Avanza la “justicia” delictiva en el estado

Especialistas en derecho penal y medicina forense coinciden en que la mutilación de cinco hombres y una mujer, más el asesinato de otro sujeto en Tlaquepaque, constituye una advertencia para otros delincuentes. Sin embargo, también es un sangriento llamado de atención al Estado y la sociedad, pues evidencia que el crimen organizado puede imponer su propia “justicia” cuando las instituciones correspondientes no funcionan.

Una semana después de que fueron localizados cinco hombres y una mujer con las manos cercenadas y abandonados a punto de fallecer en la colonia Solidaridad, el gobierno de Jalisco se muestra hermético y se reserva las declaraciones de los rescatados a un costado de las vías del tren, cerca del poblado de San Martín de las Flores, en Tlaquepaque el pasado 17 de octubre. Sólo informó que dos de los mutilados fueron puestos en libertad.

Especialistas en seguridad, medicina forense y asuntos penales indican que el hecho exhibe la incapacidad de las autoridades de los tres niveles para garantizar la seguridad y denuncian que en la entidad el hampa ya le disputa al Estado la aplicación de justicia.

El abogado penalista Fernando Espinoza de los Monteros señala que, además de ese fenómeno, en algunos sectores de la sociedad existe un ánimo de linchamiento a los delincuentes porque es claro que las instituciones han sido vulneradas. Sin embargo, considera que esta mutilación múltiple fue una venganza entre integrantes de un grupo de presuntos integrantes del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Comenta que el hecho “nos debe alarmar mucho, pues queda en evidencia que en Jalisco hay un Estado superado cuando la delincuencia decide tomar la justicia en sus manos y determinar cómo se aplica, mientras el Poder Judicial vive enfrascado con chismes por saber quién filtró la grabación donde se escucha a Luis Carlos Vega Pámanes, el presidente del Supremo Tribunal de Justicia, intercediendo por supuestos delincuentes o por saber si el comisario de Seguridad de Guadalajara, Salvador Caro, cometió un delito al grabar y editar una llamada de Vega Pámanes, sin quererse dar cuenta de la gravedad del momento que se vive.

“Lo que realmente lacera a la sociedad son delitos como los secuestros, la desaparición de personas, los homicidios en intentos de robos, la extorsión, el cobro de plaza. La población ya no lo puede tolerar. El Estado no puede detener ese fenómeno y quien lo para, en contra de sus propios enemigos, es la misma delincuencia.”

Sostiene que la aparición de las llamadas policías comunitarias es una respuesta no idónea pero lógica de la población, que se siente agredida y se ve indefensa ante los delincuentes.

Entrevistado aparte, Francisco Jiménez Reynoso, investigador del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, señala que en varias regiones de la entidad son los grupos criminales los que ofrecen, a su modo, protección y seguridad a los poblados, donde desbancan a las autoridades municipales y estatales. Alerta que el fenómeno puede estar presente ya en el área metropolitana de Guadalajara.

Para Jiménez Reynoso, el narco impone su ley en amplias zonas de Jalisco por encima de las autoridades estatales y municipales:

“En algunos municipios de Jalisco desde hace muchos años gobierna la delincuencia. Eso se debe a la incompetencia de las autoridades para dar solución a problemas como la educación, oportunidades de empleo, la brecha entre ricos y pobres… Las autoridades han quedado a deber por décadas a la sociedad y se han gestado grupos que ofrecen servicios de seguridad; esto lo hemos constatado en algunos municipios.”

Por desgracia, afirma, en algunos lugares el crimen organizado ofrece lo que la autoridad no pueda garantizar: “Hay muchos robos y asaltos. En opinión de muchos ciudadanos, los delincuentes llegan y ponen ‘remedio’. No es gratis ni son vengadores; tampoco son Robin Hood o algo parecido, pero ellos te garantizan resultados siempre y cuando pagues la mensualidad o cierta cuota”.

No descarta que la mutilación de un grupo en Tlaquepaque represente la evidencia de que esa forma bárbara de “hacer justicia” se vaya a aplicar en el área urbana y provoque una ola de ejecuciones o más casos de venganza que se proclaman como acciones de “justicia”.

