“El caos, y el orden”, documental sobre Felguérez

Morelia, MICH.- Con Sueños de Haití (filmado unos días después del terremoto) reunió fondos para ayudar a las víctimas. Y con Gurba. La condena, apoyó a refugiados saharauis de los campamentos de Argelia víctimas de minas.
Ahora, el documentalista español Miguel Ángel Tobías se aleja del tema social y se centra en el pintor, escultor y grabador mexicano Manuel Felguérez, de 87 años de edad:
La película, titulada El caos y el orden: Manuel Felguérez y su obra abstracta, además de ser un homenaje al artista, “también rinde tributo a los creadores de la Generación de la Ruptura a la cual él perteneció, y a México en general, porque por desgracia lo que sale de este país al exterior es información de desaparecidos, la guerra entre los cárteles del narco y los asesinatos”, explica el cineasta Tobías.
“Este documental será una herramienta maravillosa hacia afuera, para que quienes no conozcan a esta nación se enamoren de ella, y hacia adentro servirá para que los mexicanos disfruten de su arte. Felguérez es un personaje entrañable.”
En El caos y el orden: Manuel Felguérez y su obra abstracta (que se estrenó en la 14 edición del Festival Internacional de Cine de Morelia, efectuado del 21 al 30 de octubre pasado), el artista plástico zacatecano narra sobre su carrera:
“Una vez que estás en la obra se te abre un camino que no tiene fin, y este hecho en sí mismo es una aventura. Después de la geometría matemática llegué mentalmente al mundo del caos, y en el caos está el orden del universo. En el caos están todas las fuerzas naturales que han ordenado la creación, entonces pensé que ese valor del caos también hay que explorarlo, jugar con él y ver qué significa, porque en todo caos hay un orden absoluto.”
En la cinta hay testimonios de Gerardo Martínez (artesano del taller de Felguérez), Jaime Moreno Villarreal (escritor, músico y crítico de arte), Mercedes Oteyza (Meche, esposa del artista), Elena Poniatowska, Vicente Rojo y Juan Villoro, entre otros.
A Miguel Ángel Tobías (Baracaldo, 1968) se le cuestiona en entrevista su cambio de tópicos sociales o político universales a un personaje de la cultura mexicana, por lo cual apunta que realizó este largometraje por considerar que al ser Felguérez uno de los principales artistas abstractos en el país, es necesario documentar su vida y obra.
“Muchos de los documentales que he filmado están centrados o basados en personas anónimas. La fuerza de esos proyectos está en seres humanos que acaban siendo víctimas de terremotos o situaciones de guerra o políticas. Son personajes anónimos hasta que se crea la película con ellos.
“En El caos y el orden… desde el principio fui muy consciente que sería una película sobre este artista quien para mí es muy importante dentro del mundo de la cultura y la intelectualidad en México. Me implicaba otros retos porque no se puede contar la vida y la obra de una persona sin ser muy riguroso, y soy consciente de que la cinta iba a ser juzgada en muchos aspectos; no sólo con respecto al maestro, sino en todo ese contexto histórico, cultural y artístico de México desde los años cincuenta hasta la actualidad.”
La crítica de arte Teresa del Conde les llamó Generación de la Ruptura a un grupo de artistas mexicanos y extranjeros radicados en México, que en la década de los cincuenta rechazaron los valores de la Escuela Mexicana de Pintura, representados por Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, donde sobresalía la temática nacionalista, izquierdista y revolucionaria.

