Señor director:
Le escribo a usted, a todos los periodistas de Proceso y a sus familias para ofrecerles mi más sentido pésame por la desaparición de Rogelio Naranjo.
Es increíble que con dos elementos tan simples –un lápiz y un pedazo de cartón– pudo documentar, cuestionar e incluso manejar con humor la realidad nacional.
Felicito a la revista por dedicarle la portada del último número. Guardaré en mi recuerdo su rostro, que envejeció en su mesa de trabajo, y sus ojos que, ¡caray!, nos miran directa y limpiamente.
Guardaré su último trabajo, y que “el grito” de horror de Münch al estilo Naranjo no sea premonitorio, prefiero la ilusión del “Naranjo volverá a ocupar su espacio habitual próximamente”.
Y parafraseando a Salvador Allende en su mensaje final, digo: “Tengo fe en México y en su destino”.
Atentamente:
Adela Garbarino
de Costero
San Luis Potosí