El titular de la Fiscalía General del Estado (FGE), Eduardo Almaguer Ramírez, informó el miércoles 19 que todos los mutilados tienen antecedentes penales, aunque ninguno tenía orden de aprehensión.

Mensaje sangriento

El doctor Alfredo Rodríguez García, especialista en medicina forense y criminalística, dice que ese tipo de agresiones ponen en crisis a las instituciones y exhibe el poderío de los criminales en el estado:

“Antes, a los enemigos los asesinaban, los ejecutaban o los desmembraban y después exhibían sus cuerpos, en el afán de intimidar a sus adversarios, al gobierno o a la sociedad.

“Aquí hay cambios cualitativos importantes: las víctimas primero fueron levantadas y estuvieron mucho tiempo con sus secuestradores, cuando menos dos o tres días… No se puede creer que los levantaron y de inmediato les cortaron las manos. Antes fueron trasladados al sitio donde fueron torturados y ahí seguramente participó algún líder del grupo criminal.”

Otro indicio del cambio en la conducta de los delincuentes, señala Rodríguez García, es que también tatuaron la cara de sus víctimas: “Les marcaron con letras negras, al menos a uno de ellos, la leyenda ‘soy ratero’. No se trata de tinta indeleble, estamos hablando de un tatuaje y eso significa que tuvieron tiempo suficiente antes de amputarlos”.

Esto implica que alguien del grupo delictivo conoce de anatomía, de medicina o al menos de primeros auxilios, explica: “Les cortaron las extremidades a nivel de las muñecas y utilizaron una sierra o cuchillo, pero les ligaron las arterias y primero utilizaron una bolsa plástica para que no se desangraran. Se ven tres ligaduras de sutura, en lo que puede ser una cirugía en las arterias. Cualquier persona que sabe de aspectos médicos entiende que un derrame en ese nivel de conducto sanguíneo se traduce en un shock hipovolémico y es factible que la persona muera”.

Un dato relevante, continúa el médico forense, es que exhibieron a los mutilados al abandonarlos en la calle. “Pero además –observa–, los ejecutores dejan las manos en bolsas de plástico en el mismo lugar que a las víctimas, para que no exista duda de su objetivo”.

En cuanto al letrero que se colocó junto al occiso, indica: “La cartulina verde fosforescente marcada con tinta negra parece elaborada en la misma forma que otros mensajes abandonados junto a personas asesinadas, en otras partes de la zona metropolitana de Guadalajara. Quizá se trata del mismo grupo de delincuentes, posiblemente el Cártel de Jalisco Nueva Generación”.

La FGE informó que el fallecido, quien no fue mutilado, era reconocido como cabecilla del grupo atacado y pareja sentimental de la única mujer.

Rodríguez García dice: “Una de las hipótesis que se desprende es que ellos manejaron recursos o que les entregaron determinada cantidad de droga para la distribución y no cubrieron compromisos de pago, o bien se quedaron con la mercancía o con el dinero.

“Cuando se cortan los pies es señal de que la víctima cambió de bando, a esos les llaman chapulines… pero en el caso de la amputación de las manos, es con la idea de hacer ver ante otros que robaron o no cumplieron los compromisos.”

El objetivo es que los castigados sirvan de testimonio viviente: “Si les cortan las manos es para que sufran por la dimensión de su error. Después los exhiben ya cercenados para que todos se enteren de lo que les puede pasar a los adversarios”.

A juicio del doctor Rodríguez García, también tiene un significado que los criminales abandonaran a sus víctimas en Tlaquepaque. “Se trata de un concepto conocido como perfil geográfico –indica–, en el que se observa el supuesto campo de operación de los criminales y la zona en la que se sienten seguros para operar y acabar con sus enemigos.

“La pregunta es: ¿por qué escogen Tlaquepaque?”, plantea. Y dice que lo más probable es que sólo sea porque los autores de las mutilaciones se sienten más cómodos en la zona que dominan y conocen bien, lo que es grave considerando que se trata de la zona metropolitana.

Sobre las versiones de vecinos en el sentido de que los mutilados son ladrones comunes de La Duraznera, en Tlaquepaque, el forense comenta: “Para mí ese no es el perfil de esos amputados, son narcomenudistas de bajo rango”.