Stavenhagen: La voz permanente contra la pobreza rural

En una vida enteramente dedicada a prepararse para mejorar a la sociedad, el antropólogo y sociólogo Rodolfo Stavenhagen –fallecido el sábado 5, a los 84 años de edad– llevó sus ideas lo más lejos que pudo. Su generación excepcional necesitó cambiar el mundo. Su lucha en contra de la desigualdad en todos los ámbitos del país, sobre todo en el campo y por los indígenas, fue su principal compromiso.

En su pequeño cubículo de El Colegio de México, en una mañana fría y lluviosa de julio de 2012, el antropólogo Rodolfo Stavenhagen –fallecido el sábado 5– concedió a esta reportera una entrevista con motivo de sus 80 años de vida. Pasadas las elecciones presidenciales que dieron el triunfo a Enrique Peña Nieto, se le preguntó qué le diría si tuviera oportunidad de hablarle del problema más urgente de resolver en el país.

No tardó en responder:

“El problema de la pobreza, de la desigualdad social y económica con todas sus secuelas, pero particularmente en la sociedad rural mexicana, incluyendo la indígena, la sociedad campesina. Y sabiendo que no todos los los indígenas son rurales, porque muchos ahora son migrantes en Estados Unidos y van y vienen, tienen casa en la ciudad, pero hay una enorme desigualdad y más que desigualdad, inequidad, entre el México rural y el México urbano.”

Pobreza, desigualdad social, sociedades indígenas y rurales, derechos humanos, discriminación, fueron algunos de los temas que a lo largo de su vida académica abordó el investigador fundador del Centro de Estudios Sociológicos del Colmex, Doctor Honoris Causa por universidades como la Nacional Autónoma de México y Erasmo de Rotterdam, en los Países Bajos.

Obtuvo su doctorado en sociología por la Universidad de París, Francia, con la tesis Ensayo comparativo sobre las clases sociales rurales y la estratificación social en algunos países subdesarrollados, dirigida por Georges Balandier, cuya originalidad al comparar problemas en las sociedades agrarias de África y América Latina no sólo mostró la vocación de Stavenhagen, sino que inició un enfoque “que iba a revelarse fructífero”, en opinión del sociólogo Francisco Zapata, colega suyo en el Colmex.

Colaborador fundador de Proceso, el nombre de Rodolfo Stavenhagen apareció desde el primer número del semanario que está cumpliendo 40 años de existencia, aunque su primer texto, titulado “Por la inflación al fascismo”, se publicó en el segundo número, el 13 de noviembre de 1976.

Por la vigencia del tema pareciera escrito apenas hace unos días, pues habla del “choque psicológico que significa la devaluación” del peso frente al dólar, la cual “genera un proceso inflacionario”, que afecta en primer lugar a clases no asalariadas, pero también a las asalariadas. Explica:

“Es evidente que la clase social que se beneficia directa e inmediatamente con la devaluación es la burguesía, o cuando menos ciertas fracciones de ella. Porque en la medida en que aumentan los costos de producción de la clase empresarial, puede traducirlos en aumentos de precios sin que se reduzcan sus márgenes de beneficio.”

Su amplia trayectoria se sintetiza en una breve semblanza de la Dirección General de Culturas Populares de la ahora Secretaría de Cultura, de la cual fue su primer director cuando se fundó en la entonces Subsecretaría de Cultura de la Secretaría de Educación Pública.

Se destaca que el sociólogo, nacido el 29 de agosto de 1932 en Frankfurt, Alemania, fue miembro del Sistema Nacional de Investigadores, docente en las universidades de Harvard, Stanford, Sorbona, Ginebra y la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro.

Recibió las becas Guggenheim, Fullbright y Heintz, y en 1997 el Premio Nacional de Ciencias y Artes. Apenas a finales de mayo pasado, la Latin American Studies Association (LASA) le entregó también el Kalman Silvert Award por sus aportaciones a la investigación de América Latina.

Presidió la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y formó parte del Comité Directivo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), del Consejo Consultivo de la Universidad de las Naciones Unidas y del Consejo Directivo del Social Science Research Council de Estados Unidos; también fue presidente fundador de la Academia Mexicana de Derechos Humanos y vicepresidente del Instituto Interamericano de Derechos Humanos.

Problemas legendarios

Entre 2001 y 2008 fue relator especial para los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales de los Indígenas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En su desempeño sostuvo encuentros con grupos indígenas del mundo y de México, de los estados de Colima, Chiapas, Chihuahua, Guerrero, Jalisco, Oaxaca, Sonora y el entonces Distrito Federal (amuzgos, huaves, huicholes, lacandones, mayos, mazahuas, mixes, mixtecos, nahuas, tarahumaras, tzeltales, tzoltziles, seris y yaquis, entre otros).

