Los uniformes, otro desastre en Río 2016

Los uniformes de gala de la delegación mexicana en Río 2016 “saltaron a la fama” no por su belleza, sino porque la novia del director de la Conade recibió uno sin que hubiera ninguna razón legítima para que esto ocurriera. Pero, ahora, incluso esa irregularidad palidece ante lo que revela una solicitud de información: la Conade asegura desconocer todos los detalles de la adquisición de esos ajuares, asienta que –contra toda lógica– fue la Federación de Triatlón la que compró los atavíos, reporta precios que no se corresponden con lo difundido previamente y no ofrece ninguna evidencia que respalde su dicho.

Los uniformes con los que desfiló la delegación mexicana –atletas y oficiales– en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Río 2016 fueron comprados por la Federación Mexicana de Triatlón, no por la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), con recursos públicos que hasta hoy no han sido comprobados.

En respuesta a una solicitud de acceso a la información, la Conade negó saber del asunto. Dijo que esa oficina del gobierno federal no compró los ajuares y aclaró que no celebró ningún contrato para adquirirlos.

Esto, a pesar de que antes y durante la justa deportiva tanto Alfredo Castillo como Manuel Portilla, director de la Conade y subdirector de Calidad para el Deporte de la dependencia, respectivamente, declararon que la Comisión adquirió y entregó los trajes de gala a los deportistas mexicanos, así como a los oficiales (entrenadores, fisiatras, federativos, etcétera).

Mediante un recurso de revisión, la Conade fue obligada por el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) a entregar los datos, y sólo entonces reveló que, efectivamente, con recursos federales que destinó para tal fin, los atuendos fueron comprados a través de una triangulación con la Federación Mexicana de Triatlón que preside Jaime Cadaval.

Esta información demuestra que la Conade violó sus propias Reglas de Operación, pues no existe justificación para que a través de una federación se ejerzan recursos públicos para adquirir ropa de gala, cuando esta entidad pudo haber realizado la compra de forma directa.

El 26 de agosto de este año se realizó la solicitud de información número 1113100041416, en la que se pidió a la Conade el costo unitario de los atavíos y el número de piezas adquiridas para la inau­guración de los Juegos Olímpicos. También se solicitó la lista de personas que los recibieron. En ambos casos se requirieron los documentos que sustentaran las respuestas, entre ellos las facturas que avalan la compra.

Se demandó además que se dijera cuál fue el procedimiento de adquisición (licitación, invitación a tres proveedores) y se entregara el expediente que avala la compra.

A los servidores públicos que laboran en la Conade les tomó un mes responder. El 26 de septiembre, la Subdirección de Calidad para el Deporte contestó: “Esta subdirección no celebró contrato alguno para la adquisición de dichos conceptos”. La Subdirección de Administración, a través de la Dirección de Servicios, asentó que “no realizó la adquisición de los uniformes usados”. La Coordinación de Normatividad y Asuntos Jurídicos se pronunció en el mismo sentido.

Obligada por el INAI mediante el recurso de revisión 3041/16, la Conade entregó datos parciales. Reiteró que desconoce la transacción; “sin embargo, hecha una búsqueda en los archivos de esta Subdirección de Calidad para el Deporte, se localizó información que pudiera ser del interés del peticionario, consistente en la cantidad y el costo unitario de los trajes que la delegación mexicana utilizó en la apertura de los Juegos Olímpicos Río 2016, misma que se transcribe en la siguiente tabla, reiterando que la adquisición la llevó a cabo la Federación Mexicana de Triatlón, A.C.”.

La información está en una tabla de Excel, en la que se indica que en los uniformes para hombres se gastaron 2 millones 449 mil 112 pesos, y en los de mujeres, 674 mil 596. La suma de estas cantidades (más un IVA de 499 mil 793 pesos) da un total de 3 millones 623 mil 501 pesos. La Conade no entregó facturas como evidencia de lo consignado.

En el desglose puede leerse que, supuestamente, se adquirió lo siguiente para varones: 190 sacos (precio unitario, 4 mil 494.82 pesos), 190 pantalones (2 mil 270.69 cada uno), 190 camisas ($1,236.21), 190 pares de tines ($98.28), cinturones ($1,391.38) y 205 pares de tenis ($3,150 pesos). Y para mujeres: 18 sacos ($5,218.96 cada uno), 18 pantalones ($2,787.93), 18 camisas ($2,012.06), 72 pares de tines ($98.28), 54 vestidos ($5,218.97) y 78 pares de tenis ($2,632.75).