Cruce de caminos

Desde hace cinco años, Tobías vive entre España y México, y fue en las calles de nuestro país que conoció la obra del Felguérez:
“Iba a museos y vi sus cuadros, luego me topé con sus esculturas y murales. Todo era Felguérez, Felguérez y Felguérez… por lo que me decidí a investigar más de su trabajo. Cuando supe quién era y la dimensión de su obra me pregunté por qué no se había realizado un documental para la pantalla grande sobre él. No lo entendía, y más allá de quedarme en eso, me decidí y dije: ‘Yo lo voy a elaborar’.”
Por circunstancias del destino, una amiga en común estaba trabajando con el artista.
“Ella me contó que lo conocía desde hace treinta años, y le comenté de mi aspiración para concebir un documental sobre él, y como durante tres meses le di lata, así que les pidió permiso al creador y a su esposa para que los pudiera ver y plantearles mi idea. Aceptaron verme, y los convencí.”
En el filme se narra cómo el escultor inició su técnica de ensamblaje, ya que empezó a utilizar desechos para sus murales, por lo cual causó severas críticas de los miembros de la Escuela Mexicana de Pintura. También se resalta cómo comenzó en sus cuadros a arrojar la pintura para darle a sus obras cierto orden, a través del color, la textura y la composición, en equilibrio.
“Ese caos lo empiezo a ordenar”, dice el artista a cuadro. Además se cuenta cómo surgió el Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez en el corazón de Zacatecas. Tobías declara que mostrar en una película la historia de un personaje vivo es una responsabilidad enorme:
“Me parece injusto que se conciban cintas de personalidades que ya fallecieron porque no pueden defenderse, ya que a los que entrevistan son a historiadores o especialistas y periodistas, en fin. Así que mi meta era armar un documental que cuando él lo conociera, realmente se viera reflejado. Lo fácil era haber realizado un filme clásico, cronológico, y yo no quería eso. Finalmente, creo que el largometraje es una belleza.”
En el documental se destaca el mural Ecuación en acero (2010) que el creador plástico trabajó para ser instalado en el edificio de la Secretaría de Educación Pública, mismo al que él llama “escultura de pared” y yace frente a la escalinata pintada por Siqueiros. Una voz en off expresa:
Con este mural Felguérez alcanza el hito de compartir espacio con los grandes muralistas, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros; algo que hasta entonces era impensable para un artista abstracto y que supone un reconocimiento a toda su obra y por extensión, a toda la Generación de la Ruptura.
Asimismo, Felguérez relata entre risas:
“Logré tener una obra en el santuario de los murales de México, con lo cual en cierta forma luché. Esos murales de Rivera y Siqueiros siempre me gustaron y los presumo; pero ideológicamente fue llevarles la contraria. Fue el destino acabar junto a ellos.”
“Cada quien su ruta”

El escultor cuenta a Proceso por qué aceptó que su vida y obra se plasmara en la pantalla grande:
“El arte no existe si alguien no lo ve, por eso los pintores nos la pasamos organizando exposiciones. Es decir, necesitamos del espectador para que se cumpla el fenómeno artístico. Y si llega alguien y te expresa que desea efectuar un documental para el cine sobre tu vida, ¡claro que dices que sí! El arte primero es creación y segundo comunicación, y la principal manera de comunicarse es apoyándose en los medios de comunicación, de los cuales el cine es uno de los más populares. Normalmente me han hecho videos para televisión.”
–¿Qué le gustó del documental?
–Verlo en la pantalla grande cambia todo, es impactante. Cuidaron mucho la fotografía y la música es estupenda. ¡Me encantó! En el cine primero aplaudieron la cinta, en lugar de chiflarla; y en la sección de preguntas, más que cuestionar, alababan el proyecto y me felicitaban. En poco espacio más o menos el director intentó incluir muchas de mis etapas. “Hacia 1947 empecé viendo arte, adivinando lo que era el arte, y queriendo ser artista. Primero he intentado realizar obra que contenga un alto contenido de creación, lo cual hace que los objetos que formo estén conectados con mi tiempo y mi sociedad, y estar dentro de eso es como inventar, es un juego de estar invente e invente cosas. Al principio es como un trabajo inútil, poco tiempo después se vuelve un hábito, como un vicio, y tienes que estar invente e invente porque si no te mueres.”
–¿Está satisfecho lo que logró la Generación de la Ruptura?
–La Escuela Mexicana de Pintura era un movimiento nacionalista, exaltaban valores nacionales, pero nosotros fuimos mucho más internacionalistas; es decir, el pasado no era sólo México, sino la historia mundial. La Escuela Mexicana de Pintura tenía un contenido político muy fuerte y ese contenido político se expresaba en la educación, quería educar al pueblo.
“Expresaban: ‘Este es un arte para el pueblo’. Para nuestra generación no es un arte para el pueblo, es un arte para el gozo de la sociedad en general. Nunca me explicaron quién era el pueblo, yo también era el pueblo, pero no era para nosotros, sino para un pueblo que ellos imaginaban bastante estrecho. Ellos tenían una bandera que decía: ‘No hay más ruta que la nuestra’. La Generación de Ruptura dijo: ‘Cada quien su ruta’.”
El individualismo contra el colectivismo, añade. “Era el individualismo, la modernidad, la vista al futuro en vez de al pasado.” Y así termina Manuel Felguérez: “Entonces, todos los contenidos de la Escuela Mexicana nacionalista fueron rotos para siempre.”