No hubo sorpresas para él. Así se consignó en una entrevista con este semanario en julio de 2003 (Proceso, 1392), pues en su labor de antropólogo y sociólogo conocía la condición de “relegados, marginados, excluidos del proceso político y social” del país de los indígenas, y además “humillados y traicionados”, porque nunca se cumplió la reforma constitucional que se había pactado años antes con los Acuerdos de San Andrés, Chiapas, entre el gobierno y el EZLN.

Y es que su experiencia en el campo lo convirtió en un especialista en sociología agraria, desarrollo rural, minorías y conflictos étnicos, movimientos sociales y resolución de conflictos, entre otros. Por ello destacó en aquel momento:

“Mi gira simplemente confirmó una vez más este panorama. Aunque no todo es blanco o negro, hay avances, hay retrocesos y la situación es compleja. Tampoco hay remedios mágicos, incluso si tuviéramos el mejor texto constitucional del mundo –que yo no sé dónde existe, desde luego aquí no–, tampoco cambiaría de la noche a la mañana la situación de los pueblos indígenas. Sería, eso sí, un marco jurídico y político, un reconocimiento de la sociedad a sus derechos adquiridos, pero infelizmente ni siquiera eso se pudo conseguir.”

Recibió denuncias de todo tipo: por disputas de tierra, de recursos naturales, por el aprovechamiento que hacen empresarios, autoridades, inversionistas, grupos políticos, y por la represión, la “excesiva militarización” en estados como Guerrero, Oaxaca y Chiapas. Problemas que iban en aumento como la presencia del narco, prostitución, existencia de antros y centros de consumo de alcohol, violaciones a mujeres y niñas por elementos del Ejército y policías estatales.

Todos los problemas, consideró entonces el investigador, “tienen que ver con la falta de políticas de desarrollo económico para los pueblos indígenas, porque las carencias son realmente legendarias: de servicios sociales, de salud, vivienda, infraestructura, caminos, luz, agua, créditos para proyectos, etcétera”.

Stavenhagen llegó a México en 1940, al término del gobierno de Lázaro Cárdenas, con sus padres Kurt y Lore Stavenhagen (quienes reunieron la colección de arte que alberga el Centro Cultural Universitario Tlatelolco), una abuela y su hermana. Su origen judío los hizo huir de la Alemania nazi. La familia pasó primero a otros países europeos, hasta que emigraron a América y arribaron a Nueva York a fines de junio para luego trasladarse en coche hasta la Ciudad de México.

Fue en un viaje a San Cristóbal de las Casas, Chiapas, con el antropólogo danés Frans Blom y su esposa la fotógrafa Gertrude Duby, donde el investigador comenzó a descubrir su vocación por conocer e investigar los problemas sociales, aunque primero se fue a Chicago a estudiar arte.

Sus padres habían entablado amistad con Diego Rivera, Frida Kahlo, Miguel Covarrubias, así como con refugiados de la Guerra Civil Española, antifascistas, trotskistas, cuyas discusiones y debates alimentaron su pensamiento. Así, al volver definitivamente a México, decidió ingresar a la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), y tomaba sus clases en la calle de Moneda en el entonces Museo de Antropología.

–¿Lo motivaba poder transformar el país?– se le preguntó en 2012.

–No sólo el país, ¡el mundo!

Era el tiempo de la política indigenista. Y le tocó trabajar con Alfonso Caso y Gonzalo Aguirre Beltrán. Le motivaba mucho la idea de servir al país y a su gente. Comentó que a su generación les llamaban en broma “los chicos del cambio”, porque entraron a estudiar antropología no para estudiar huesos o archivos muertos o lenguas, sino para cambiar el mundo. Les dijeron que eso era “ideología” y se sentían orgullosos de ello.

A la par que sus estudios en la ENAH se le abrió la oportunidad de tomar unos cursos en la Escuela Nacional de Economía de la UNAM con Pablo González Casanova y Horacio Labastida.

Autor de obras como “La cuestión étnica, derechos humanos de los pueblos indígenas”, “Conflictos étnicos y Estado nacional”, y “Derecho indígena y derechos humanos en América Latina”, y “Siete tesis equivocadas sobre América Latina”, considerado “uno de los textos más resonantes en el estudio de las ciencias sociales latinoamericanas”, que al cumplir 50 años de su publicación dio pie a un coloquio convocado por la Flacso, el Colmex y la UNAM, en el cual participaron más de 40 especialistas de diversos países.

