Admirado y reconocido por su gremio, Rogelio Naranjo fue un extraordinario artista de la caricatura política. Poseedor de un fino y expresivo dibujo retratístico, Naranjo creó una potente narrativa del dibujo que, como señaló el escritor y periodista Carlos Monsiváis, se centró en el relato y no en la típica deformación de la fisonomía de los protagonistas.
Un recurso interesante que, al eludir la ficción del personaje, fortalecía la veracidad de la denuncia evidenciando que el retratado era un ser humano real y corriente.
Compasivo con los ciudadanos más desprotegidos y severamente crítico ante las acciones, actitudes y relaciones de los presidentes y funcionarios públicos, Naranjo develó las falsedades y consecuencias del poder a través de un lenguaje visual que conjugó el retrato emocional, la alegoría, la palabra y algunas figuras que al repetirse se convirtieron en su iconografía personal.
Entre estas últimas, la pequeña figura vestida de andrajos con rostro calavérico que remite al ciudadano víctima, y su contraparte, la alta figura de exagerada nariz que, con o sin sombrero, refiere al dominio y prepotencia de los poderosos.
Trabajadas con una aguda precisión que conjuga magistralmente la interpretación temática y la resolución formal con un humor realista y elegantemente sarcástico, las viñetas de Rogelio Naranjo son un golpe visual de comunicación inmediata. En su composición y significado la escala es un factor esencial. Además de los grandes rostros que sobre pequeños cuerpos minuciosamente vestidos describen las características emocionales de cada protagonista, el tamaño de las figuras simboliza las relaciones de poder. Dirigidas a lectores informados que sólo necesitan algunas pistas para completar el mensaje, las viñetas son una especie de crucigrama visual que provoca la reflexión sin imponer respuesta alguna.
Activo en la revista Proceso desde el primer número, Rogelio Naranjo tuvo una trayectoria que puede dividirse en dos tipos de viñetas: las realizadas en tinta negra de noviembre de 1976 a septiembre de 2006, y las policromáticas pintadas con acuarelas y lápices de colores que se publicaron de septiembre de 2006 a noviembre de 2016. Si bien en ambas el protagonismo del espléndido retrato, de las escalas corporales y de las distintas figuras simbólicas constituyen el eje narrativo, el color descubre a un Naranjo reinventado. Restringido en los primeros números a la aplicación de color en algunas atmósferas monocromáticas y sus típicas retículas entintadas –utilizadas para modelar fisonomías y atuendos–, a partir de unos meses el color se expandió a objetos y entornos revelando la sensibilidad pictórica del artista. Con una paleta restringida de tonos mesurados y suaves matices, muchas de sus viñetas se convirtieron en ambientes paisajísticos habitados por pequeñas figuras que, desde diferentes planos, miran y actúan escenas de crítica política. Entre ellas, sus característicos personajes con cara de calavera.
Nacido el 3 de diciembre de 1937 en Peribán, Michoacán, Rogelio Naranjo, el gran artista mexicano de la caricatura política contemporánea, murió el pasado viernes 11 de noviembre en la Ciudad de México a consecuencia de un paro cardiaco.








