El año 2016 concluye. Nos fue agitado. Es difícil escoger cuál parcela fue la más complicada. El área escolar, ámbito donde el gobierno sigue aferrado en implantar su reforma educativa, es una de ellas. Desde la esfera oficial se azuzan todos los recursos de amedrentamiento de nuestra vida política.
Lo que no esperaban estos señores fue la resistencia ofrecida por el gremio magisterial a la tan malhadada reforma. La resistencia no provino del bloque mimado, organizado por el propio gobierno para fines de manipulación, el SNTE, sino del sector de la disidencia, la CNTE.
Para quien sabe leer señales en revueltas sociales, fue notorio el silencio ominoso de la universidad oficial local en torno a esta problemática. En todo el tiempo que dura ya el altercado, no ha salido a decir una sola palabra de aliento a los maestros que resisten.
Pueden argumentar estos administradores que se trata de una confrontación de nivel básico, que afecta al sector primario y aún el de las secundarias, que no les atañe directamente. Si lo arguyen, hay que decirles que están equivocados.
La educación es tarea común para el nivel básico, el superior y el intermedio. No pueden callar como lo hacen. Menos cuando su silencio es abstención que suma para sí la esfera oficial. La SEP ha mostrado en esto una torpeza sin precedentes. La Universidad de Guadalajara (UdeG), al ponerse oficiosa, engruesa el listado de la torpeza. Y no debe hacerlo.
Lo bueno es que la administración no es por fuerza toda la universidad. En los pasillos deambulan y disputan alumnos y profesores. En lo interno hay pronunciamientos a favor de los maestros en lucha. Algunos muy valiosos.
El gremio universitario trajo a disertar a tres invitados de lujo, en torno a un lío que les va al alma a todos los universitarios, aunque los administradores finjan demencia.
Uno de ellos es Hugo Aboites, rector de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, quien se refirió a los líos en que se debate la educación superior de México y que tiene que ver por fuerza con la reforma educativa.
Otro invitado fue Helí Morales, psicoanalista lacaniano, quien se ocupó de disertar en torno a la difícil materia de la subjetividad contemporánea. El tercero fue Manuel Gil Antón, quien tituló su charla: “Balance de la Reforma Educativa”.
El evento transcurrió en el auditorio Adalberto Navarro Sánchez, sito en el CUCSH, considerado por el público que lo conoce como el auditorio de filosofía. La gente de filosofía siempre está interesada en los temas humanísticos, estén o no confrontados.
Fue muy rica la intervención de los tres ponentes. La de Gil Antón, por ser la más reciente, aportó muchos elementos lúcidos, que esclarecen, por su actualidad, lo que está encima del tapete de las discusiones y de las luchas escenificadas. Los estados del país en los que esta pugna salió a las calles y derivó en algaradas, manifestaciones, plantones y mítines combativos, son Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán y la Ciudad de México. El mismo gobierno esperaba que el conflicto se le restringiera sólo a estos espacios.
Pero no fue así. Se desbordó y hubo un momento en que los maestros de 22 entidades salieron a la calle a apoyar y a demostrar a favor de sus colegas de la CNTE. Gil Antón dictó su conferencia el sábado 3 de noviembre. Lo invitaron dos organismos: el Colectivo Reflexión Universitaria (CRU), de membresía magisterial, y Disidencia Universitaria (DU), organización estudiantil.
Estuvieron a la mesa con él Saraí García, estudiante de sociología, por DU. El maestro de filosofía Juan Ignacio Mancilla Torres, en representación del CRU. Al ser un evento de la cátedra Javier Michel Vega, coordinó los trabajos la maestra Eunice Michel Díaz, hija del extinto titular de la cátedra, pero destacada profesora ella misma en la universidad.
Mancilla, presentador de Gil Antón, jugó en las elecciones pasadas por la rectoría el papel de candidato independiente. Vino a ser una participación simbólica la suya, dada la pesada maquinaria de control que se ejerce para dichos menesteres en la UdeG.
En su ficha se aludió a dicho pasaje de su vida personal y de la historia universitaria. Habló de los porcentajes que dedica nuestro estado a la cultura y a la educación, para cuyos números citó la numeralia manejada por Aboites, quien considera que se hará un recorte de 20% para educación y cultura.
Tras mencionar a Derrida, trajo a colación una fábula de La Fontaine, en la que el león hace alianza con otros tres animalitos, con el fin de repartirse en partes iguales el botín de cacería que obtengan. Los animalitos son una becerra, una chiva y una oveja. La chiva, muy astuta, caza a un ciervito. Los cuatro se disponen a hacer el reparto.
El que lleva la voz cantante es, por supuesto, el león. El primer cuarto de despojos es para el señor, o sea para él; el segundo se obtiene de acuerdo a la ley del más fuerte; el tercero, lo recoge el más valeroso. Y para el último cuarto les retoba: “¡Pues a ver quién es la guapa de ustedes que me lo quita!”
Mancilla aplicó luego dos números elocuentes, que revelan la dinámica de estas prácticas en la UdeG. Para un premio de ensayo que convoca la cátedra Javier Michel Vega, la administración destina lo correspondiente al valor monetario de un centenario.
Para la reciente campaña de la FEU, apenas concluida, destinó lo relativo a 190 centenarios. Los comentarios salen sobrando. Ya bien ambientado en la realidad udegeísta, el invitado Manuel Gil Antón, abrió su charla de la siguiente manera:
Es un privilegio estar con ustedes. Agradezco al CRU su invitación, una organización atípica de colectivo en estos tiempos de individualismo exacerbado. Voy a iniciar con un acto simbólico y sé que estarán de acuerdo conmigo. Era una tradición medieval que los oradores y disertantes pidieran permiso a la autoridad antes de perorar. Entonces, yo quisiera pedir permiso al rector Juan Ignacio, (Mancilla Torres) aquí a mi lado, y solicitarle la venia para poder hablar.
Lo dicho por Antón fue mera fórmula de cortesía. Pero la ocurrencia arrancó un nutrido aplauso del público. Nacho Mancilla es un maestro querido en la universidad. Su candidatura a rector no prosperó pues no tuvo nada que ver con las ligas de poder que se estilan ahí. Por tanto, se trata de un pasaje inofensivo. Pero podemos estar seguros, dado el espíritu rencoroso con que se comportan los personeros udegeístas, que la broma no les hizo ninguna gracia.
A partir de ahora, puede el CRU despedirse de los préstamos de auditorios. A buen seguro, hasta el centenario que les prometieron para premiar al ensayo ganador convocado les regatearán.
Es el estilo de la casa, del que se pitorreó con elegancia Manuel Gil Antón. Ojalá se reprodujeran más escenas tan regocijadas, que le mataran la absurda solemnidad al insufrible analfabetismo administrativo en la UdeG. Deseo colateral al de ¡Felices pascuas para todos!








