“Carmen” en Bellas Artes

Una Carmen envuelta en el escándalo desde antes de su estreno, primero porque vino a remplazar el Don Quijote de Massenet –que aunque no se anunció oficialmente nadie ignoraba su cocción en la OBA (Ópera de Bellas Artes) para la segunda mitad del 2016–; y segundo porque se despidió a la directora de escena, Iona Weissberg –dadas las muchas quejas de algunos cantantes del elenco y de su incapacidad manifiesta en esa encomienda.

De última hora llegó el experimentado Polo Falcón a tratar de enderezar un barco que ya había impactado contra los escollos.

Georges Bizet (1838-1875) murió a los 37 años pensando que su mejor ópera, Carmen (1875), había sido un fracaso. Hoy día es de las tres óperas más exitosas de la historia. Con ella se adelantó décadas a su época, razón por la cual no fue bien recibida por el público. Bizet declaró: “He escrito una obra que es toda claridad y vivacidad, llena de color y melodía.”

Hay que decir que en la música, Bizet echó mano de dos obras ajenas: La Habanera, que es una adaptación de la melodía popular española “El Arreglito”, recopilada y transcrita por Sebastián Yradier, autor de “La paloma” (“Cuando salí de la Habana, válgame Dios…”); y, además, el entreacto del cuarto acto está basado en un aria de Manuel García (1775-1832) de la ópera El criado fingido.

Uno de los pocos motivos de interés que tenía esta “nueva producción” era la protagonista Ginger Costa-Jackson, joven italiana que ya había cantado en la CDMX en 2014 con la Orquesta de Minería, y no nos defraudó; si algo de éxito tuvo la función fue por ella. Muy bien musicalmente, alegre y entusiasta, salió con muchas ganas y se echó al público a la bolsa https://www.youtube.com/watch?v=4upsqn6pFzU

El coro, bien en general, pero con un desánimo terrible, sobre todo al principio del tercer acto. Don José, el joven vasco desertor por enamorarse de Carmen, fue interpretado por José Luis Ordóñez, y cumplió a secas; le faltó mucha personalidad y pasión que justificara el que Carmen, la inalcanzable gitana, se enamore de él aunque sea por poco tiempo. Micaela, la única mujer virtuosa de la historia –quien es derrotada fácilmente por Carmen– fue interpretada por Marcela Chacón: exquisito canto pero sin acabar de convencer actoralmente, lo cual hace que su personaje se antoje prescindible, de hecho es un añadido de los libretistas Meilhac y Halévy, y no aparece en la novela corta de Próspero Mérimée.

Sin duda no contribuyó al lucimiento de esta obra de música maravillosa la batuta de Srba Dinic; es muy buen director, pero aficionado a los tiempos rápidos, movidos para lucimiento de la orquesta, lo cual es una moda actual.

El torero Escamillo fue interpretado por Genaro Sulvarán, tal vez la voz de barítono más hermosa que ha dado este país.

La escenografía, escasa y minimalista de Adrián Martínez Frausto, empujó todo hacia adelante del escenario desaprovechando la profundidad del mismo y ocasionando un amontonamiento de gente de lo más desagradable y dificultando mucho el trabajo de Polo Falcón.