El doctor en sociología Francisco Zapata fue uno de los participantes y refirió que, en ese texto, dado a conocer en el periódico El Día en 1965, Stavenhagen cuestionó “las soluciones que desarrollistas, modernizadores, banqueros e intelectuales proponían para resolver los graves problemas que afectaban a los países del continente, en particular en la esfera agraria. En estos cuestionamientos, se incluían las políticas puestas en marcha por organizaciones multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial, y otras” (https://www.flacso.edu.mx/sites/default/files/zapatasiete_0.pdf ).

El autor de las Siete tesis equivocadas… describe que intelectuales, políticos, estudiantes e incluso investigadores y profesores han producido tesis y afirmaciones erróneas y ambiguas acerca de los problemas del desarrollo y del desarrollo económico y social. Estas tesis son:

1) Los países latinoamericanos son sociedades duales. 2) El progreso en América Latina se realizaría mediante la difusión de los productos del industrialismo a las zonas atrasadas, arcaicas y tradicionales. 3) La existencia de zonas rurales atrasadas, tradicionales y arcaicas es un obstáculo para la formación del mercado interno y para el desarrollo del capitalismo nacional y progresista. 4) La burguesía nacional tiene interés en romper el poder y el dominio de la oligarquía terrateniente.

Siguen: 5) El desarrollo en América Latina es creación y obra de una clase media nacionalista, progresista, emprendedora y dinámica, y el objetivo de la política social y económica de nuestros gobiernos debe ser estimular la “movilidad social y el desarrollo de esta clase. 6) La integración nacional en América Latina es producto del mestizaje. y 7) El progreso en América Latina sólo se realizará mediante una alianza entre los obreros y campesinos, alianza que impone la identidad de intereses de estas dos clases.

El académico concluyó así hace 51 años:

“En América Latina existe actualmente una creciente conciencia entre los sectores de la población acerca de cuáles son los obstáculos reales al crecimiento socioeconómico y al desarrollo político democrático. Las personas que piensan sobre estos problemas se preocupan cada vez menos de factores aislados tales como ‘la falta de recursos’, ‘el tradicionalismo de los campesinos’, ‘la sobrepoblación’ y ‘la heterogeneidad cultural y racial’, que aún se encuentran en las preocupaciones de muchos estudiosos. Por el contrario, son cada vez más conscientes de la estructura y la dinámica internas de la sociedad global y, por supuesto, de la relación de dependencia que guarda esta sociedad con respecto a la metrópoli industrial, es decir, al fenómeno del imperialismo y neocolonialismo. Esta conciencia sólo puede conducir a un análisis más profundo y refinado de la situación latinoamericana, y a una acción nueva más correcta.”

Nada mejoró en la realidad. Nada cambió en las convicciones y la posición crítica del académico que, en diversos foros, señaló el fracaso de las políticas de combate a la pobreza aplicadas no sólo en México sino en América Latina, y aun en Estados Unidos y Europa, y promovidas por la ONU dentro de los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio.

En marzo de 2012, durante el Tercer Congreso Nacional de Ciencias Sociales en la UNAM, instó a cambiar de paradigmas, impulsar el bienestar y la convivencia, no el crecimiento y la competitividad, crear “futuros alternativos, más humanos, más justos, más solidarios y sobre todo, factibles”.

De cara a las elecciones de ese año, invitado por el también sociólogo Armando Bartra, Stavenhagen participó en el Foro “Los grandes problemas nacionales” donde nuevamente cuestionó dichas políticas y el llamado crecimiento económico que ha producido en México desempleo y pobreza estructural, marginalidad, y economía informal.

Uno de los problemas permanentes del país ha sido, en su opinión, la “sectorización del pensamiento”, políticos que “ya no saben pensar en el país en su conjunto”, sino que van cambiando o reformando una legislación, una secretaría, un sector.

Vale citar su conclusión, que aunque dada en el contexto de las elecciones que se realizaron ese 2012, serán sin duda válidas en el futuro próximo:

“Las soluciones a los grandes problemas nacionales descansan en primer lugar en una reconceptualización de lo que constituye la problemática nacional en su conjunto, que es más que sus partes fragmentadas. Encontrar las interrelaciones de estos fragmentos de realidad es una tarea urgente. Plantear con claridad cuál es el país que necesitamos nos llevará a definir las metas y los caminos que debemos recorrer y, por lo tanto, a las políticas públicas que se requieren y a las decisiones políticas que es necesario tomar. Yo creo que esto es lo que se juega en el actual proceso electoral.”