En los datos entregados, la Conade no refirió que la marca de estas vestimentas es la firma alemana Hugo Boss.

La delegación mexicana estuvo integrada por 125 deportistas y 96 oficiales, 15 de los cuales integraban la Jefatura de Misión. En total fueron 221 personas con acreditación otorgada por el Comité Olímpico Internacional a través del Comité Olímpico Mexicano (COM).

Pero el entonces subdirector de Calidad para el Deporte de la Conade, Manuel Portilla, declaró el 29 de julio que la delegación la integraron 270 personas. Hay una diferencia de 49 personas entre las cuales se encuentra un grupo de médicos, entrenadores y fisiatras que no pudieron hospedarse en la Villa Olímpica pero que atendieron por fuera a los deportistas mexicanos.

“La empresa con la que los compramos directamente fue Hugo Boss, se hicieron las pláticas, se vio con ellos el diseño y no se utilizó ningún intermediario”, declaró Portilla en la fecha mencionada.

A esta lista hay que sumarle el costo de las “mascadas” y “pasamascadas” que usaron las mujeres y un “pañuelo rojo” para los hombres –de la marca Pineda Covalin– que la Conade informó en el boletín 2046 (de fecha 22 de julio).

Portilla dijo también que entre los 270 trajes Hugo Boss y los accesorios de Pineda Covalin, “la Conade gastó 3.9 millones de pesos”. De este dato se podría inferir que en pañuelos y mascadas se erogaron recursos públicos por alrededor de 300 mil pesos.

No salen las cuentas

Tras los cuestionamientos que recibió por haber llevado a su novia a Río de Janeiro y entregarle un uniforme de gala para que también desfilara en la inauguración, Alfredo Castillo arguyó que los trajes de la ceremonia se compraron a Hugo Boss con 50% de descuento, a un precio de 14 mil pesos por persona, y que la marca otorgó ocho atuendos más de cortesía, entre ellos el que portó su pareja.

Castillo justificó así que no se usaron recursos públicos en la ropa que portó su novia, Jacqueline Tostado. Con esto, entonces, la adquisición de atavíos pasó de 270 a 262, y la información que los servidores públicos manejaban con tanta facilidad y claridad en declaraciones a la prensa resulta que se desconoce en la Conade.

Como sea, los precios no coinciden con las declaraciones de Castillo.

La suma del precio del saco, pantalón, camisa, tines, cinturón y tenis arroja 12 mil 641.38 pesos. No llega a los 14 mil. En el caso de las mujeres, menos. Quienes usaron vestido recibieron esta prenda y unos tenis ($7,851.72) y las mujeres que optaron por el traje utilizaron saco, pantalón, blusa y tenis ($12,651.70).

El número de tenis comprados tampoco va acorde con los integrantes de la delegación. En total se adquirieron 283 pares, 13 más que la delegación (270). No hay explicación de dónde están esos tenis o a quiénes se entregaron.

Lo peor es que el uso de recursos públicos sirvió para que apenas 96 personas –entre atletas y oficiales– desfilaran en una ceremonia que escasamente duró tres horas. En la inauguración del 5 de agosto ni la mitad de quienes recibieron el atuendo Hugo Boss lo utilizaron.

En su afán por desmarcarse de estas irregularidades, la Conade añadió lo siguiente en la respuesta al recurso de revisión:

“Por último, y de conformidad con lo previsto en la parte final del primer párrafo del Lineamiento Quinto, Fracción III, inciso b) de los Lineamientos que establecen el procedimiento que deberán observar los organismos e instituciones públicas y privadas para efectos de comprobar los recursos federales sujetos a las Reglas de Operación vigentes que reciben por parte de la Conade, el proceso de adquisición no lo realizó esta dependencia, sino que correspondió efectuarlo a la Federación Mexicana de Triatlón, A.C.

“Para el caso de las asociaciones deportivas nacionales que adquieran material para equipamiento deportivo, sin excepción alguna, se realizará el procedimiento de invitación restringida a cuando menos tres personas, y para el caso de una adquisición directa, se deberá presentar escrito de justificación.”

