Señor director:
Le agradeceré publicar en Palabra de Lector la siguiente carta, dirigida a Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de la Ciudad de México:
En los años cincuenta y sesenta, mi padre contaba con un taxi del cual se sostenían tres familias: la de nosotros y las de dos choferes. Uno trabajaba el taxi de las 6 a las 14 horas y, el segundo, de las 14 a las 24 horas. Cada chofer pagaba su respectiva cuenta. Vivíamos muy modestamente, desde luego, pero repito, de un solo taxi comíamos tres familias. En la actualidad, únicamente se medio sostiene una sola familia.
Hoy, el chofer debe trabajar un promedio diario de 12 horas y sin seguridad social.
Transcurren los años y las tarifas de los taxis se mantienen congeladas.
El penúltimo incremento a las tarifas tipo 1, en diciembre de 2011, representó 11%. Y la última subida a las mismas tarifas, en abril de 2013 –hace ya 40 meses– representó también 11%. Este aumento es el único que se ha dado en ésta, su administración.
La tarifa 1 actual es de $8.74 el banderazo y $1.07 el “brinco”, de tal manera que si un pasajero toma un taxi para un viaje corto a unas cinco o seis cuadras, el costo total puede ser de entre $12.00 y $15.00, dependiendo del tráfico.
En cualquier ciudad del interior que no sea turística un viaje equivalente en distancia y tiempo tiene una tarifa mínima de entre $30.00 y $40.00. En una ciudad turística, como Acapulco, un servicio equivalente cuesta, mínimo, entre $50.00 y $60.00.
Si comparamos la tarifa que se cobra y los costos de operación de un taxi, es evidente el desfase cada vez más pronunciado. La tarifa se mantiene sin alteración, mientras que los costos de refacciones, llantas, servicios, seguros, mantenimiento, gasolina, lubricantes, mano de obra, costos administrativos, revistas, verificaciones, nuevas cromáticas, etc., tienen una tendencia ascendente. Sólo la gasolina Magna se encareció 29.3% de diciembre de 2012 a septiembre de 2016.
La experiencia nos dice que un taxi en esta ciudad recorre entre 200 y 250 kilómetros al día. En cualquier otra ciudad no se recorren tales distancias; la diferencia se traduce en costos de mantenimiento y gasolina.
¿Subsidios a los taxis? El único que su gobierno otorga es el pago de los derechos de la revista anual, que para 2016 es de $212.50.
El resultado es obvio: circulan taxis que son verdaderas carcachas y los concesionarios no alcanzan a mantener sus unidades en condiciones óptimas. El taxi que ha cumplido 10 años debe ser sustituido, y sobran concesionarios que se la pasan toda su vida pagando en abonos el vehículo que utilizan; así, el esfuerzo extenuante de un chofer va a parar a los bancos y empresas automotrices. La mayoría de los taxis son Nissan Tsuru, y uno nuevo, modelo 2017, tiene un precio de $127 700.
Leo su cuadernillo Mi Taxi, que invita a comprar un Toyota híbrido para taxi con diversos apoyos fiscales y ventajas. Supuestamente tiene un precio original de $668 700 y, tras varias deducciones, uno final de $339 700. Ante esto pregunto a usted:
¿Cuánto aumentará la tarifa de dichos taxis para el usuario? ¿100%? ¿150%? ¿A cuántos usuarios les interesaría abordar un taxi con tales aumentos a las tarifas por el solo “atractivo” de subirse a un taxi híbrido?
Le solicito muy atentamente a usted, señor Mancera, que revise su política relativa a las tarifas de los taxis y proceda a actualizarlas periódicamente para evitar lo que ya está sucediendo: un parque vehicular en proceso de deterioro, indigno de esta ciudad y que se traduce en el abandono de una clase trabajadora que presta sus servicios sin chistar ni hacer manifestaciones o bloqueos.
Atentamente
Fernando Beltrán Andrade








