseñas es mucho más convencional. Carece de búsqueda formal, miramos el clásico set con tres sillones, dos conductoras y un invitado. Las escritoras Rosa Beltrán y Mónica Lavín lanzan preguntas a un colega para que responda a la inquietud central: ¿Qué influye en el proceso de la escritura? Pueden salir a la luz desde anécdotas de infancia, relaciones con los padres o hermanos, lecturas, maestros, escuelas, hasta simples manías o rutinas. Todo es válido y todo influye, porque el escritor está inmerso en una sociedad con características específicas.

Una cualidad que distingue al programa son los entrevistados, casi todos jóvenes, cuya obra aún no ha sido sancionada por el paso del tiempo, aunque tampoco se elige a los noveles desconocidos. Como suele suceder en este formato, mucho del éxito de la conversación proviene de la habilidad de las interrogadoras para hacer hablar al personaje y llevarlo por el rumbo planeado. De otro modo la emisión puede convertirse en una plática en la cual se olviden de darle espacio adecuado al motivo mismo de sus afanes televisivos: el propio entrevistado, quien dará agilidad al programa o puede convertirlo en una soporífera cantinela sobre el preciso arte que cultiva. También volverlo un fascinante relato sobre sus amores y fobias.