León, GTO.- Madame Butterfly (1904) junto con La Bohemia y Tosca conforman la famosa trilogía juvenil de Giacomo Puccini (1858-1924). Las tres tienen libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa. La música de esta última es conmovedora; una auténtica obra maestra y un tour de force para la soprano protagonista
Madame Butterfly originalmente es un cuento de John Luther Long escrito en 1898, llevada al teatro por David Belasco y de ahí a la ópera de Puccini quien también abrevó en la novela Madame Chrysanthème (1887) de Pierre Loti. Todo lo cual obedece a un hecho real: A Tsurú Yamamura le decían Butterfly por los adornos de mariposas que solía portar en su vestimenta; no se suicidó, murió a los 48 años en Tokio, Japón, y su hijo Tomisaburo Kuraba permaneció siempre a su lado.
Para componerla, Puccini investigó a fondo la música y costumbres de Japón y logró un increíble sincretismo musical ítalo-japonés. Como hoy se representa es la cuarta versión del autor que, al no obtener en un principio la aprobación del público, redujo su duración, la reestructuró en tres actos y la revisó a fondo. Sería interesantísimo conocer la original.
Con un elenco formado por artistas mexicanos dirigidos magníficamente por el maestro italiano Federico Santi, se presentó en el Teatro del Bicentenario de esta ciudad con iluminación y escenografía de Juliana Faesler, que ahora sí funcionó de maravilla; no así hace cinco años en Bellas Artes. Hoy se corrigieron algunos detalles y todo transcurrió muy bien.
Violeta Dávalos encarnó a Cio-Cio San o Butterfly, nos sorprendió su capacidad actoral sobresaliente y emotiva, además canta notablemente. Sabe dosificarse en esta obra, que es de lo más demandante. Comenta:
“Cio-Cio San es ingenuidad y pasión. Se trata de un papel agotador pues canta en los tres actos y lleva el peso de la obra, todos giran alrededor de ella. Lo más difícil de cantarla es llegar entera al final. Tiene tantos momentos dramáticos que es muy importante controlar las emociones para llegar viva al final.”
El veterano barítono Jesús Suaste interpretó a Sharples, emotivo y adecuado vocalmente. Llevó un bastón toda la obra, no como parte del personaje, sino por una desafortunada lesión de rodilla que esperamos sane muy pronto.
Bien Víctor Hernández (Goro), pero por su vestimenta, actuación y maquillaje no parecía en lo absoluto un japonés.
Pinkerton, el marino norteamericano que desposa a Cio-Cio San, estuvo a cargo de Ernesto Ramírez, tenor y clarinetista tapatío a quien hemos visto triunfar en este mismo teatro cantando Rossini. Muy correcto y cuidadoso, actuación convincente pero le faltó caudal de voz; para un Pinkerton un tenor rossiniano no llena el volumen y el peso requerido por la orquestación.
Muy destacados Édgar Gil y Octavio Pérez Bustamante (Yamadori y Bonzo); demuestran que México no solamente es tierra de tenores, sino también de excelentes bajos y barítonos
Funciones con localidades agotadas en un hermoso teatro donde se hace, sin duda, la mejor ópera de México.








