Zona Maco Foto 2016

Sin identidad, sin concepto y con una lamentable mezcla de pocas propuestas interesantes y muchas carentes de valor artístico y comercial, la segunda edición de la feria internacional Zona Maco Foto –realizada del 21 al 26 de septiembre en el Centro de Convenciones Banamex, en la Ciudad de México–, parece anunciar el declive de las ferias de arte.

Percibidas como un referente confiable que sin criterios explícitos determina la definición y cotización del arte, las ferias son un aval legitimario que merece analizarse desde su identidad mercantil. Concebidas como un negocio que obtiene ganancias en la medida que renta sus stands, las ferias son un producto comercial en el que se puede privilegiar la cantidad de stands por encima de la calidad de galerías participantes y obras exhibidas.

En esta segunda edición de Zona Maco Foto se ponderó la cantidad de espacios rentados por encima de las propuestas fotográficas.

Además del desagrado de subir dos pisos por escaleras eléctricas fuera de servicio, las sorpresas negativas se presentaron desde el primer pasillo con la exhibición de las galerías Terreno Baldío de la Ciudad de México y Raffaella de Chirico Contemporánea de Turín, Italia. En la primera, por las absurdas intervenciones con fragmentos de impresiones digitales sobre un emplasto de óleo blanco del escultor Javier Marín, y en la segunda por las vergonzosas alteraciones de fotografías antiguas realizadas por el italiano Nico Mingozzi en 2015.

En su mayoría similares al elegante proyecto conceptual Fotografía intervenida que inició el mexicano Gabriel de la Mora en 2008 –y que presentó la Galería OMR en la edición 2015 de Zona Maco Foto–, las piezas remiten al desempeño tanto del director artístico de la feria, Daniel Garza Usabiaga, como del Comité de selección integrado por Ana Elena Mallet, Mauricio Maillé y Patricia Conde.

¿Qué criterios sustentaron tanto la aceptación de la galería Raffaella de Chirico como la participación de Mingozzi? Y en este contexto, ¿qué seguridad artística ofrecen a los compradores de la feria cuando los vínculos creativos entre el italiano y el mexicano no son explícitos?  La presencia de Mingozzi, ¿se deberá a la ignorancia de los organizadores o a que la directora de la feria, Zelika García, necesita incluir a cualquier galería para obtener las ganancias deseadas?

Aun cuando los relieves serigráficos de José Dávila en la Galería OMR eran sobresalientes, la inclusión de obra gráfica en la feria es otro aspecto cuestionable. Y, entre lo más interesante, los pequeñísimos autorretratos de Francisco Toledo desnudo en impresiones polaroid intervenidas con pasteles en la galería valenciana RGR+Art y, en la Galería Grafika La Estampa/Jean Mathieu Martini de la Ciudad de México, la serie ¡Que viva México! de Serguéi Eisenstein y la fotografía del fragmento de un mural de Diego Rivera de Ansel Adams.

Con sólo 24 galerías participantes, el éxito de la feria podrá evaluarse hasta 2017 con la continuación del evento y la enumeración de galerías que se hayan arriesgado a pagar de nuevo el stand.