La vestimenta de gala no es equipamiento deportivo. Así, la Federación de Triatlón tendría que justificar por qué realizó una asignación directa.

Pero ,según las palabras de Portilla y de Castillo, esto no lo hizo la federación porque fue la Conade la que negoció de forma directa con las marcas. ¿Por qué la Conade echó mano de un tercero para pagar los uniformes? ¿Por qué trianguló la compra?

La reportera buscó a Jaime Cadaval para que explicara lo que la Conade no quiere transparentar. Al presidente de la Federación se le enviaron mensajes de texto a su teléfono móvil –que leyó– y se le dejó otro con su asistente personal en la empresa AS Deporte, donde tiene una oficina. Hasta el cierre de esta edición no respondió.

Paralelamente, en su respuesta al recurso de revisión, la Conade informó que tampoco puede entregar la lista con los nombres de las personas que recibieron esas vestimentas.

“Es importante destacar que, por las consideraciones apuntadas, no se cuenta con la información específica solicitada, se tiene conocimiento de que los uniformes fueron recibidos por los siguientes deportistas: Daniela Campuzano, Patricia Domínguez, Eva Gurrola, Alejandra Garza y Bredni Roque, de levantamiento de pesas; José Leyver, Julio César Salazar, Ever Palma, Pedro Gómez, José Carlos Herrera, Diego del Real, Margarita Hernández, Brenda Flores y Alejandra Ortega, de atle­tismo; de lucha, Alfonso Leyva; Lino Muñoz, de bádminton; Marcos Pulido, de canotaje; Nuria Diosdado y Karem Achach,­ de nado sincronizado”.

Esto significa que tres meses después de que concluyeran los Juegos Olímpicos, en la Conade sólo tienen “conocimiento” de que 19 de los 125 atletas de la delegación recibieron el traje de gala. Del resto no hay evidencia.

Esta lista es prácticamente la misma que la integrada al boletín 2046 de la Conade, del 22 de julio. Ahora bien, en ese documento también figuraban los taekwondistas María Espinoza, Saúl Gutiérrez, Itzel Manjarrez y Carlos Navarro.

El 6 de agosto, un día después de la inauguración de Río 2016, la diseñadora mexicana María Luisa Chávez, quien había vestido a cinco delegaciones olímpicas, denunció en el diario Reforma que la Conade rechazó su propuesta para vestir a la delegación porque, le dijeron, su cotización de 375 mil pesos era muy elevada.

“Todos me daban largas. Samuel Pérez (quien era director de Alto Rendimiento) me dijo que no había presupuesto, que tenía que ser donación y que todos los proveedores donaban todo. Lo intenté por varias vías y fui ignorada. Desconozco las razones del rechazo. Tampoco sé por qué eligieron otra marca o si a ésta le pagaron”, declaró.

El costo de cada uniforme elaborado por Chávez era de mil 100 pesos para las mujeres y mil 500 para los hombres.

Otra vez

La triangulación para la compra de los uniformes es el mismo esquema que la Conade ha utilizado en adquisiciones anteriores y por el cual ya existe una denuncia penal contra el presidente de la Federación Mexicana de Asociaciones de Atletismo (FMAA), Antonio Lozano.

En noviembre de 2012, este semanario publicó que, a través de dos empresas fantasma, un proveedor de nombre Jorge Tienda –compadre del exvelocista Alejandro Cárdenas, que entonces se desempañaba como subdirector de Calidad para el Deporte de la Conade– vendió a la FMAA 3 mil 900 botes de suplementos alimenticios y equipo deportivo por un monto superior a los 4 millones de pesos.

Hasta hoy, la Conade no ha demostrado que todos esos botes fueron entregados ni hay evidencia de que exista el equipamiento deportivo. Antonio Lozano comprobó los recursos con dos facturas falsas (Proceso 1882).

Por esta razón, a petición de Castillo, el departamento jurídico de la Conade presentó ante la Procuraduría General de la República (PGR) una denuncia por el probable delito de peculado. La demanda no ha prosperado.

En este caso, según las Reglas de Operación, la FMAA sí puede comprar equipamiento deportivo y suplementos alimenticios, aunque la irregularidad está en la comprobación.

Respecto de los uniformes, la Conade deberá explicar por qué determinó que la Federación de Triatlón llevara a cabo la adquisición. Y Jaime Cadaval, por qué aceptó hacer la compra.